viernes, 16 de septiembre de 2011

Para el verano bien acabar, crema fría de melón has de tomar




Mis queridos cocinillas, aquí estamos de nuevo.

Tras un merecido descanso vacacional, regresamos este año con más recetas que nunca y con ganas de meternos en los fogones con vosotros.

Para empezar este nuevo "año escolar", aquí os dejamos una receta de verano, ahora que todavía estamos a tiempo de hacerla: crema fría de melón. Una receta rica, refrescante y muy socorrida.





1. Receta.


Nota previa: Aunque esta receta se puede hacer perfectamente con una batidora normal, es mucho más cómodo hacerla en una batidora americana o batidora de vaso.


Los ingredientes que necesitamos para entre seis y ocho cuencos para un primer plato son:

- tres cuartos de melón (Nota: el cuarto que sobra para completar el melón se puede usar luego para decorar la crema).

- 50 g. de almendras crudas (Nota: yo suelo utilizarlas laminadas, porque a la batidora le cuesta menos triturarlas hasta el punto que necesitamos).

- dos rebanadas de pan de molde sin corteza (Nota: yo en general utilizo pan de molde integral, aunque vale cualquiera de los normales que no llevan nada. Si lleva semillas o tomate y aceitunas o algo así, se modifica el sabor, así que tened cuidado de usar panes simples).

- dos dientes de ajo.

- medio litro de caldo de pollo.

- medio litro de agua.

- una cucharada sopera de vinagre blanco.

- una cucharada sopera de aceite de oliva.

- un pellizco de sal.

- un pellizco de pimienta (Nota: ojo con la pimienta, porque si echáis mucha, dado que el sabor se potencia con el tiempo de reposo, sabrá sólo a pimienta).


¿Y cómo se hace?


Primero cortamos el melón, quitando corteza y pepitas. Una vez cortado, lo introducimos en la batidora americana y batimos (Nota: Es mejor ir metiendo los trozos poco a poco, porque en general a la batidora le cuesta batir todo ese melón al mismo tiempo).

Pelamos los dientes de ajo pero los dejamos enteros. Quitamos la corteza a las rebanadas de pan de molde y las partimos en trozos pequeños.

Metemos en la batidora de vaso los ajos, el pan de molde y las almendras y volvemos a batir hasta que se deshagan.

Añadimos el caldo de pollo y el agua y volvemos a batir (Nota: es posible que, al añadir todo ese líquido, haya que batir en dos veces, todo dependerá de la capacidad de vuestra batidora).

Incorporamos el aceite, el vinagre, la pimienta y la sal y volvemos a batir, continuando hasta que la sopa fría quede sin grumos.

Metemos la crema en la nevera y la dejamos enfriar, puesto que hay que servirla muy, muy fría.

Antes de servirla, se puede decorar de varias maneras:

- añadiendo unos croutons.

- añadiendo unos taquitos de jamón serrano o de jamón de pato.

- utilizando el cuarto de melón que completaría el melón entero para hacer bolitas de melón.

- con una rama de menta.

- con almendras fileteadas tostadas.

Nota: cualquiera de estas decoraciones se añaden justo antes de servir, nunca recién hecha la crema.


2. Historia.


Existen dos teorías acerca del origen del melón. Mientras que algunos expertos sostienen que es originario de Asia meridional, otros atribuyen al continente africano su nacimiento.

El melón se introdujo en España a través de las rutas comerciales que llegaban al puerto de Cartago Nova (actual Cartagena) en los siglos de dominación romana de la Península Ibérica (del III a.C. al IV d.C.). Los manuales de horticultura escritos en este periodo muestran como los romanos dominaban el cultivo de melones, al igual que describen como lo servían con almizcle, acentuando así su dulzor.

También los musulmanes conocían sus propiedades, llegando incluso a afirmar que 'el que sacie su estómago con melones se llenará de luz'.

Durante la Edad Media el melón fue introduciéndose en Europa, concretamente en Francia, donde la corte los consumía acompañados de vino moscatel.

Ya en la Edad Moderna, Cristóbal Colón introduciría el melón en América, aunque en los siglos XV y XVI su tamaño era algo menor que en la actualidad.


3. Curiosidades.


Existen representaciones de esta fruta en tumbas egipcias de hace 4.400 años.

Durante la última quincena de julio se celebran en el municipio de Torre Pacheco (España) las Fiestas del Melón, que tienen a esta fruta como producto estrella en la mayor parte de sus actos.

En el Festival del Cante Flamenco de Lo Ferro (España), su premio más importante se denomina Melón de Oro.

Hasta hace una década aproximadamente, España era el país que mayor número de toneladas de melones exportaba mundialmente, seguida de Estados Unidos. Actualmente Estados Unidos y China se han puesto en la cabeza de esta lista.

El término melonero se utiliza para designar a los habitantes de la localidad de Villaconejos (España), debido a la fama mundial de la que disfrutan en cuanto al cultivo y la venta del melón. En dicha localidad también se encuentra el Museo del Melón, descendiente del antiguo Museo del Melonero ubicado en la misma población.

El municipio de Melón está situado al sur de la comarca de O Ribeiro (España), perfectamente comunicado por la A-52 con las ciudades de Ourense y Vigo.

El melón ocupa el cuarto lugar entre las frutas consumidas en todo el mundo, por detrás de las naranjas, los plátanos y las uvas.


4. Propiedades.

Este fruto es diurético, estomacal, eupéptico, demulcente, nutritivo. Sus semillas y raíces tienen efecto emético.

Una ración de 100 g. de melón proporciona más de la mitad de la dosis diaria recomendada de vitamina C. Su contenido en beta carotenos, que se convierten en vitamina A, ambos antioxidantes, hace que sea un eficaz aliado contra el cáncer y los padecimientos cardíacos.

Es excelente depurativo y rehidratante, debido a su alto contenido en agua.

Aporta muchos carbohidratos, como sacarosa, pero por su bajo contenido en energía resulta ideal para perder peso.

Calcio, magnesio, potasio y fósforo son otras de sus virtudes para el organismo.


5. Variedades.


Se distinguen varios tipos, con múltiples variedades dentro de cada tipo, que difieren en su aspecto, sus propiedades y su modo de cultivo. Los tipos más cultivados son los de melón charentais, cantalupo, cantalupo italiano, western shipper, eartern shipper, amarillo, piel de sapo, honey dew, tendral, ananas, galia, crenshaw, earl japonés.

Existe también una clasificación botánica del melón con las siguientes variedades:

1. Cucumis melo’ var. ‘sacharinus:

Los frutos son de tamaño medio, de corteza lisa, reticulada o moteada, color verde intenso primero y después anaranjado; la corteza es gruesa y la pulpa aromática.

a) ‘Marina

Híbrido de origen español. Melón de forma redondeada, superficie algo acostillada, corteza más bien delgada, de color verde oscuro con punteado claro. Pulpa blanca, algo aromático y sabor dulce.

b) ‘Biga

Híbrido de origen español. Melón de forma abultada, ligeramente elíptica, superficie lisa, color de fondo verde oscuro y punteado claro, con escriturado aunque no muy abundante. Pulpa blanca, de buena consistencia y sabor dulce, corteza de grosor medio-fino y cavidad central regular.

c) ‘Galia

De origen israelí. Melón de forma redondeada, corteza de color verde que pasa a amarillo en madurez y que presenta un reticulado fino. Pulpa blanco verdosa de consistencia mantecosa. El peso es de 0,7-1,3kg. Algunas variedades son de pulpa blanca.

d) ‘Bola de Oro

Variedad española. Melones de tamaño mediano, un peso entre 1-1,7 kg. Forma redondeada o ligeramente oval abultada y superficie lisa. Corteza de color amarillo intenso cuando está maduro, fina y cavidad central mediana. Pulpa de color blanco anaranjado, blanda y jugosa, de sabor dulce agradable. Es apreciado en el mercado español.


Variedad española. Fruto mediano, de 1,5-2kg. Forma alargada, elíptico, corteza de grosor medio (más que la variedad Bola de Oro), con superficie ligeramente asurcada, de color verde medio, con un leve punteado más claro. Pulpa de color crema, sabor muy dulce y una cavidad central grande.


Son sinónimos los nombres de ‘Tendral Tardío de Elche’ y ‘Tendral Valenciano Tardío’. Frutos de buen tamaño, del orden de 2 a 2,5kg o algo más. Forma algo alargada en conjunto pero corta y abultada, por lo que resulta entre alargado y redondeado. Corteza bastante rugosa, asurcada y sin escriturado, de color verde muy oscuro, dura y muy gruesa. La pulpa es verde claro y muy dulce, de gran calidad.


2. Cucumis melo’ var. ‘inodorus:


Son los conocidos como ‘melones de invierno’ y ‘casaba’. Los frutos son de piel lisa o estriada, de madurez tardía y buena aptitud para la conservación. Melón de forma oval o redondeada. Cáscara amarilla o naranja, adquiere un tono verde cerca del tallo. Pulpa blanquecina cremosa, aunque menos aromática que la de otros melones.

a) ‘Crenshaw

Los melones de esta variedad pueden alcanzar hasta 4kg. La forma es peculiar siendo redondeado en el extremo y tiende a formar una punta hacia la inserción con el pedúnculo. La corteza amarilla o amarillo verdosa y manchada cuando madura, es relativamente lisa, sólo tiene unos surcos superficiales. La pulpa es de color rosado a naranja pálido, de textura suave, jugosa, dulce y con aroma delicado.


Variedad norteamericana. Se consideran sinónimas las denominaciones Honey Dew, Guernsey Conqueror, Tom Dew, Westlandia Sugar y Wstlanse Suiker. Tamaño medio, de unos 20cm. de diámetro y que alcanza un peso de 2 a 2,5kg. o algo más. Melón redondeado, de cáscara lisa y consistente, de color verde pálido o amarillo crema una vez maduro. Pulpa verde y muy dulce.

3. Cucumis melo’ var. ‘reticulatus:

La corteza es reticulada. Son de tamaño medio, forma redondeada o alargada, peso entre 1 y 3kg.

a) ‘Verde Oloroso Escriturado

Variedad española. Fruto reticulado con marcado aroma. Tamaño más bien pequeño, de 0,5 a 1kg. Forma prácticamente esférica, superficie típicamente escriturada, con una disposición reticulada que tiene cierto relieve. Color de fondo de la corteza verde y escriturado blanquecino. Piel delgada y blanda. Pulpa no muy compacta, acuosa, color crema, sabor dulce y cavidad central mediana.

4. Cucumis melo’ var. ‘cantalupensis:

Melones ‘cantaloups’. Los frutos son globosos o deprimidos. Piel verrugosa, listada o acostillada. Su peso está entre 0,5 y 1kg. De origen americano. Es el más producido en el mundo. Melones de forma esférica. Pulpa de color salmón y aromática.

a) ‘Athos

Híbrido de origen francés que corresponde al tipo Charentais. Peso alrededor de los 0,800kg.

b) ‘Vedrantais

Selección bastante precoz de Charentais, también de origen francés. De color algo más oscuro y con la superficie ligeramente escriturada.

c) ‘De Bellegarde

Se cultiva desde antiguo en Francia. Frutos de tamaño mediano, forma esférica, con los surcos bastante marcados y por tanto apreciándose bien los gajos característicos. Color de la corteza verde pálido con manchas oscuras, que en la madurez se convierte en un fondo blanquecino con las manchas amarillentas; en la zona del asurcado es de color verde más oscuro formando una veta estrecha. Corteza dura y fina. Pulpa anaranjada, aromática y de sabor dulzón.

d) ‘Ogen

Variedad originaria de Israel. Pertenece al tipo Cantalupo. Frutos pequeños, de 0,500 a 1,200kg. generalmente. Forma redonda, superficie lisa y asurcado, aunque las costillas no son muy marcadas. Color verde antes de la madurez, volviéndose amarillento una vez maduro, la corteza es fina y la cavidad pequeña. Pulpa de color verde claro y de aroma medio.

e) ‘Haon

Híbrido de origen israelí. Fruto de 0,600 a 2kg. Forma redonda, superficie lisa o de rugosidad débil, algo escriturada, con surcos o acanalado profundo y ancho. En la madurez es de color amarillo. Corteza fina y color de la pulpa verde claro, con una cavidad central media o pequeña.


Otras variedades de melón:

1. ‘Melón Charentais:

De origen francés.

a) ‘Charentais de piel lisa

Melones de forma redondeada, en algunos casos un poco achatados y de peso entre 0,8 y 1,3kg. Corteza de color verde claro o ligeramente gris, asurcado con suturas de color verde oscuro. Pulpa asalmonada y bastante aromática, sobre todo en madurez.

b) ‘Charentais de piel reticulada

Melones redondos o semiovalados, corteza reticulada más o menos gruesa y también dividida por suturas verde oscuras. Pulpa de color salmón y bastante olorosos. Estos melones son muy apreciados en el mercado italiano. Los tamaños comerciales son: los más antiguos de 2-3kg. y las nuevas variedades alrededor de 1kg.


2. ‘Melones de larga duración’:

Alto contenido en azúcar, mayor tiempo de conservación (mínimo 12 días a temperatura ambiente) y excelente calidad de pulpa. Se adaptan bien al transporte, ya que su piel es menos susceptible a daños. Se puede hablar de ‘marcas’ de melón larga vida de calidad reconocida y demandada por los mercados extranjeros, que agrupan la producción de varias empresas de origen para vender en destino. Existen cuatro marcas de calidad de melones de larga conservación, promovidas por la empresa ‘Nunhems semillas’: ‘Novanum’, ‘Solarnum’, ‘Geanum’ y ‘Lunanum’.


6. Conservación.


La crema fría de melón aguanta un par de días en el frigorífico. Tenéis que tener en cuenta que el sabor del melón se intensifica con cada día que pasa en la nevera, por lo que a veces esta sopa está mejor incluso el día después de hacerla que recién hecha.

Se puede congelar.


martes, 28 de junio de 2011

¿Nos sobran cosas de otra receta? Un buen arroz siempre las acepta



Hoy os traemos una receta inventada con unas sobras que me quedaron de una salsa de pimientos de piquillo que os pondré otro día: arroz con pimientos de piquillo y ventresca.








1. Receta.


Nota previa: el arroz podéis hacerlo igual en paellera que en sartén. Lo importante es que sea una superficie ancha en la que el calor se distribuya por igual, ya que si no os quedará parte del arroz duro y otra parte pegada o demasiado hecha.


Los ingredientes que necesitamos para dos personas como plato único son:

- tres cuartos o un vaso de arroz.

- dos vasos y medio o tres de agua: tened en cuenta que en el mercado hay muchos tipos de arroz y no todos cuecen igual, así que habrá que ir probando nuestro plato para ver si hay que añadir agua a la cocción. Esta medida es para arroz blanco de grano largo.

- una cebolla pequeña.

- dos dientes de ajo.

- una lata de pimientos de piquillo de unos 250 g. También podéis comprar unos diez pimientos de piquillo y asarlos vosotros mismos para usarlos en esta receta.

- una lata de ventresca de unos 150 g. Si podéis comprarla mejor en la pescadería, os saldrá mucho más rico el plato.

- mezcla de especias marroquíes: la cantidad irá en función de cómo os guste la comida de picante. Se puede sustituir también por una mezcla de hierbas provenzales y pimentón picante (Nota: ojo con el pimentón picante, especialmente si es de Vera, hay que echar muy poca cantidad si no queréis que pique demasiado). Yo ahora mismo estoy usando una mezcla de especias marroquíes que compré en Granada cuando estuve con mis amigas de danza del vientre (¡chicas, me acuerdo de vosotras cada vez que cocino con ellas! En especial de Rosa, nuestra estupenda anfitriona de ese viaje).

- dos cucharadas soperas de aceite de oliva para freír los ingredientes.

- una hoja de laurel.


¿Y cómo se hace?


Primero picamos el ajo y la cebolla muy finitos. Calentamos el aceite y sofreímos el ajo a fuego medio hasta que está doradito. Añadimos la cebolla y la vamos dorando hasta que esté blandita.

Picamos los pimientos de piquillo en trozos medianos y desmigamos la ventresca una vez quitado el aceite de la lata. Lo añadimos al sofrito de ajo y cebolla y seguimos removiendo durante cinco minutos.

Antes de añadir el arroz, lo lavamos bien hasta que el agua salga limpia. Esto se hace para eliminar el almidón y evitar que el arroz luego nos quede pastoso.

Añadimos el arroz y removemos unas cuantas veces para que se impregne del sabor del resto de ingredientes. Añadimos las especias y el laurel y removemos para que se mezcle todo bien.

Añadimos el agua y lo dejamos hasta que ésta se evapore y el arroz esté blandito y suave. Tened en cuenta que hay que remover de vez en cuando para evitar que se pegue el arroz al fondo del recipiente. (Nota: Si os gusta que quede un poco caldosito, podéis retirarlo antes de que acabe de evaporarse todo el agua, pero entonces habrá que añadir medio vaso al menos para evitar que el arroz se quede crudo).

Finalmente, se retira la hoja de laurel y se sirve bien caliente. Acompañado de una copa de vino blanco está delicioso.


2. Curiosidades.


Se han hallado granos de arroz que datan de casi 10.000 años de antigüedad y hay escritos chinos que hacen mención a este cereal 3.000 años a.C.

Considerado símbolo de vida, fertilidad y prosperidad, ha estado presente en numerosos ritos de diversas culturas.

Es alimento habitual en la dieta de más de dos terceras partes de la población mundial. El arroz representa el 27% del consumo de energía de la gente y el 20% de sus proteínas diarias.

Los científicos creen que existen 140.000 variedades de arroz cultivado, pero nadie conoce el número exacto.

El arroz y sus productos derivados se utilizan para hacer paja y cuerdas, papel, vino, galletas secas, cerveza, cosméticos, material de embalaje e incluso pasta de dientes.

El arroz silvestre o salvaje en realidad no es un tipo de arroz, sino la semilla de una planta acuática llamada "avena de agua" o "arroz indio", que crece silvestremente en los suelos pantanosos de América del Norte. Su sabor es avellanado y su textura muy crujiente, es más fino que el arroz de grano largo y tiene un color oscuro. Requiere mayor tiempo de cocción que los otros arroces.


3. Variedades.


La mayor parte de las variedades de arroz procede de dos especies salvajes, una asiática (Oriza sativa) que apareció originariamente en los montes del Himalaya y otra africana (Oriza glaberrima), procedente del delta del río Níger.

Atendiendo al tamaño del grano, el arroz puede ser de grano largo, medio y corto o redondo.

El de grano largo mide más de seis milímetros, es ligero y muy seco y queda suelto al refrescarlo, por eso se utiliza sobre todo para las ensaladas. Tiene menos almidón que otras variedades. Dentro de esta variedad estarían el Basmati, el arroz de Tailandia, el Ferranini de Italia y el Bond americano. En España se cultiva el Urumati, una variedad aromática de grano largo, muy utilizada para elaborar platos orientales.

El de grano medio mide entre cinco y seis milímetros y presenta una apariencia más corta e inflada que el arroz de grano largo. Su sabor es más suave y tiene una textura más tierna. Entre los arroces de grano medio cabe destacar el Arborio.

El arroz de grano corto o redondo recibe este nombre porque es casi tan largo como ancho. Los arroces españoles Júcar, Bahía o Bomba se encuentran en el grupo de grano corto.

Otra variedad de grano corto es el arroz glutinoso, que contiene un alto porcentaje de almidón y cuyos granos quedan pegados tras la cocción. Se emplea con frecuencia para preparar risottos.

En cuanto a las variedades, las principales son: el arroz blanco, el arroz integral, el arroz parboiled o vaporizado, el arroz rojo y el arroz negro.

El arroz blanco es de grano alargado y se le ha retirado la cáscara y el afrechillo. Es el que más se produce en España. Cuando se cocina, los granos tienden a permanecer separados.

El arroz integral conserva el pericarpio (una de las cubiertas que tiene el grano de cereal) y ello le hace más nutritivo, a la vez que le da un cierto sabor dulce y el típico color dorado. Tiene una aportación de fibra superior a otras variedades y al comerlo se mastica ligeramente.

El arroz parboiled o vaporizado es parecido al integral, ya que tiene el mismo valor nutritivo y un parecido color dorado que se vuelve blanco al cocerlo. Antes de su comercialización es sometido a un proceso especial que hace que no se pase ni se pegue (se lo somete a un remojo en agua templada y luego una cocción con vapor, proceso en que se elimina el almidón del grano) y aunque tarda más tiempo en cocerse, es un producto muy nutritivo y los granos siempre quedan sueltos.

El arroz rojo, de procedencia asiática, recibe este nombre porque los granos tienen una capa de afrecho rojo. Suele crecer en suelos poco fértiles y zonas de montaña y en su mayor parte se muele hasta obtener harina blanca para cocinar.

El arroz negro es también asiático y muy rico en vitamina B y oligoelementos. Esta variedad, que se cultiva en China, Bali y Tailandia, se caracteriza por una delgada capa de afrecho negro que encierra un grano blanco.


4. Conservación.


El arroz aguanta un par de días en el frigorífico. Podría aguantar incluso más, pero pasados dos días se empieza a poner duro y el plato pierde mucho.

No se puede congelar.

jueves, 26 de mayo de 2011

Acabar con esta lasaña...¡¡menuda hazaña!!




Como el último día le dimos al dulce, vamos a ir hoy con algo salado: una deliciosa lasaña de verduras al curry.


1. Receta.


Nota previa: el tamaño de la lasaña sería una placa de pasta precocida por persona si sois gente de muuucho comer y dos placas para cada tres si sois gente de menos gula o vais a picar algo antes.


Los ingredientes que necesitamos son:


- placas de pasta de lasaña precocidas: las hay de dos tipos, de las que deben meterse un rato en agua y de las que van directas al horno. Mirad siempre las instrucciones en el paquete. Yo he usado las dos y, personalmente, prefiero las que van directas al horno, ya que las otras no siempre quedan todas igual de hechas y pueden estropearos la lasaña, sobre todo si es la primera vez que la hacéis.

- verdura: podéis escoger la verdura que queráis. Simplemente recordad que las cantidades deben ser generosas porque tenéis que rellenar varias capas. Es siempre mejor que os sobre que no que os falte relleno (Nota: si os sobra siempre podéis guardarla como acompañamiento para un filete el día siguiente o para rellenar una quiche esa misma noche). La última vez que hice esta receta yo eché, para cuatro personas, dos calabacines grandes, un pimiento rojo mediano y una cebolla. Otras veces he echado medio kilo de calabaza o tres berenjenas o medio kilo de setas/champiñones. Recordad que algunas verduras, como los champiñones, reducen su tamaño a la mitad o más al cocinarlos, por lo que siempre hay que echar más de lo que parece.

- curry: la cantidad irá en función de cuánta lasaña estéis haciendo y de cómo os guste la comida de picante. Se puede sustituir también por una mezcla de especias. Yo ahora mismo estoy usando una mezcla de especias indias que me trajo mi amiga Sara de Granada (¡gracias, guapa!).

- 2 cucharadas de aceite de oliva para freir la verdura: usamos tan poco aceite para evitar que la lasaña quede después excesivamente aceitosa.

- salsa bechamel: de nuevo, la cantidad irá en función del tamaño de la lasaña. Para una lasaña de tres placas necesitáis un brick pequeño de bechamel. Para los que queráis hacer vosotros mismos la bechamel, os he dejado una nota al final de esta entrada sobre cómo hacerla, necesitáis harina, aceite y leche.

- un poco de leche para diluir la bechamel si está muy espesa.

- queso rallado: yo suelo echar una mezcla de cuatro quesos de las que se pueden comprar en cualquier supermercado o hecha por mí, depende de si tengo ingredientes o no. También queda muy buena con parmesano o grana padano rallado.


¿Y cómo se hace?


Nota previa: Necesitáis una fuente de horno que sea un poco más grande que las placas que vais a poner (preferiblemente cuadrada, que es más cómoda para este plato). En primer lugar, porque las placas, incluso las precocidas que no necesitan estar en remojo, aumentan un poco de tamaño metidas en el horno. Y, en segundo lugar, porque vais a echar bechamel por encima que va a resbalar hasta la fuente y también necesita su espacio.


Primero vamos a preparar la verdura. Se corta muy finita y se sofríe con el aceite hasta que esté bien blandita. En ese momento, se le añade el curry o la mezcla de especias y se mezcla bien para que coja sabor. Yo añado además un chorrito de vino blanco seco semidulce, que le da un toque afrutado.

Una vez cocinada la verdura, la mezclamos con la mitad de la bechamel (para los que queráis hacerla y no comprarla, mirad la nota al final de esta entrada). Una vez que está bien mezclada y ha quedado toda teñida de amarillo por el curry, reservamos aparte.

Ahora vamos a preparar la lasaña. Extendemos las placas que vayamos a cocinar en la base de la fuente de horno elegida. Sobre ella extendemos una base gruesa de la mezcla de bechamel y verduras (Nota: si la base de bechamel y verduras es demasiado fina, la lasaña sabrá demasiado a pasta, por lo que siempre es mejor poner de más antes que quedarse cortos). Ponemos otra tanda de placas de lasaña y otra de verduras y así sucesivamente hasta alcanzar la altura deseada (Nota: menos de tres resulta demasiado escaso y más de cinco es una barbaridad, para que os hagáis una idea). Debemos terminar con una tanda de placas de lasaña.

Precalentamos el horno a 200 º.

Una vez alcanzada la altura que queremos que tenga nuestra lasaña, echamos por encima la mitad de la bechamel que habíamos reservado. Si es demasiado espesa, se diluye previamente en un cacito con leche. Distribuímos uniformemente el queso por encima de la bechamel como toque final de nuestra lasaña.

Metemos la lasaña en el horno y la dejamos a 180 º arriba y abajo sin aire durante media hora aproximadamente. Luego ponemos el horno a la misma temperatura pero sólo arriba y la dejamos cinco minutos más para que el queso acabe de dorarse. Si tenéis un horno con grill, podéis gratinar el queso.

Y ya está la lasaña lista para servir. Os aconsejo acompañarla de un buen vino blanco bien fresquito, seguro que es un éxito de comida.


¿Cómo hacer bechamel?


La bechamel, aunque no lo parezca, es muy fácil de hacer una vez que se ha logrado por primera vez. Lo malo es que al principio cuesta coger el punto de leche necesaria y lograr una bechamel sin grumos y cremosa.

Tan sólo necesitamos dos o tres cucharadas de harina, un poco de aceite y un litro de leche (Nota: no vamos a usar el litro entero, pero es difícil calcular la cantidad exacta, por eso hemos puesto un litro, para no quedarnos sin leche a mitad del proceso).

Ponemos un poco de aceite en la sartén y, cuando esté caliente, echamos dos o tres cucharadas de harina (Nota: para espesar la bechamel, podemos echar más harina o menos leche. Yo prefiero echar más harina) y la freímos hasta que quede doradita y suelta. La temperatura debe ser media, no excesivamente caliente, porque en ese caso evaporará parte de la leche al añadirla y saldrán grumos.

Una vez que la harina está frita, añadimos leche del tiempo poco a poco mientras removemos sin parar. Aunque tiene que añadirse la leche poco a poco, tampoco hay que echar una pizca. Uno de los errores más comunes al hacer bechamel y que hace que se llene de grumos es precisamente echar demasiada poca leche al principio (Nota: este error lo cometía yo hasta que mi madre, que es un sol, me enseñó cómo hacerlo. Como tenemos puesto en la dedicatoria del blog, ¡¿qué haríamos nosotras sin ellas?!). Para remover, es mejor emplear una varilla de batir huevos que una cuchara de madera, sobre todo si es la primera o una de las primeras veces que la hacéis, ya que es muy fácil que salgan grumos al remover.

Para esta receta, haremos dos tandas, una más espesa para mezclarla con la verdura y otra más clarita para echarla sobre la lasaña ya colocada.


2. Historia.


La palabra “lasaña” proviene del griego “lasanon”, y del latín “lasanum”, términos que se refieren al recipiente donde se cocinaba.

El origen de este plato es bastante polémico, ya que hay algunos historiadores que aseguran que es de origen italiano, mientras que otros sostienen que es de origen inglés. Los italianos remontan la historia de este plato a la antigua Roma, según cuentan Cicerón adoraba estas pastas. Los ingleses, mientras tanto, aseguran que este plato se preparó especialmente en el año 1390, para el rey Ricardo II.

Sin embargo, esas recetas no se corresponden exactamente con la que conocemos hoy en día, ya que no contenían ni tomate (que no fue añadido a la receta hasta el descubrimiento de América) ni carne.


3. Curiosidades.


Los expertos consideran que una buena lasaña debe tener básicamente cinco capas, para ello es necesario un recipiente refractario – se aconseja que sea de hierro fundido - de al menos 10 centímetros de profundidad, de manera que contenga varias capas de los ingredientes seleccionados.

En España existe el apellido lasaña, así como su escudo de armas.

La lasaña es el plato favorito del gato Garfield.

El cantante Weird Al Yankovic hace una parodia de la canción “La Bamba” titula da “Lasagna”, que puede oírse en el álbum “Even Worse”.

La lasaña es la comida preparada más popular del Reino Unido (por ejemplo, Sainsbury's la vende en 26 minutos).

En el restaurante Del Posto en la ciudad de Nueva York, ofrecen una lasaña hecha con 100 capas: 50 de pasta y 50 de salsa con carne. Es un gran proyecto ya que hay equipos especializados para la salsa, otro para la pasta, otro más para el ensamble. Su éxito radica en que las capas de pasta son tan delgadas que casi son transparentes. El único problema que tienen, es al cortar y servir: necesitan usar brochetas y una espátula especial para poderla servir.

Unos jóvenes elaboran, en un espacio que ellos mismos denominan Epic Meal Time, una lasaña compuesta principalmente por hamburguesas. Así, las capas de pasta son sustituidas por 45 hamburguesas como el célebre Big Mac (cuya salsa también está muy presente en el plato) amén de aritos de cebolla, bacon, bourbon y el relleno habitual de la lasaña. El resultado, una comida que supera las 72.000 calorías. Podéis ver el video aquí.


4. Variedades.


En Venezuela a la lasaña se le llama "pasticho" cuando las capas son de distintos ingredientes, conservando el nombre original cuando todas las capas tienen el mismo relleno.

En México la lasaña se llama Pastel Azteca y se sustituye las capas de pasta por capas de tortilla y la salsa boloñesa por chile con carne.


5. Conservación.


La lasaña aguanta hasta cinco días en la nevera (aunque no creo que os dure tanto una vez la hayáis probado…).

No se puede congelar. Lo que sí se puede congelar es la mezcla de verduras si veis que habéis hecho demasiada, pero siempre antes de mezclarla con la bechamel.


miércoles, 11 de mayo de 2011

Con chocolate o con fresas, que ricas las magdalenas…



 
Después de un tiempo de ausencia por cuestiones logísticas (¡¡me he mudado por fin!!), hoy os traigo una receta que se hace en poco tiempo (apenas una hora-hora y cuarto) y que está súper rica. ¡¡Lo malo es que crea adicción!! Hoy cocinamos unas ricas magdalenas de fresa y/o de chocolate…


1. Receta.

Para disfrutar de 26 magdalenas de tamaño estándar, los ingredientes serían:

- 2 huevos.

- 200 g. de azúcar.

- 250 g. de harina.

- 1 vaso de leche (Nota: el tamaño estándar, ni muy grande ni muy pequeño. Lo más importante es que uséis el mismo vaso para la leche y el aceite).

- Medio vaso de aceite.

- 1 sobre de levadura en polvo.

- Mermelada de fresa (o de otro sabor a vuestra elección).

- Chocolate para fundir o pepitas de chocolate.

- Pepitas de chocolate al gusto para decorar.


¿Y cómo se hace?


Nota previa: Necesitáis moldes de papel para magdalenas y un molde o dos de metal para magdalenas. Los moldes de papel se venden en muchas tiendas y supermercados. Si vais a hacer magdalenas de distintos sabores, es mejor comprar moldes de distintos colores, porque una vez hechas es difícil distinguir de qué sabor era cada una. Los moldes de metal para colocar las magdalenas son necesarios porque si se colocan las magdalenas en los moldes de papel directamente sobre la bandeja del horno, se queman las magdalenas por abajo. Los míos los he comprado en el chino de debajo de mi casa, pero los hay ya en muchas tiendas también.

Se baten bien los huevos con el azúcar. Se añade la leche y el aceite y se vuelve a batir.

En un bol aparte se mezcla la harina con la levadura, que se agrega tamizada a la mezcla anterior. (Nota: para tamizar, lo único que hay que hacer es echar la mezcla a través de un colador).

Una vez mezclado todo, se rellenan los moldes. Tenéis que llenarlos hasta aproximadamente dos tercios del molde de papel.

Si vais a hacer las magdalenas simples, las podéis meter ya en el horno.

Si las vais a hacer de fresa, antes de meterlas en el horno se les echa una cucharadita de mermelada de fresa por encima. No os preocupéis, como la mermelada pesa más que la masa, cuando se vayan haciendo en el horno irá bajándose, de tal manera que se quede en el interior de la magdalena. (Nota: se pueden hacer de cualquier cosa que haya mermelada: naranja amarga, ciruela…Yo las he hecho de albaricoque y salen buenísimas).

Si las vais a hacer de chocolate, podéis hacerlas de dos maneras: con chocolate para fundir o con pepitas de chocolate. En ambos casos, se debe poner la masa hasta la mitad del molde, echar entonces una cucharada de chocolate para fundir que hayáis derretido previamente o las pepitas de chocolate y luego acabar de rellenar hasta los dos tercios del molde. Si las echáis por encima de la masa como hemos hecho con la mermelada, el chocolate quedará sobre la magdalena y no dentro. (Nota: personalmente prefiero hacerlo con chocolate fundido, porque las pepitas a veces no acaban de fundirse y se quedan trozos dentro de la magdalena. Al chocolate yo le añado una mezcla especial para que quede más jugoso: dos cucharadas de azúcar, una yema de huevo y una cucharada de mantequilla, todo bien mezclado previamente y fundido en el chocolate).

Se precalienta el horno arriba y abajo a 180º.

Se meten las magdalenas en el horno a 180º durante 25 minutos aproximadamente. Cuando se meten en el horno, se pone solamente por abajo para que suba la masa. Una vez haya subido, ya lo ponemos también por arriba para que se terminen de dorar. (Nota: normalmente es como 20 minutos por abajo y los cinco o diez últimos minutos arriba y abajo).

Se pueden decorar con pepitas de chocolate por encima cuando todavía estén calientes y dejar que se derritan.



2. Historia.


Aunque parezca mentira, apenas he podido encontrar referencias al origen de las magdalenas.

Dos teorías son las que má aparecen en distintos textos de cocina.

Según la primera de ellas, las magdalenas tendrían su origen en Francia, elaboradas por primera vez por una sirvienta de nombre Madeleine Paulmier, quien elaboró unos pastelitos para Stanislas Leszczynski, rey de Polonia, que quedó maravillado por el sabor de estos pequeños manjares.

La otra teoría dice que las magdalenas tienen su origen en la época de los peregrinajes a Santiago de Compostela. Una joven llamada Magdalena, solidaria con los peregrinos, les dio de comer unos deliciosos pastelitos con forma de concha. Desde entonces, la receta de esta joven samaritana se implantaría en toda España y resto de Europa.



3. Conservación.


Las magdalenas aguantan hasta cinco días blanditas, siempre que toméis la precaución de taparlas con papel albal.

No se pueden congelar.


miércoles, 2 de marzo de 2011

Con unos tomates secos y unas pocas hierbas, un rico pan de esos que alimentan




Después de un mes de ausencia por cuestiones logísticas, hoy os traigo una receta que, aunque resulta a veces un poco pesada de hacer porque hay que medir mucho las cantidades, está buenísima y no es nada difícil, así que ¡¡vamos allá!! Hoy cocinamos un rico pan de tomates secos y hierbas aromáticas


1. Receta.

Para un pan que dé para que coman cuatro personas con hambre o seis normales, los ingredientes serían:

- 375 g. de harina común.

- 375 ml. de cerveza tibia (Nota: una de esas latas altas de cerveza son exactamente los 375 ml., así no hay que usar un medidor. Recordad que las latas normales tienen 330 ml. La necesidad de que sea tibia viene de que así es más fácil mezclar la masa, con la cerveza fría cuesta un poco más, aunque sale igual de bueno de sabor).

- 1 cucharadita de sal.

- 2 cucharaditas de azúcar.

- 3 cucharaditas de albahaca seca (Nota: si utilizáis albahaca fresca, serían 2 cucharaditas y habría que picarla muy finita).

- 1 cucharadita y media de orégano seco (Nota: si utilizáis orégano fresco, sería sólo 1 cucharadita y habría que picarlo muy finito).

- 3 cucharaditas de perejil seco (Nota: si utilizáis perejil fresco, serían 2 cucharaditas y habría que picarlo muy finito).

- 1 sobre de levadura.

- 25 g. de tomate seco finamente picado (Nota: tened cuidado que el tomate seco no esté ya especiado. En algunos sitios lo venden pero pone que lleva pimienta u otras especias, lo que puede alterar el sabor final del pan. A veces, el tomate seco se vende envasado en aceite. Se puede usar también, siempre que lo coloquéis sobre papeles absorbentes durante al menos 24 horas para eliminar el exceso de aceite y siempre que el aceite en el que están envasados no contenga aderezo o especias que alteren el sabor. En cualquier caso, mi recomendación es que utilicéis tomate seco que no haya sido envasado en aceite).

- 30 g. de queso parmesano o curado rallado.

- 1 cucharadita de pimienta triturada.

- 2 dientes de ajo finamente picados.

- 2 cucharadas de aceite de oliva que utilizaremos para engrasar el molde y pintar el pan.

Nota: las cantidades de esta receta son exactas, excepto en el caso de la pimienta, que depende del gusto de cada uno.


¿Y cómo se hace?

Mezclamos en un bol el orégano, la albahaca, el perejil, el tomate, el queso, la pimienta y el ajo.

Precalentamos el horno a 210º arriba y abajo.

En un bol grande, mezclamos bien con un tenedor la harina y la levadura (Nota: para los que ya sois avanzados, podéis tamizar la harina con la levadura). Añadimos la sal y el azúcar.

Hacemos un hueco en el centro del bol de harina y ponemos la mezcla de hierbas y tomates secos que hemos hecho antes. Lo mezclamos todo bien con el tenedor.

Una vez mezclados todos los ingredientes, añadimos la cerveza y mezclamos con el tenedor hasta unificar la masa. Tened especial cuidado de que no os queden grumos de harina pegados al bol.

Untamos bien un molde de plumcake con aceite, pero sin excederse. Se trata simplemente de facilitar después el desmoldado, por lo que no hace falta que sea mucho aceite (Nota: también se puede untar el molde con mantequilla derretida).

Vertemos la mezcla en el molde engrasado y lo metemos al horno a 210º arriba y abajo durante 10 minutos (Nota: para aquellos que tengan hornos con función “aire”, es importante que el pan se haga SIN aire). Después, bajamos a 200º y lo dejamos otros 25 minutos.

Pasado este tiempo, pintamos el pan con el resto del aceite con una brocha y volvemos a meterlo al horno 5 minutos más.

Pasado este tiempo, lo sacamos del horno y lo volcamos en una rejilla hasta que se enfríe.

Y una vez frío, se puede comer como acompañamiento a la comida, untado con mantequilla, con un poco de paté de aceitunas…¡¡como queráis!!

Nota: se pueden sustituir los tomates secos por aceitunas o incluso mezclar ambos ingredientes. En estos casos, la cantidad total de aceitunas o aceitunas y tomates será la misma: 25 g. Es muy importante escurrir bien las aceitunas después de picarlas finitas antes de mezclarlas con el resto de ingredientes.


2. Historia.

Su nombre proviene del latín "pannus" lo que significa “masa blanca”.

Su aparición tal y como lo conocemos ahora se remonta a Babilonia y al antiguo Egipto, aunque anteriormente se elaboraban panes ácimos planos.

La mayoría de los historiadores coinciden que el origen del pan fue en Egipto, a partir de las primeras grandes cosechas de trigo entre el quinto y sexto milenio a.C.

En España el pan es introducido por los celtíberos en el siglo III a.C. Las primeras leyes que regulaban la panificación en nuestro país aparecen en el siglo XIV. La hermandad de panaderos españoles, que en el siglo XV se transforma en Corporación de Oficio, se mantiene hasta el siglo XIX. Especialmente en la zona mediterránea, existen gremios de panaderos desde hace más de 750 años. En el año 1200 consta la existencia escrita del gremio de panaderos de Barcelona.


3. Curiosidades.

A lo largo de la historia de las culturas, el pan se ha ido elaborando con el cereal disponible en la zona o con la variante modificada más resistente. Así se tiene, por ejemplo, que el trigo así como los otros cereales se han empleado en Europa y parte de África; el maíz es frecuente en América; el arroz, en Asia.

Un hecho social relativo al pan, es que históricamente se ha establecido una distinción social en función del color de la miga de pan que se haya comido. Por ejemplo, los panes de centeno (de miga más oscura) han correspondido a las clases menos favorecidas, mientras que los de harina de trigo (de miga blanca) a clases más elitistas.

El pan es entendido por muchas culturas como un sinónimo de alimento y es un ingrediente que forma parte de diversos rituales religiosos y sociales en gran parte del mundo, siendo además en la actualidad un elemento económico que influye en índices económicos tales como el Índice de Precios al Consumo.

En el antiguo Egipto se conocían hasta quince palabras para designar distintas variedades de panes y de pastelería según las variedades de harina, el grado de cocción o los productos que se le añadían como miel, huevos, leche, manteca, o fruta.

En Mesopotamia se consumía una masa preparada con cereales machacados y molidos y que se vendía no por piezas, sino valiéndose de medidas de capacidad (equivalentes a lo que hoy sería el kilo).

Por escritos, conocemos que los asirios comían unas galletas cocidas al rescoldo del fuego y que los pobres las acompañaban con cebolla.

La diosa griega Demeter, que era la protectora de la nutrición, tenía una rubia cabellera de espigas de trigo maduro. En Roma el equivalente de esta diosa griega era Ceres.

El código de Hammurabi (2000 a.C.) habla ya de "cerveza comible" y "pan bebible", refiriéndose al pan y a la cerveza de cebada, ambos elaborados con la mezcla de cebada y levadura.

4. Conservación.

Este pan aguanta sólo el día que lo hayáis hecho, pero como no es muy grande, dudo que después de probarlo os sobre algo…

No se puede congelar.