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martes, 18 de octubre de 2011

¿No sabes que desayunar? Estas galletas de chocolate has de probar...



Hoy llegamos con una receta muy, muy dulce, sólo apta para los más golosos: galletas de chocolate.





Con los siguientes ingredientes salen unas 18 galletas grandecitas (tamaño Starbucks, para que os hagáis una idea):

- 225 g. de harina.

- 150 g. de chocolate.

- 100 g. de mantequilla.

- 1 huevo.

- 75 g. de azúcar blanca.

- 100 g. de azúcar morena.

- un pellizco de sal.

- 1 cucharadita de postre de azúcar vainillada.

- medio sobre de levadura.


¿Y cómo se hace?


Mezclamos la mantequilla con el azúcar blanca y la morena (Nota: la mantequilla tiene que estar blanda para que se pueda mezclar bien, así que conviene haberla sacado del frigorífico al menos quince minutos antes).

Agregamos a la mezcla anterior el huevo, el azúcar vainillada y la sal. Removemos y mezclamos muy bien.

Añadimos la levadura y el chocolate cortado en trocitos muy pequeños (Nota: hay marcas de chocolates que hacen gotas de chocolate, lo que es muy útil en esta receta, porque nos evita tener que cortar todo el chocolate en trozos tan pequeños). Sólo se añaden los trozos, no las virutas de chocolate que han ido quedando al cortarlo con el cuchillo (Nota: si incluís esas virutas, se mezclaran con la masa y os quedará como manchada. está buena, pero no hace buen efecto).

Vamos añadiendo la harina tamizada y vamos mezclando hasta tener una masa homogénea (Nota: para tamizar la harina, tan sólo hace falta echarla a través de un colador).

Colocamos la masa sobre un papel film transparente dándole forma de cilindro, la envolvemos y la metemos en la nevera durante al menos dos horas (Nota: puede estar más horas, lo importante es que la masa esté más bien dura cuando la saquéis del frigorífico).

Precalentamos el horno a 180º arriba y abajo sin aire y preparamos una bandeja de horno en la que ponemos en la base papel vegetal.

Con la ayuda de un cuchillo vamos cortando rodajas de la masa y les vamos dando la forma de galletas con las manos, haciendo bolitas y aplastándolas sobre el papel de horno hasta dejarlas planas. Vamos colocando las galletas separadas (Nota: si las colocáis muy juntas, como cogen un poco de volumen al hornearse, se pegarán y se romperán al separarlas).

Horneamos durante aproximadamente 10 minutos. Ésta es la parte complicada de esta receta. Las galletas se tienen que sacar del horno cuando todavía están blandas, porque se van endureciendo en la primera hora fuera del horno. Por eso, el momento para sacarlas es cuando el borde de la galleta empieza a coger color doradito. Sacarlas sin romperlas puede ser bastante difícil. Yo uso una espátula de metal bastante grande que meto por debajo de la galleta y otra espátula de madera más pequeña con la que me ayudo para acabar de sacarlas.


2. Historia.

la galleta es considerada uno de los primeros alimentos cocinados. Se han encontrado galletas de más de seis mil años cuidadosamente envueltas en yacimientos en Suiza.

Las galletas aparecen tal y como las conocemos en la Edad Antigua. En aquella época eran eran muy sencillas y apenas admitían variedad. Eran obleas planas y duras, cocidas dos veces. En Roma, durante el S.III el chef Apicius las llamó Bis Coctum (origen de la palabra biscuit). Prácticamente todas las grandes culturas de la antigüedad (Persa, Asiria, Egipcia, Judía, Griega, Romana y otras procedientes del Lejano Oriente) utilizaron estos cereales cocidos para afrontar largas caminatas y combates, siendo un alimento habitual de militares y marineros. Se amasaba el cereal con agua, mojándolo cada poco tiempo, y luego se preparaban las tortas redondas que, puestas sobre una piedra plana y cubiertas de ceniza para que se secaran, eran la base de la alimentación de los soldados y sus familias. Solían tomarse mojadas en vino o sopa.

En la Edad Media se generalizó el cultivo de cereales, aumentó la población y el consumo de galletas se extendió rápidamente, convirtiéndose así en un alimento popular, especialmente entre campesinos y cruzados. Se les añadía huevo y el jugo de la carne para hacerlas más nutritivas, por lo que también ocuparon un lugar preferente en las bodegas de los navíos. Llegaron a sustituir al pan en travesías largas, gracias a su mejor conservación y facilidad de transporte.

Durante el Renacimiento, los Médicis introdujeron por primera vez en la Corte las galletas, presentándolas como algo sabroso para acompañar a una bebida caliente (se acababa de descubrir el chocolate). Es en esta época cuando la galleta pasa de ser un alimento básico, habitual en largas travesías, a uno de placer.


3. Curiosidades.

las galletas eran el principal alimento a bordo de las tres carabelas que descubrieron América en 1492.

La palabra “galleta” se tomó prestada de un alimento habitual en Francia en el S.XIII, una especie de crêpe plana llamada galette.


En Europa, nada más acabar la II Guerra Mundial, se popularizaron las galletas recubiertas de chocolate, representando así la llegada de la paz.

Las galletas de la región Iga, lugar de origen de los ninja en Japón, llevan el espirítu de fortaleza ninja, porque en efecto, estas galletas Ninja Katayaki, son bastantes duras y lo son tanto, que necesitas un mazo de madera para partirlas.

En una encuesta y conteo de datos la mitad de los británicos han sufrido de alguna quemadura o lesión por sopear sus galletas en el café durante el descanso de media mañana. La galleta más “dañina” es la “Custard Cream Biscuit”.


4. Conservación.

Como mejor están es el día que se han hecho o al día siguiente, porque a partir del segundo día se ponen bastante duras. No obstante, aguantan bien cuatro o cinco días, aunque los últimos no se pueden comer si no se mojan en leche. La mejor manera de conservarlas es en una lata cerrada.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Una tarta de chocolate para niños…y no tan niños jejeje




Esta tarta de chocolate la he puesto en muchos de mis cumpleaños (algunos os acordaréis de ella) y siempre ha sido muy celebrada, a pesar de lo simple que resulta. Y muchos habéis pedido insistentemente la receta, así que, aquí la tenéis…


1. Receta.

- 5 galletas María (de las de desayuno de toda la vida) por cada ración de tarta.

- 1 tableta de chocolate negro para postre.

- 2 huevos.

- una cucharada sopera de mantequilla.

- 2 cucharadas soperas de azúcar.

- 1 l. de leche (dependiendo del tamaño de la tarta, necesitaréis más o menos).

- una bolsa pequeña de plástico (ya veréis luego para qué vamos a usarla).

¿Y cómo se hace?

Ya veréis qué fácil.

Primero se hace el chocolate con parte de la leche. El chocolate siempre hay que hacerlo a fuego lento, porque tiene tendencia a quemarse en cuanto uno se descuida. Se puede hacer también al baño maría (poniendo el chocolate en un cazo que se mete en otro cazo en el que hemos puesto agua al fuego, de tal manera que el cazo con el chocolate queda “flotando” en el cazo grande que está en contacto con el fuego). Lo más importante es que el chocolate quede espeso, porque luego lo vamos a usar como relleno de la tarta.

Cuando ya está derretido, sin dejar de remover, se le añaden las dos yemas de huevo un poco movidas con un tenedor (no hace falta que estén batidas), la cucharada de mantequilla y las cucharadas de azúcar. Reservamos las claras de huevo en un vaso para después.

Se remueve todo bien hasta que la masa de chocolate quede de nuevo homogénea y sin grumos. Retiramos el chocolate del fuego y lo dejamos enfriar un poco.

Ponemos leche en un cuenco o plato. Cogemos las galletas que queramos poner en cada ración para hacer las alturas. Debéis poner cuatro o más, porque menos de cuatro quedan las raciones muy bajitas. Tampoco os paséis, porque no es cuestión de empacharse.

Preparamos una bandeja donde vamos a colocar la tarta. La bandeja debe tener bordes, porque si no el chocolate de la cobertura se puede salir. Yo os aconsejo medir primero poniendo la primera galleta de cada ración para ver si os caben todas. Tened en cuenta que luego van a estar un poco más hinchadas, así que no dejéis el sitio muy justo.

Cada galleta se moja en la leche y se pone en la bandeja. Yo suelo darles 4 vueltas. Se trata de que queden un poco más blandas, pero sin que sea demasiado, porque siguen chupando leche sobrante cuando las ponemos en la bandeja.

Encima de cada galleta ponemos un montoncito de chocolate. Repetimos la operación tantas veces como capas vaya a tener nuestra tarta. En la última vez, ponemos sólo la galleta mojada, sin montoncito de chocolate.

Cogemos el chocolate sobrante y el sobrante de la leche de mojar las galletas (colarla primero para que no queden trocitos de galleta) y lo volvemos a poner al fuego, añadiendo más leche y más chocolate si es necesario. Esta vez se trata de que quede el chocolate normal, ni muy espeso ni muy claro.

Una vez hecho este chocolate más claro, se echa por encima de las raciones de galleta, intentando que cubra completamente cada una de ellas.

Se mete a la nevera por lo menos una hora. Se saca quince minutos antes de servirla. Se baten las claras que hemos reservado a punto de nieve. Se meten en la bolsa de plástico, a la que se le corta un pico, de tal manera que la podamos usar como manga pastelera casera. Decoramos así la tarta. Esta decoración no es necesaria (yo casi nunca la pongo), pero es una buena manera de aprovechar las claras en vez de tirarlas, si no tenéis ningún otro plato en el que usarlas.

Y a comer, rico rico…

2. Conservación.

Si os sobra un poco (que no suele pasar), podéis guardarlo unos días (máximo cinco) en la nevera.




jueves, 8 de abril de 2010

¿Mono de dulce? ¡Tarta de queso que te crió!




Hoy vamos a darle un poco a la sección postres: la tarta de queso.

La receta que os presentamos es de las más fáciles de hacer, pero de resultado riquísimo. Además, es una tarta que siendo dulce no es nada pesada y que puede combinarse con multitud de platos y con múltiples acompañamientos. Lo único que hace falta es un poco de paciencia, una batidora y un horno. Bueno, ¡¡y los ingredientes!!

1. Receta.

Consejo previo: Para cualquier tipo de tarta, conviene contar con un molde desmoldable. Así resulta mucho más fácil servir la tarta posteriormente. Recordad que aunque no sea lo más importante, la presentación hace mucho en los platos, especialmente en los postres, que deben empezar a degustarse primero con los ojos y la nariz.

Yo lo que hago para poder colocar la tarta posteriormente en un plato con facilidad es colocar en la base del molde papel de horno. De esta manera, no se queda pegada al fondo del molde y se puede transportar o colocar en su plato de presentación definitivo sin destrozar la tarta. Además, los bordes del papel de horno pueden recortarse haciendo formas geométricas o florales que ayuden a decorar más si cabe nuestro postre.

Además, para evitar que los bordes de la tarta se queden pegados al molde, se deben untar los lados del molde con un poco de mantequilla. Simplemente coged un poco de mantequilla de la que se queda en el borde de la tarrina con dos dedos y pasadlo por todos los lados del molde hasta que quede una película transparente.

Los ingredientes serían:

Para la base: un paquete de galletas Maria Fontaneda (en una caja vienen 4 o 2, depende del tamaño de la caja y en algunos supermercados también he visto que los venden sueltos, como por ejemplo en el Ahorra Más) y mantequilla a ojo (luego veréis a qué me refiero con “a ojo”, un poco de paciencia).

En algunos países no se pueden encontrar galletas María Fontaneda. Lo importante es que sean galletas y no pastas, que no sean con fibra ni digestivas ni con ningún tipo de acompañamiento o cobertura. Vamos, que sean ni más ni menos que galletas simples de toda la vida, de las que nos ponían de pequeños para desayunar.

Para la masa: unos 300 gr. de queso Philadelfia (o de cualquier queso crema), 3 huevos, un vaso (como del tamaño de un yogur) de azúcar, un paquete de nata líquida (200-250 ml.) y medio vasito de leche (también del tamaño aproximado de los de yogur).

¿Y cómo se hace?

La base: El paquete de galletas se machaca muy bien. Se puede hacer con el mortero, aunque es un poco pesado. También se puede emplear un accesorio picador que incorporan ahora muchas batidoras. Yo lo hago directamente con la batidora. Lo único que hay que tener cuidado de tapar la boca del recipiente en el que estáis batiendo las galletas, porque si no se acaba con la cocina llena de trozos de galleta.

Luego se derrite mantequilla en el microondas o en el fuego y se va mezclando con las galletas machacadas hasta que quede una masa que se pueda extender en la base del molde. No deben quedar trozos de galleta sueltos, pero tampoco conviene pasarse con la mantequilla y que esté demasiado aceitosa la base. Lo ideal es ir derritiendo y añadiendo la mantequilla poco a poco para poder controlar en punto exacto.

Una vez colocada la base, se aplasta muy bien con una cuchara (si queréis ver más o menos cómo debe quedar, pinchad sobre el enlace). Es importante que la base quede bien apelmazada, ya que si no saltan trozos de galleta al echar la masa encima y la tarta queda con trozos de galleta en el queso. No afecta a su sabor, realmente está igual de buena, pero sí a su presencia.

La masa: para hacer la masa tan sólo es necesario colocar los ingredientes en un recipiente y batirlos.

Una vez batido, se echa encima de la base con mucho cuidado. Si lo echáis muy fuerte o desde muy alto, se desprende parte de la masa de galletas y queda peor de aspecto (aunque, como os decía antes, sabe igual de bueno).

Horno: hay que precalentarlo un rato antes de meter la tarta. Yo lo que hago es ponerlo a calentar arriba y abajo a 180º cuando empiezo a echar la mantequilla derretida sobre las galletas molidas.

Una vez metida la tarta, se deja a 180º arriba y abajo durante aproximadamente media hora-cuarenta y cinco minutos. Cada horno es realmente un mundo, por lo que estos tiempos y temperaturas son sólo orientativos. Es mejor ir observando la tarta cada diez quince minutos hasta que cojáis la temperatura y tiempos que vuestro horno necesita.

La tarta está hecha cuando al mover suavemente el molde ya no se mueve como un flan y podéis meter un palillo o un cuchillo y que éste salga limpio, sin trazos de la masa de queso.

Yo luego lo suelo poner dos o tres minutos sólo arriba a esa misma temperatura.

Fuera del horno: al sacarlo, hay que dejarla enfriar y después meterla en el frigorífico. Queda mucho mejor si se hace de un día para otro o pronto por la mañana para por la noche. Y conviene sacarla del frigorífico media hora antes de servirla, para que no esté excesivamente fría y se pueda apreciar todo el sabor.

Decoración: pues se le puede echar de todo: helado de frutas del bosque, sirope de fresa o chocolate, caramelo, mermelada (de fresa o frambuesa para un toque dulce y de naranja para un toque amargo), frutos secos, fruta (combina muy bien con fresas o frambuesas, pero también se puede poner melocotón o naranja), nata montada...lo que os pida el cuerpo ese día.

Un acompañamiento extradulce para esos momentos de glotonería total es calentar al baño maría chocolate especial para postres con leche condensada y mantequilla hasta que quede un chocolate líquido completamente mezclado. Sobre la tarta de queso resulta delicioso servirlo caliente, ya que contrasta con el frío de la tarta, esta vez recién sacada de la nevera.

2. Historia.

La tarta de queso es uno de los postres más antiguos del mundo. El primer registro del que se tiene constancia proviene de Grecia.

Marcus Porcius Cato escribió la receta de la tarta de queso cocinada en horno de piedra para su preparación en uno de sus libros, llamado “De Agri Cultura” (mirad el apartado 84, nota al pie de página 80 del enlace).

La primera tarta de queso cremoso moderna se elaboró en Nueva York en los años veinte por reposteros judíos. Arnold Reuben, propietario de un legendario restaurante en Broadway asegura que su familia desarrolló la primera receta de tarta de queso cremoso. Su tarta era tan buena que ganó una medalla de oro en la Feria Mundial de 1929.

Hay diferentes tipos de tartas de queso. Por ejemplo, en Alemania el principal ingrediente es el requesón, en Canadá se caracteriza por el uso del jarabe de arce como acompañamiento para añadirle más sabor a la tarta, en Brasil le añaden mermelada de guayaba, en Japón se basan en la emulsión de maicena y huevos para crear una textura más suave, en Italia se hace a base de requesón y se agrega vainilla para aromatizar más su sabor.

Aunque nuestra receta se hace con queso crema, dependiendo del tipo de queso que utilicemos y los aromas que le añadamos, así será la textura y sabor de la tarta, por lo que tan sólo tenemos que elegir los ingredientes que más nos gusten.

3. Curiosidades.

El pasado 25 de enero, en México D.F., Philadelphia de Kraft Foods México fue reconocida por Guinness World Records por preparar la mayor tarta de queso de la historia. Con un peso de 2.133,5 Kg. (4.703 lbs.), 2,5 m. de diámetro y 56 cm. de altura, un equipo de 55 cocineros mexicanos de 5 de las universidades de gastronomía más reconocidas en México y liderados por los maestros Elí López y Miguel Ángel Quezada, consiguió esta hazaña en la Universidad del Claustro de Sor Juana, ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Utilizaron para ello 800 kg. de queso crema Philadelphia, 800 kg. de yogurt, 350 kg. de galleta, 250 kg. de azúcar, 150 kg. de mantequilla y 100 kg. de fresas, entre otros ingredientes.

4. Conservación.

Si os sobra un poco, podéis guardarlo unos días (no más de tres) en la nevera, bien tapado para evitar que se reseque.