viernes, 31 de diciembre de 2010

Un rico pastel de salmón para acompañar en navidad al gambón



Quería haber actualizado el blog hoy con una recetilla de unos purés y esas cosas, pero se ve que el trabajo del último día del año (sí, soy de esas que hoy trabaja hasta las tres) no va a dejarme, así que voy a volver a echar mano de una recetilla que me ha mandado mi amiga Cris, que la voy a tener que poner en los créditos como colaboradora jajaja Mil gracias por la receta, amiga.

Aprovecho también para desearos un feliz año 2011, en el que sigamos disfrutando de muchos y nuevos platos ricos, ricos y fáciles, fáciles.

Y ahora la receta: pastel de salmón fácil.

¿Qué ingedientes necesitamos?

- 3 paquetes de salmón marinado (Cris: no confundir con salmón ahumado, que no es lo mismo, si alguno quiere la receta del salmón marinado que me mande un mensaje a nuestro correo electrónico y se la mando).

- Pan de molde sin corteza.

- 1 tarrina de queso de untar tipo Philadelphia.

- 8 unidades de palitos de cangrejo.

- 2 latas de atún en aceite.

- 1 bote grande de salsa rosa (Cris: si alguno quiere hacerla casera, ya sabéis, a escribirnos un correo).


¿Y cómo se hace?

Mezclar media tarrina de queso de untar, las dos latas pequeñas de atún, los 8 palitos de cangrejo y la salsa rosa. Batir la mezclar anterior.

Ir poniendo plantas de pan de molde, unatndo una de salsa rosa, la siguiente con la mezcla anterior, otra de salsa rosa y otra de la mezcla anterior...así hasta que queramos y nos dé la mezcla.

Terminar con una capa de pan untada abundantemente con salsa rosa y cubrir con el salmón marinado.

¡¡Que aproveche!! Nos vemos el año que viene con más recetas :o)



viernes, 26 de noviembre de 2010

Una tarta de chocolate para niños…y no tan niños jejeje




Esta tarta de chocolate la he puesto en muchos de mis cumpleaños (algunos os acordaréis de ella) y siempre ha sido muy celebrada, a pesar de lo simple que resulta. Y muchos habéis pedido insistentemente la receta, así que, aquí la tenéis…


1. Receta.

- 5 galletas María (de las de desayuno de toda la vida) por cada ración de tarta.

- 1 tableta de chocolate negro para postre.

- 2 huevos.

- una cucharada sopera de mantequilla.

- 2 cucharadas soperas de azúcar.

- 1 l. de leche (dependiendo del tamaño de la tarta, necesitaréis más o menos).

- una bolsa pequeña de plástico (ya veréis luego para qué vamos a usarla).

¿Y cómo se hace?

Ya veréis qué fácil.

Primero se hace el chocolate con parte de la leche. El chocolate siempre hay que hacerlo a fuego lento, porque tiene tendencia a quemarse en cuanto uno se descuida. Se puede hacer también al baño maría (poniendo el chocolate en un cazo que se mete en otro cazo en el que hemos puesto agua al fuego, de tal manera que el cazo con el chocolate queda “flotando” en el cazo grande que está en contacto con el fuego). Lo más importante es que el chocolate quede espeso, porque luego lo vamos a usar como relleno de la tarta.

Cuando ya está derretido, sin dejar de remover, se le añaden las dos yemas de huevo un poco movidas con un tenedor (no hace falta que estén batidas), la cucharada de mantequilla y las cucharadas de azúcar. Reservamos las claras de huevo en un vaso para después.

Se remueve todo bien hasta que la masa de chocolate quede de nuevo homogénea y sin grumos. Retiramos el chocolate del fuego y lo dejamos enfriar un poco.

Ponemos leche en un cuenco o plato. Cogemos las galletas que queramos poner en cada ración para hacer las alturas. Debéis poner cuatro o más, porque menos de cuatro quedan las raciones muy bajitas. Tampoco os paséis, porque no es cuestión de empacharse.

Preparamos una bandeja donde vamos a colocar la tarta. La bandeja debe tener bordes, porque si no el chocolate de la cobertura se puede salir. Yo os aconsejo medir primero poniendo la primera galleta de cada ración para ver si os caben todas. Tened en cuenta que luego van a estar un poco más hinchadas, así que no dejéis el sitio muy justo.

Cada galleta se moja en la leche y se pone en la bandeja. Yo suelo darles 4 vueltas. Se trata de que queden un poco más blandas, pero sin que sea demasiado, porque siguen chupando leche sobrante cuando las ponemos en la bandeja.

Encima de cada galleta ponemos un montoncito de chocolate. Repetimos la operación tantas veces como capas vaya a tener nuestra tarta. En la última vez, ponemos sólo la galleta mojada, sin montoncito de chocolate.

Cogemos el chocolate sobrante y el sobrante de la leche de mojar las galletas (colarla primero para que no queden trocitos de galleta) y lo volvemos a poner al fuego, añadiendo más leche y más chocolate si es necesario. Esta vez se trata de que quede el chocolate normal, ni muy espeso ni muy claro.

Una vez hecho este chocolate más claro, se echa por encima de las raciones de galleta, intentando que cubra completamente cada una de ellas.

Se mete a la nevera por lo menos una hora. Se saca quince minutos antes de servirla. Se baten las claras que hemos reservado a punto de nieve. Se meten en la bolsa de plástico, a la que se le corta un pico, de tal manera que la podamos usar como manga pastelera casera. Decoramos así la tarta. Esta decoración no es necesaria (yo casi nunca la pongo), pero es una buena manera de aprovechar las claras en vez de tirarlas, si no tenéis ningún otro plato en el que usarlas.

Y a comer, rico rico…

2. Conservación.

Si os sobra un poco (que no suele pasar), podéis guardarlo unos días (máximo cinco) en la nevera.




viernes, 12 de noviembre de 2010

Macedonia de menta, oiga, sana y fresca

Hoy vamos a hacer un plato muy fácil, que hace que los niños coman fruta sin problemas y en cuya elaboración pueden participar: macedonia de frutas a la menta.


1. Receta.

Notas previas:

1. Tened en cuenta que, aunque es un postre muy fácil de hacer, se tarda bastante tiempo en pelar y cortar todas las frutas, así que no es algo que se pueda hacer de manera improvisada en cinco minutos, como nuestro paté de aceitunas.

2. No siempre se ponen en esta receta las mismas frutas, depende de la temporada. Aunque algunas frutas las tenemos a mano todo el año, como la manzana, otras, como las sandías, no siempre son tan fáciles de encontrar. Innovad y probad con distintas combinaciones, desde la más sencilla con manzana, plátano y naranja, hasta las más exóticas con mango, rambutanes y fruta del dragón.


Para que os salga como para 5 personas, los ingredientes serían:

- 1 racimo de uvas.

- Media sandía.

- 1 plátano.

- 2 kiwis.

- 8 fresones.

- 2 melocotones.

- 2 manzanas.

- 2 naranjas.

- 100 g. de azúcar.

- 3 ramas de menta fresca.

- Zumo de medio limón.


¿Y cómo se hace?


Ponemos en un cazo las tres ramas de menta fresca enteras, junto con el zumo de limón colado y el azúcar. Lo calentamos a fuego lento durante 10 minutos aproximadamente, hasta que se haya convertido en un almíbar. Lo dejamos enfriar con las ramas de menta todavía dentro del cazo.

Pelamos y cortamos todas las frutas en trozos pequeños y las colocamos en una ensaladera. Quitamos las pepitas cuando sea necesario (por ejemplo, en el caso de las uvas). Si tenéis una cucharilla especial para hacer bolitas (vaciador de melón), se puede hacer eso con algunas frutas, como la sandía o el melón.

Sacamos las ramas de menta del almíbar y lo vertemos por encima. Si veis que se ha quedado muy espeso, podéis templarlo un poco en el fuego antes de echarlo por encima de la macedonia, pero sacando antes las ramas de menta (si las dejáis dentro, se queman y el almíbar acaba sabiendo a hierba requemada). No os preocupéis porque parezca poco almíbar para mucha fruta, porque en el tiempo de reposo se va a mezclar con el jugo que suelte la propia fruta y habrá suficiente a la hora de servirlo.

Dejamos reposar la mezcla en el frigorífico hasta 15 minutos antes de tomarla, momento en el que la sacaremos para que no esté tan fría. Dejadla reposar en el frigorífico al menos una hora, si no habrá muy poco líquido.

Para la presentación, se puede hacer directamente de la ensaladera o repartirla en cuencos más pequeños. Incluso se puede colocar en vasos o copas. Yo le pongo a cada cuenco o copa unas hojas de menta para adornar.

Sugerencia de cambio en la receta: hay gente que le echa también canela a la hora de hacer el almíbar, pero a mí me parece que queda demasiado dulzón, mientras que sólo con la menta el sabor es muy fresco. Pero, si queréis probar, necesitáis una rama de canela que pondréis en el fuego junto con las ramas de menta y el zumo de limón y azúcar.


2. Historia.

Este plato es conocido en muchos países como ensalada de frutas. Se la llama macedonia desde el siglo XVIII en referencia y homenaje al imperio macedonio, donde también existía una mezcla de gente de distintos pueblos, culturas y lenguas.

3. Variantes.

En Argentina y Chile la macedonia es una ensalada de fruta acompañada de helado.

En Francia la macedonia de vegetales o macédoine de légumes es un plato caliente que consiste en vegetales servidos con mantequilla o un plato frío de vegetales cortados en forma de dados muy parecido a la ensaladilla rusa. En su versión fría, a veces se sirve con mahonesa con una pizca de aspic.


4. Conservación.

La fruta se oxida muy rápidamente, aunque se conserve en el frigorífico, por lo que no es conveniente guardar las sobras de este plato más allá de la cena de ese mismo día o la siguiente comida y siempre bien tapado dentro de la nevera. No se puede congelar.

viernes, 5 de noviembre de 2010

¿Cuántas albóndigas puedes comerte? ¡¡Seguro que muchas!!




Hoy vamos a hacer un plato fácil, fácil y rico, rico: albóndigas.

Para el acompañamiento, dos salsas posibles: con tomate y albahaca y con nata y champiñones.


1. Receta.

Notas previas:

1. La masa para las albóndigas debe prepararse un día antes de hacerlas, tenedlo en cuenta. Precisamente por eso, yo las hago en fin de semana y aprovecho para hacer ese mismo fin de semana las tradicionales croquetas, dado que son otro plato cuya masa hay que preparar el día antes.

2. Teniendo en cuenta que ambas recetas son un poco pesadas de preparar y que se congelan estupendamente, yo aprovecho y hago una buena cantidad para tener para varias veces.


Para que os salgan unas 40-50 albóndigas, los ingredientes serían:

- 1 kg. de carne picada (Truco de Cris: para que la carne picada esté más tierna, podéis pedir en la carnicería que os la pasen dos veces por la máquina. Yo suelo pedir además que le quiten la grasa antes de pasarla por la máquina. A veces te cobran un poco más por eso, pero merece la pena).

- 2 huevos.

- 2 dientes de ajo.

- Harina.

- Aceite de oliva abundante.


Para la salsa de tomate y albahaca, los ingredientes serían, obviamente, tomate y albahaca al gusto. Yo le añado también cebolla muy picadita.

Para la salsa de nata y champiñones, por cada 20 albóndigas, los ingredientes serían:

- 1 brick pequeño de nata. Yo suelo usarla desnatada, para que engorde menos.

- 200 g. de champiñones.

- 1 cebolla de tamaño medio.

- aceite de oliva.


¿Y cómo se hace?


Primero vamos a hacer las albóndigas.

Se pica muy finito el ajo y se mezcla con la carne picada. Luego se echan los huevos crudos y se mezcla todo muy bien con ayuda de las manos o de un tenedor.

Se mete en la nevera y se deja reposar hasta el día siguiente (Cris: Es cierto que se pueden hacer las albóndigas nada más mezclar la masa, pero eso tiene dos problemas fundamentales. El primero es que el huevo no se ha mezclado bien con la carne y se puede hacer cuando estéis friendo las albóndigas. El segundo es que la masa de carne no tiene tiempo de coger el sabor del ajo y la textura suave que le da el huevo,m así que luego no saben igual).

Al día siguiente sacamos la masa de carne del frigorífico y vamos haciendo bolitas más o menos pequeñas (Truco de Cris: para que me queden todas las bolitas más o menos del mismo tamaño, yo utilizo una de esas cucharas redondas que se usan normalmente para hacer té cuando lo tienes en hojas, una como ésta. Así quedan todas las albóndigas más o menos iguales y con la misma cantidad de carne).

Una vez que tenemos hechas las bolitas, las rebozamos en harina.

En una sartén u olla grande, ponemos bastante aceite a fuego medio y freímos las albóndigas, moviéndolas frecuente para evitar que se quemen por alguno de los lados.

Si las vais a congelar, hay dos momentos para hacerlo. Uno de ellos es éste: cuando las albóndigas están doraditas y hechas al menos por fuera, aunque no lleven mucho tiempo en el fuego. Se sacan, se dejan enfriar y se congelan en paquetes de las que vayáis a comer cada vez. Otro momento para congelarlas es una vez que ya se han acabado de hacer y se les ha añadido la salsa elegida. OJO: esto sólo se puede hacer con la salsa de tomate. La salsa de nata no se puede congelar. Igual que en el caso anterior, se retiran del fuego, se dejan enfriar y se congelan en paquetes de las raciones que vayáis a comer.

Una vez que están las albóndigas doraditas y hechas por fuera, se añade la salsa que hayamos preparado y se fríe todo junto durante unos cinco minutos más, ya a fuego lento, para que se vayan impregnando del sabor de la salsa.

Para hacer la salsa de tomate y albahaca, se pica muy finita la cebolla y se dora en una sartén o cazuela. Una vez dorada la cebolla, se añade el tomate frito y la albahaca al gusto.

Para hacer la salsa de nata y champiñones, primero limpiamos muy bien los champiñones para quitarles toda la tierra. Una vez limpios, se les quita el tronco y se pica en trozos de tamaño medio el capuchón (Cris: no hagáis los trozos muy pequeños, recordad que el champiñón, al igual que la seta, encoge al freirlo, porque suelta todo el agua). Los troncos no los usaremos en esta receta, porque se quedan mucho más duros que el resto del champiñón y saben menos (Truco de Cris: aunque no los vayamos a usar en esta receta, podemos aprovecharlos para otros platos. Una opción es utilizarlos para hacer patatas guisadas con champiñones y huevo escalfado, ya que al tener mucho tiempo de cocción, los troncos de champiñón quedan muy blanditos y le dan un sabor muy rico a las patatas guisadas).

Se pica la cebolla muy finita. Se pone un poco de aceite en una cazuela y se dora la cebolla (Cris: es mejor usar cazuela que sartén, ya que si no al remover se os va a salir la nata). Una vez dorada la cebolla, se añaden los champiñones bien picados y se fríen a fuego medio hasta que estén tiernos. En ese momento se añade la nata y se va removiendo hasta que quede la salsa con un color dorado y la nata haya espesado un poco (Cris: no la dejéis espesar demasiado, porque si no se convierte en un engrudo incomestible, vale con que se espese un poco).

Una vez bien mezcladas las albóndigas con la salsa elegida y sofritas un rato juntas, sólo hay que coger un buen trozo de pan y llevarlas a la mesa para poder disfrutar de ellas.


2. Historia.

La palabra albóndiga es término procedente del árabe al-bunduqa, que significaba “la bola”. Fueron también los árabes los que introdujeron en España este plato.

El historiador granadino Luis del Mármol documenta el término en su Descripción general de África (1573): "Venden fideos, almojábanas y albóndigas hechas de carne picada con especias y fritas en aceite".


3. Variantes.

En Brasil, las albóndigas se llaman almôndegas y se sirven generalmente con espagueti, al igual que en Estados Unidos. Son por regla general de muy gran tamaño.

En Chile son bolas de carne picada con pan rallado, huevo y perejil que se cuecen en un caldo de carne al que luego se le agrega arroz y se sirve caliente. También se sirve en una sopa llamada Cazuela de Albóndigas.

En México se preparan alternativamente con carne picada de vaca o cerdo, con relleno de huevo cocido y generalmente se cocinan con caldo de jitomate y varios tipos de pimientos picantes (chiles) y se acompañan de arroz cocido y frijoles. Se come con tortillas de masa de maíz nixtamalizado (curado con cal).

En Bolivia se comen con salsa de aji, fideos o arroz y dos patatas cocidas.

En Republica Dominicana se preparan con pan rallado, especias y vegetales.

En China las albóndigas se hacen de cerdo y generalmente se cuecen al vapor, se hierven, se comen crudas o con adición de salsa de soja. Pueden tener un tamaño que va desde 5 centímetros de diámetro hasta 10 centímetros. Las albóndigas cocidas al vapor planas se denominan cabeza del león. Las variedades más pequeñas se utilizan en sopas.

En Filipinas, las albóndigas frecuentemente se sirven en una sopa con bijon (una especie de noodles o fideos), ajo tostado, calabaza y chicharrones. Las albóndigas se llaman mga bola-bola en los idiomas locales.

En Indonesia, a las albóndigas se llama bakso y se sirven generalmente en un tazón junto con una sopa, con los tallarines, con queso de soja, huevos, siomay o carne frita.

En Japón se emplean como un filete de hamburguesa cuyos ingredientes son muy similares al hanbāgu.

En Albania existen albóndigas fritas (Qofte të fërguara) que incluyen queso feta.

En Alemania se llaman Hackbällchen. También son típicos los Frikadelle, cuyo nombre proviene de frittella en italiano, que significa frito. Consiste en carne picada de ternera o cerdo que se fríe en forma de bolas aplastadas.

En Rusia, la albóndiga vino de la cocina alemana, cambiándole el nombre solamente en su terminación, frikadelki para hacerlo sonar más nativo.

Las albóndigas de Finlandia (lihapullat) se hacen con una mezcla de la carne picada de cerdo con las migajas de pan empapadas en leche y cebollas cortadas en trozos pequeños. Se sazonan con pimienta blanca y sal. Las albóndigas se sirven tradicionalmente con salsa, patatas hervidas, mermelada de arándanos rojos y, a veces, pepinillos en vinagre.

En Grecia, las albóndigas fritas se llaman keftedes e incluyen generalmente en su interior una mezcla de cebollas y de hojas de menta. Las albóndigas guisadas se llaman yuvarlakia.

En Bulgaria, las albóndigas se llaman kyufte y se hacen generalmente con una mezcla de carne de vaca y de cerdo con migajas de pan y cebollas rebanadas. Existen muchas otras variantes que incluyen diversas clases de carne y otros ingredientes.

En Italia, las albóndigas se conocen como polpette y se comen generalmente como segundo plato o en una sopa.

En Noruega, las albóndigas se llaman kjøttkaker (literalmente, carne apelmazada) y se asemejan al frikadeller danés. Este plato se sirve tradicionalmente con patata hervida, salsa, mermelada de arándanos rojos o sopa de guisantes. A veces se añade una cebolla frita caramelizada de acompañamiento.

Los chiftele y los pârjoale de Rumania se fríen y se hacen generalmente con cerdo o con carne de aves de corral, pan humedecido y ajo. El chiftele es más pequeño y con más carne. Una variante cruda, con la albóndiga aplastada, se utiliza para la elaboración de la sopa amarga, llamada ciorbă de perişoare.

En Suecia existen las köttbullar (literalmente, bollos de carne). Se elaboran con carne picada o una mezcla de la carne picada mezclada con las migajas de pan empapadas en leche y cebollas cortadas en trozos pequeños. Se sazonan con pimienta blanca o pimienta inglesa y sal. Las albóndigas suecas se sirven tradicionalmente bañadas con salsa espesa de carne, patatas hervidas, dulce de arándanos rojos y, ocasionalmente, pepinillos en vinagre.

En Países Bajos, las albóndigas se denominan gehaktbal y se sirve a menudo con patatas y otros ingredientes hervidos.

En Turquía hay más de 80 tipos diferentes de albóndigas (köfte), tienen muchas variantes regionales.

En el Reino Unido, se llaman meatball. Las faggots son un tipo de albóndiga hecha de trocitos de hígado y corazón de cerdo, embutidos en una membrana de tripa.


4. Curiosidades.

Las albóndigas suecas se sirven en las cafeterías de IKEA alrededor del mundo, como plato típico sueco, aunque en realidad se trata de un plato de origen árabe, como hemos dicho antes.


5. Conservación.

Si os sobra un poco, podéis guardarlas máximo dos días en la nevera y calentarlas en el microondas o en un cazo antes de tomarlas.

Es un plato que se puede congelar muy fácilmente, ya sea acabado o simplemente fritas las albóndigas y sin añadirles ninguna salsa, por lo que es ideal para hacer una buena tanda y tener siempre congeladas y dispuestas para un día que no os apetece cocinar o que os viene gente de repente a casa sin avisar.

viernes, 29 de octubre de 2010

A falta de un chocolate...¡¡tarta de tres chocolates!!!

Esta receta que me ha pasado mi amiga Cristina, tengo que probar a hacerla, porque tiene una pinta...Ahí va...



Para una tarta de tres chocolates como para seis personas necesitamos los siguientes ingredientes:

- 150 g de chocolate negro.

- 150 g de chococolate con leche.

- 150 g de chocolate blanco.

- 450 g de azúcar (para los poco golosos, se puede reducir la cantidad de azúcar al gusto).

- 1 litro de nata.

- 1/2 litro de leche.

- 3 sobres de cuajada.



¿Y cómo se hace?

 Se mezcla la nata con la leche y se reparte en tres porciones de medio litro cada una.

Se cubre el fondo de un molde desmontable con una mezcla de galletas María pulverizadas y mantequilla fundida bien mezclada (Cris: como la base de la tarta de queso que ya hemos hecho en este blog). Se va extendiendo con los nudillos hasta que cubra todo el fondo.

Se pone medio litro de nata con el chocolate negro, 150 g. de azúcar y un sobre de cuajada, se deshace todo a fuego lento y cuando se ha desecho se vuelca en el molde. Se deja enfriar y cuajar.

Hacemos lo mismo con otro medio litro de nata, 150 g. de azúcar, el chocolate con leche y otro sobre de cuajada. Volcamos con cuidado sobre la capa de chocolate negro ya cuajada. Dejamos cuajar.

Lo mismo con el resto de nata, de azúcar, el otro sobre de cuajada y chocolate blanco y lo vertemos sobre la capa de chocolate con leche.

Se mete en la nevera y se desmolda cuando esté ya cuajada, dejando la base del molde desmontable o congelando la tarta y desmoldándola completamente.

Se adorna y ¡¡a comer!!

viernes, 22 de octubre de 2010

Aunque no vayamos de peregrinación, empanada gallega a mogollón

¡¡Buenos días a todos/as!!

Después de un parón importante motivado por cuestiones personales y laborales que no vienen al caso, ¡¡hemos vuelto de nuevo!!

Y para empezar otra vez nuestra andadura, por segunda vez desde las vacaciones, una receta fácil, fácil y rica, rica que seguro que le encanta a mi amiga Pili: la empanada.


1. Receta.

Nota previa: El tamaño de la empanada dependerá del de las planchas de masa para empanada que utilicemos. La receta de hoy es con una sola plancha, que se dobla por la mitad, pero si usáis dos no es necesario doblarlas, simplemente se usa una para arriba y otra para abajo.

Para una empanada que dé para que piquen seis u ocho personas en una fiesta, los ingredientes serían:

- 1 plancha de masa para empanada (se puede hacer también casera, el que esté interesado que nos mande un correo).

- 3 huevos (2 duros y del tercero sólo la yema).

- 2 latas de atún en aceite.

- 2 pimientos morrones asados.

- 4 cucharadas grandes de tomate frito.


¿Y cómo se hace?


Primero hacemos el relleno de la empanada.

Para ello, quitamos el aceite a las latas de atún y las ponemos desmigadas en un recipiente para mezclarlas con el resto de ingredientes.

Cortamos los pimientos asados y los huevos duros en trocitos pequeños y los añadimos al atún.

Añadimos el tomate frito y mezclamos bien. Es mejor que sobre tomate a que falte. Tened en cuenta que al meterla al horno, se va a resecar un poco, por lo que el tomate será lo que haga que esté jugosa al sacarla.

Es importante que el relleno no quede demasiado acuoso, pero sí jugoso. Si queda muy acuoso, se va a salir al meterlo en el horno y vamos a ponerlo perdido todo.

Una vez hecho el relleno, se coloca la plancha en una fuente de horno (como siempre, sobre un papel de horno, claro). Se rellena hasta la mitad y se dobla la otra mitad sobre el relleno, de tal manera que quede como un bocadillo de relleno. No es necesario cerrarla del todo, pero sí dejar un poco de hueco entre el relleno y el final de la masa por los lados, porque si no se saldrá todo lo que esté en los bordes cuando se vaya haciendo. lo alta que quede depende de cuánto relleno queráis meterle.

Se pone a precalentar el horno a 180º mientras pintamos la empanada.

Con la yema de huevo y un pincel, se pinta toda la parte superior de la empanada. Luego se pincha con un tenedor por varios sitios, para evitar que se rompa con el calor del horno.

Se mete en el horno y se baja a 150º. Se deja entre media hora y una hora. Lo que tenéis que mirar es que la parte de arriba esté brillante y de un color como marrón medio, ni muy claro ni quemado.

Nota: Recordad lo que siempre os digo, cada horno es un mundo. por eso, las primeras veces que se hace cada plato hay que estar muy atentos a la temperatura y el tiempo, ajustándolos en función de cómo lo veamos. Una vez que ya cada uno le coge el truco a su horno, ya puede descuidarse más e irse a hacer otras cosas mientras el horno funciona, pero las primeras veces, ¡a pie de horno!

Se saca del horno, se deja enfriar y…¡¡lista para devorar!!


2. Historia.

La palabra empanada proviene del castellano "empanar", cuyo significado es "encerrar algo en masa o pan para cocerlo en el horno".

En sus orígenes, la empanada se hacía haciendo un agujero en las hogazas grandes de pan y metiendo el relleno por él antes de calentarlo.

Con el tiempo, se acabó cociendo la masa de pan junto con su relleno y, tiempo más tarde, se elaboraron masas específicas para envolver el relleno.

Se trataba de un alimento consumido principalmente por pastores y peregrinos.

El origen de la empanada es bastante incierto. Los datos más antiguos los podemos encontrar en la antigua Persia, varios siglos antes de Cristo, donde ya se conocía un plato que podía tener bastante que ver con la empanada tal y como la conocemos hoy en día.

Se cree que fue Grecia la que introdujo la masa de empanada en el mundo occidental, ya que según los árabes los griegos preparaban una pasta, conocida como philo, especial para ser rellenada. Esta pasta, muy apreciada por su textura suave, crujiente y fina una vez horneada, pasó a hacerse muy popular y se extendió hacia todo el Medio Oriente en general.

El conocimiento de la empanada en España tiene muy probablemente su origen en la entrada de los árabes en Al-andalus. Se atribuye al conquistador árabe de nombre Tarig ibn Ziryad, quien dió nombre a la ciudad de Gibraltar. Los árabes preparaban una especie de empanadillas de trigo rellenas con carne de cordero conocidas como fatay o esfiha, así como otras variedades tanto dulces como saladas.


3. Variantes.

Dependiendo de las regiones y del gusto del cocinero, la empanada puede hacerse de múltiples maneras, cambiando no sólo el relleno sino también la masa y la forma de la misma.

Como alimento se da en casi todas las regiones españolas aunque quizás las más famosas son las de Galicia (conocida como empanada gallega), Asturias y Cantabria. Sin olvidar los variados hornazos, como el de Salamanca o Ávila.

En Mallorca es muy habitual las denominadas Cocarrois de verdura (se llenan de acelgas, pasas y piñones) y las de cebolla.

La empanada berciana es un tipo de empanada de masa de pan típica de El Bierzo (León, España), cuya principal característica es el uso de patata dentro de ella. Destacan la empanada de pulpo, bacalao, xixos (carne adobada), sardinas, acelgas y sobre todo la empanada de botillo que es la empanada típica berciana.

En Canarias tradicionalmente estaban hechas de hojaldre con rellenos dulces o salados y se las conocía como truchas. Esta denominación pervive casi exclusivamente para las variedades dulces. Hoy es muy habitual encontrar por Navidad o Carnavales truchas de cabello de ángel, batata, almendra, higos, etcétera.

En Argentina normalmente se cocina al horno o frita. Generalmente tiene forma de semicírculo de no más de 20 cm. de diámetro, cerrado en los bordes con un elaborado repulgo. Entre sus variantes principales están: las de carne (de carne vacuna o de carne de pollo), las de humita y las de jamón y queso. La empanada de carne (vacuna) se prepara generalmente con carne picada, cebolla, huevos cocidos picados, aceitunas y, en ocasiones, pasas de uva, para que sean "jugosas" se les añade "pella" es decir grasa fina (una auténtica empanada criolla jamás tiene su relleno frito con aceite vegetal). Se condimenta fuertemente, especialmente con comino, pimentón dulce y ají molido. La empanada de jamón y queso suele también llevar tomates picados.

Unos de los varios "secretos" de las diversas empanadas argentinas es el añadir al relleno una cucharada de vinagre y la preparación de tal relleno un día antes (guardándolo en la nevera) de la preparación de las empanadas, de este modo el relleno se homogeneiza y se hace consistente.

En Bolivia, la empanada más conocida es la salteña, que se hace con una masa de ligero sabor dulzón con un relleno (jigote) de guiso de res o de pollo, con papa y caldo. Se pintan de un suave pigmento rojo/anaranjado, que le da un color muy especial. Normalmente son de carne de vacuno o de pollo, aunque también hay vegetarianas.

Otros tipos de empanada muy conocidos en Bolivia son la tucumana (que se consume mayormente frita) y la puka capa (empanadas rojas, tradicionales de la ciudad de Cochabamba, preparadas al horno con queso, cebolla, aceitunas y otros ingredientes, son normales o picantes)

En Chile la masa es de harina de trigo. La empanada más popular es la empanada de pino (es un relleno de carne picada de vacuno sofrita con cebolla finamente picada, condimentado, entre otros aliños, con ají de color y comino, una aceituna negra, un cuarto de huevo duro y opcionalmente una o dos pasas de uva).

La empanada en Chile tiene variantes múltiples y se le reconoce como un alimento emblemático del país, siendo consideradas, junto con las sopaipillas, el valdiviano y distintas comidas en base a mariscos (como el curanto, el chupe de mariscos y la paila marina) como comidas típicas en su gastronomía.

En Colombia cada región hace empanadas distintas, elaboradas con masas de harina de trigo o de maíz, variando los rellenos desde puré de papa con carne molida o con maní hasta queso, calabaza, dulce de ahuyama o guisos salados de carne, pollo, arroz cocido y alguna verdura. Son pequeñas (para una persona) y su forma en media luna es común para todas las regiones, resultante de doblar la masa delgada cortada en circunferencia con el relleno en el medio y puestas a freír en grasa caliente.

En el departamento del Cauca, particularmente en Popayán (capital del departamento), son famosas las empanaditas de pipián, que se rellenan con un guiso del mismo nombre, usado también para hacer tamales, que consiste en una mezcla de papas coloradas y partidas, hogao, maní tostado y molido, huevos duros picados y achiote (el colorante tradicional indígena). En ocasiones también se usa clavos de olor o canela molida.

En Grecia existen las spanakotiropites (empanadillas de espinaca y queso feta), la kreatopita (empanada de carne ovina o caprina), la hortopita (empanada de verdura ) y la kotopita (empanada de pollo).

En Italia se las denomina panzerotti y son típicas de la región de Apulia y concretamente de la zona de Bari. La masa es de harina de trigo, se le añaden agua tibia y levadura de cerveza. Los expertos en tradiciones locales le añaden a la masa patatas hervidas. Parece que este toque hace más suave la masa, la cual debe llegar a ser perfectamente homogénea antes de ser puesta a descansar en un lugar cálido (por ejemplo en el horno apagado) durante dos o tres horas. El relleno tradicional es de salsa de tomate y queso mozzarella, sus variantes son con queso y carne, cebolla, huevo y queso ricotta. Se fríen en aceite de oliva y se sirven calientes.

En México existen rellenos típicos como son las rajas con queso, champiñón con queso, y pollo con mole. Las empanadas en México son similares a los pastes, aunque generalmente dulces. Otras variedades son, por ejemplo, los Volovanes de Veracruz, cuya forma es cuadrada y su sabor más común es la jaiba; o las empanadas fritas de Tabasco que contienen pejelagarto. En Sinaloa son populares las empanadas dulces de maíz y trigo horneadas con relleno de guayaba, calabaza, piloncillo o cajeta; o cualquier relleno dulce del que se disponga. En Nayarit y Colima son populares las empanadas de camarón molido, que también pueden llevar pescados secos y se bañan con salsa picante de tomate verde o rojo. En Oaxaca, se preparan principalmente tres empanadas: la de mole verde, la de mole amarillo y la también llamada quesadilla preparada con queso oaxaca y flor de calabaza y champiñones. En este estado, como en Chiapas y Veracruz, son muy apreciadas las empanadas de maíz (en ocasiones una mezcla de maíz y trigo) fritas en aceite y rellenas de pollo, carne de res o queso.

En Perú el relleno de las empanadas suele ser de carne cocinada con cebolla de hoja, huevo duro molido y sal. Se preparan friéndolas en aceite y se comen generalmente con pan. A medida que se consumen, se les echa dentro algunas gotas de limón ácido. Sus principales ingredientes son: carne de ave o de res en pequeños trozos, cebolla blanca picada, pimiento rojo, tomate pelado, pasas, aceituna, ajo picado, comino en polvo, eventualmente pan molido, masa de empanada, clara de huevo y aceite vegetal.

En Inglaterra son muy populares las empanadas saladas conocidas como Cornish pasties, típicas de la región de Cornualles. Se elaboran tradicionalmente envolviendo en una fina masa una mezcla de carne de vaca, patata, nabicol y cebolla. La emigración británica llevó los pasties de Cornualles a Australia donde son muy populares.

En la República Dominicana existe una variedad llamada catibías, condimentadas con adobo, huevos cocidos picados y pasas.

En Rusia son llamadas pirozhki (o pirožki), son de harina de trigo y vienen rellenas con carne de cordero, carne de res, salmón, caviar, repollo y todo tipo de vegetales. Por lo general las hacen fritas, pero también se hacen al horno, también sofríen la cebolla y la mezclan con las carnes y se salpimienta al gusto.

En Uruguay la empanada combina estilos gallegos e italianos. De masa fina a base de trigo (o harina de maíz, en menor medida), se consume tanto frita como horneada. Las más comunes son las saladas gallega, la mendocina (de Mendoza), de jamón y queso, de queso y cebolla, de carne vacuna, la agridulce y la picante.

En Venezuela la empanada tradicional se hace con la masa del maíz molido, tienen forma de media circunferencia o media luna y su preparación viene dada por la realización de esferas de masa que son aplastadas manualmente de forma circular sobre un plástico, sobre las cuales se pone el relleno, se dobla por la mitad cubriendo el relleno y sellándolo con un tenedor para luego freírlas en abundante aceite caliente.

En Venezuela se distingue entre la empanada de harina de maíz y aquella de harina de trigo u hojaldre. Las primeras son llamadas propiamente empanadas y las segundas son reconocidas como pasteles o pastelitos, siendo éstos en forma de media luna, circulares o cuadrados.

Las empanadas venezolanas pueden estar rellenas con casi cualquier ingrediente, desde los rellenos más convencionales como queso, carne mechada (típica del país, carne guisada y deshilachada), pollo guisado, cazón, pernil, caraotas y queso hasta las más exóticas mezclas de moluscos marinos. Se aliñan con guasacaca, mahonesas y picantes locales.


4. Curiosidades.

El Maestro Mateo inmortalizó en las mensulas que se encuentran en el salón de fiestas ubicado en el segundo piso del Palacio de Gelmirez (Santiago de Compostela, España), también llamado palacio arzobispal, a un grupo de gente preparando empanada.

La empanada peruana se consume desde los inicios del Virreinato del Perú y era motivo de concursos entre sus productores, junto con los más diversos manjares, ya que con motivo de la Navidad el mismo virrey oficiaba de juez visitando los claustros, conventos y panaderías o pastelerías de la Ciudad de los Reyes para premiar a los mejores.


5. Conservación.

Si os sobra un poco, podéis guardarla varios días (cinco máximo) tapada en el frigorífico, aunque es ideal para ponerla como aperitivo en la siguiente comida o incluso para írsela comiendo en trocitos pequeños mientras se cocina la próxima receta o se hace tiempo hasta la cena.



miércoles, 15 de septiembre de 2010

Sana, sana, bizcocho de manzana...

Ya sé que estamos yendo contracorriente, que ahora que todo el mundo quiere ponerse a dieta para recuperarse de los excesos del verano, en este blog no hacemos más que poner bizcochos...

Ello se debe a que ando de cabeza liada con el trabajo y con algunas cuestiones personales y no he tenido tiempo de acercarme por los fogones todo lo que me gustaría.

Menos mal que tengo buenas amigas, como Cristina, que me ha prestado esta receta de bizcocho de manzana que tiene una pinta...

Para este bizcocho necesitamos los siguientes ingredientes:


• 3 huevos

• 250 g. azúcar (2 medidas de vaso de yogur)

• 3 o 4 manzanas Golden

• 250 g. harina (1 cucharada sopera son 20g.)

• 1 sobre de levadura

• 1 yogurt

• 100 g. aceite (1 medida de vaso de yogur)

• Coñac

• mermelada de albaricoque

• Azúcar

¿Y cómo se hace?

Pelamos y cortamos a gajos las manzanas y las ponemos en un recipiente con azúcar y coñac para que coja el sabor. Reservamos.


En el vaso batidor ponemos los huevos y el azúcar y mezclamos unos tres minutos, que es un truco para que quede bien esponjoso. Luego agregamos una manzana pequeña y trituramos.

Incorporamos el aceite y el yogurt y repetimos la operación. A continuación, añadimos la harina y la levadura y volvemos a mezclar.

Cuando la masa ya sea homogénea, la ponemos en un molde y clavamos los gajos de manzana de forma que se vean una vez suba el bizcocho. Reservamos el coñac donde hemos macerado la manzana y introducimos el molde en el horno 35-40 minutos a 180 grados.

Una vez cocinado, lo dejamos templar y pintamos el bizcocho con el coñac y con mermelada de albaricoque para darle más sabor.

Mmmmm....se me está haciendo la boca agua...

martes, 7 de septiembre de 2010

El bizcocho de plátano de mi Ali ñamñamñam

Hoy os dejo una receta de un bizcocho buenísimo que me ha mandado mi amiga Ali, que se la cogió prestada a una amiga estadounidense y desde entonces le sale para chuparse los dedos ñamñamñam


Necesitáis los siguientes ingredientes:

-300 ml. de azúcar.

-120 ml. de mantequilla.

- 2 huevos.

- 3-4 plátanos MUY maduros.

-120 ml. de leche con limón (poner unas gotas de limón en la leche unos minutos antes de usar).

- 5 ml. de aroma vainilla.

- 600 ml. de harina.

- 5 ml. de bicarbonato de soda.

- 5 ml. sal.

- dos puñados de nueces peladas.

(Cris: seguro que más de uno se estará haciendo la misma pregunta que me hice yo –y que le pregunté ipso facto a Ali- "¿no serán gr. en el caso de la harina y el azúcar?" La respuesta de Ali fue que la receta estaba en onzas y libras – a ver, se la dio una estadounidense…- y la tuvo que convertir con un conversor que encontró en Internet. Lo mejor es que lo hagáis con un vaso medidor, que así no hay problema. Ali lo hace así y todo el mundo repite con sus bizcochos jejejeje)

¿Y cómo se hace?

1- Precalentar el horno a 180º.

2- Mezclar en un bol el azúcar y la mantequilla.

3- Añadir los huevos.

4- Añadir plátanos y leche con limón.

5- BATIR todo.

6- Agregar la harina, el bicarbonato y la sal.

7- Mezclar bien.

8 -Añadir las nueces.

9 -Verter todo en el molde de horno.

10- Calentar una hora a 170º (más o menos, hasta que se pinche con un tenedor y salga limpio).


Bueno, pues ahí os la dejo, ya me diréis qué tal está.


¡¡Muchas gracias por la contribución, mi preciosa Ali!!

jueves, 2 de septiembre de 2010

Saladitos, napolitanas...¡¡no soy capaz de decidir cuáles me gustan más!!



¡¡Buenas a todos de nuevo!! Tras las vacaciones, aquí estamos de nuevo con más recetas que probar este otoño/invierno…¡¡y lo que queda de verano!!

Para empezar de nuevo, os dejamos una receta muy fácil de hacer y que lo mismo vale para salado que para dulce: saladitos o napolitanitas de chocolate.


SALADITOS

Para los saladitos necesitaremos los siguientes ingredientes:

- Una plancha grande de hojaldre cuadrado. Si sólo encontráis redonda, tendréis que hacerla cuadrada, bien cortando los bordes o bien amasándola de nuevo y haciendo la forma cuadrada con el rodillo.

- Una o dos yemas de huevo.

- Rellenos varios: yo suelo poner anchoas, queso, jamón york o pavo, jamón serrano en taquitos, paté, sobrasada, chistorra, salchichas, atún con tomate…como veis la selección es casi de lo que queráis. También se pueden hacer de verduras, tipo calabacines fritos, setas a la plancha, berenjena con tomate…


¿Y cómo se hacen?

Se extiende la masa de hojaldre sobre papel de horno.

(Truco: Quedan mejor cuando el hojaldre es refrigerado, con el hojaldre congelado a veces se rompe al cortarlos.)

Se empieza por el borde superior. Se deja aproximadamente un centímetro libre y luego se coloca una tira del relleno escogido yendo de izquierda a derecha. Se dobla la parte que hemos dejado libre sobre el relleno y se hace rodar para que se cierre. Nos tiene que quedar como un rulo relleno. Se corta y se vuelve a empezar. Se sigue así hasta que acabamos toda la plancha de hojaldre.

Precalentamos el horno a 180 º mientras seguimos con la receta.

(Importante: recordad lo que siempre os digo sobre los hornos: cada uno es un mundo. Hay que vigilar siempre la primera vez que se hacen las cosas para evitar que se nos quemen, las temperaturas y tiempos son meramente orientativos.)

Una vez tenemos hechos todos los rulos, hay que pintarlos con yema de huevo. Para ello, usamos la yema de huevo y un pincel de repostería (si no tenéis pincel, se puede hacer con el dedo, pero queda mejor distribuido con el pincel y se pueden comprar por menos de dos euros en los chinos, merece la pena la inversión).

Empezamos pintando la parte en la que se cierra el rulo y luego le damos la vuelta para pintar la parte cerrada. De esta manera, la parte de unión queda debajo y al hacerse es más difícil que se nos abran los saladitos en el horno.

Una vez pintados, se cortan los rulos en porciones pequeñas. Salen unas 6 por rulo, dependiendo del tamaño de la plancha de hojaldre que hayáis usado. No hace falta cortarlos del todo (además de que es difícil en algunos casos, como el de las anchoas o la chistorra), basta con que el corte sea suficiente para poderlos separar una vez hechos y fríos.

Se meten en el horno durante unos 10-15 minutos. Si veis al cabo de un rato que los saladitos se os están empezando a abrir, ponedles encima una bandeja de hormo o un molde vacío para que haga un poco de peso durante los siguientes minutos.

Cuando ya están doraditos por arriba, se sacan del horno. Se dejan enfriar y se separan.

Se colocan en una fuente y ¡¡a comer!!

(Advertencias y consejos varios sobre el relleno: la sobrasada suelta mucha grasa, así que conviene hacer estos saladitos separados de los demás, ya que si no acabarán todos impregnados de aceite y sabrán todos a sobrasada. Lo mismo pasa con el atún con tomate. Algo parecido ocurre con las anchoas, por lo que conviene quitarles muy bien el aceite con un papel de cocina antes de usarlas como relleno. El jamón o el pavo se puede usar en tacos o cortando tiras de lonchas. El paté queda bastante seco, así que conviene poner una buena cantidad. Si los hacéis de verduras, conviene escurrir también bastante bien el aceite. Si los hacéis de salchichas, intentad que no sean muy grandes o cortadlas por la mitad a lo largo para evitar que los saladitos queden demasiado inflados.)


NAPOLITANITAS DE CHOCOLATE

Para las napolitanitas de chocolate necesitaremos los siguientes ingredientes:

- Una plancha grande de hojaldre cuadrado. Si sólo encontráis redonda, tendréis que hacerla cuadrada, bien cortando los bordes o bien amasándola de nuevo y haciendo la forma cuadrada con el rodillo.

- Una o dos yemas de huevo.

- Chocolate especial para repostería (se puede hacer también con chocolate a la taza).

- Mermelada de melocotón.

- Chispitas de chocolate.


¿Y cómo se hacen?

Se hace el chocolate espeso y se deja enfriar (si lo echáis muy caliente se ablanda la masa de hojaldre y es muy difícil darle la vuelta sin que se rompa).

Se extiende la masa de hojaldre sobre papel de horno.

(Truco: Quedan mejor cuando el hojaldre es refrigerado, con el hojaldre congelado a veces se rompe al cortarlas.)

Se corta la masa en tres o cuatro partes, dependiendo de cómo sea de grande la plancha de hojaldre.

Se coloca una tira de chocolate en el centro de cada una de las partes. La cantidad de chocolate que pongáis, al igual que el sabor del mismo (blanco, negro, con leche), depende de cómo os gusten.

(Recordatorio: el chocolate, en particular el blanco, se quema con mirarlo, así que hay que tener mucho cuidado al hacerlo para que no se pegue ni se queme, que no es cuestión de que sepan todas las napolitanitas a quemado.)

Se doblan las partes sin chocolate hasta que cada parte nos quede como un rulo relleno.

Precalentamos el horno a 180 º mientras seguimos con la receta.

(Importante: recordad lo que siempre os digo sobre los hornos: cada uno es un mundo. Hay que vigilar siempre la primera vez que se hacen las cosas para evitar que se nos quemen, las temperaturas y tiempos son meramente orientativos.)

Una vez tenemos hechos los rulos, hay que pintarlos con yema de huevo. Para ello, usamos la yema de huevo y un pincel de repostería (si no tenéis pincel, se puede hacer con el dedo, pero queda mejor distribuido con el pincel y se pueden comprar por menos de dos euros en los chinos, merece la pena la inversión).

Empezamos pintando la parte en la que se cierra el rulo y luego le damos la vuelta para pintar la parte cerrada. De esta manera, la parte de unión queda debajo y al hacerse es más difícil que se nos abran las napolitanitas en el horno.

Una vez pintadas, se cortan los rulos en porciones pequeñas. Salen unas 6 por rulo, dependiendo del tamaño de la plancha de hojaldre que hayáis usado. No hace falta cortarlos del todo, basta con que el corte sea suficiente para poderlas separar una vez hechas y frías.

Se meten en el horno durante unos 10-15 minutos. Si veis al cabo de un rato que se os están empezando a abrir, ponedles encima una bandeja de hormo o un molde vacío para que haga un poco de peso durante los siguientes minutos.

Cuando ya están doraditas por arriba, se sacan del horno. Se dejan enfriar y se separan.

Se pintan de nuevo con la mermelada de melocotón, procurando que no queden pegotes. Se trata simplemente de que estén un poco pegajosas para que se peguen las chispitas de chocolate, no de que sepan a melocotón. Se rocían de chispitas de chocolate (o de virutas de colores).

Se colocan en una fuente y ¡¡ya tenemos postre o merienda!! Si las combináis con las palmeritas, podéis organizar una merendola estupenda.

jueves, 12 de agosto de 2010

¿Os sobra algo por la nevera? ¡¡Cenamos quiche entonces!!

Bueno, ésta probablemente sea la última receta hasta el 1 de septiembre, dado que me marcho hoy de vacaciones. Si me da tiempo intentaré poner alguna más estos días, pero no aseguro nada, así que ¡¡disfrutad y cocinad mucho estas semanas!!


1. Receta.

Para una quiche como para cuatro personas necesitamos los siguientes ingredientes:


- Una masa de hojaldre o de pasta brisa o quebrada (la masa brisa queda más dura, tipo galleta, mientras que la de hojaldre queda más esponjosa).

- 3 huevos.

- 1 tetrabrick pequeño de nata líquida.

- 200 gr. de bacon.

- 1 cebolla.

- Queso en virutas para pasta o pizza (yo suelo usar de dos tipos: de mozzarella y de mezcla de cuatro quesos).

- Aceite para freír.



¿Y cómo se hace?


Se coloca la masa de hojaldre/brisa con su papel de horno en un molde adecuado: cuadrado o elíptico si la masa es cuadrada y redondo si la masa es redonda. Si la masa que compréis no lleva papel de horno, ponedlo, será mucho más fácil desmoldar la quiche después.


Una vez colocada la masa, se pone queso (yo uso aquí abajo el queso mozzarella) bien distribuido por toda la masa.


Se corta la cebolla y el bacon (si no viene cortado ya) y se sofríen. Recordad que la cebolla se debe sofreir a fuego medio-bajo y, una vez ya doradita, se sube el fuego y se añade el bacon, dándole unas cuantas vueltas en la sartén.


Se extiende este sofrito por encima del queso, distribuyéndolo uniformemente por toda la extensión de la quiche.


A continuación, se extiende de nuevo queso todo por encima (aquí uso el de mezcla de cuatro quesos), procurando que quede todo cubierto. Sed generosos, queso nunca sobra.


En un cuenco, se baten los huevos y se mezclan bien con la nata, echándolos luego por encima de la quiche con cuidado de que quede uniformemente repartida la mezcla por toda la extensión.


El horno se debe haber precalentado a 200º y la quiche se debe poner arriba y abajo a 150º durante unos 20-30 minutos (recordad lo que siempre os digo: cada horno es un mundo, hay que observar la primera vez que se hace una receta para ver cuánto tiempo y potencia necesitamos). Para comprobar que está bien hecha, la pinchamos con un cuchillo. Si sale limpio, es momento de poner el horno sólo arriba durante unos minutos para que se dore un poco la superficie, hasta que quede como gratinada.


Y ya está lista para comer y disfrutar…


2. Historia.


La quiche es un plato de origen francés.


La palabra quiche se deriva del vocablo Küchen en el dialecto lorenés, hablado en la región de Lorena, en el noreste de Francia. Este término deriva a su vez del alemán Kuchen (pastel).


La quiche lorraine es conocida como la receta original de la que proceden todas las demás variantes de quiche. La palabra aparece por primera vez en Nancy, capital de Lorena, en 1605. En un principio, el relleno se componía sólo de huevos y crema de leche o nata fresca. En el siglo XIX, se le añadieron pequeñas tiras o tacos de panceta magra, fresca o ahumada. Posteriormente, la receta se extendió a otras regiones de Francia y a otros países, dando lugar a múltiples variantes de esta tarta salada.

3. Variaciones.


Lo bueno de la quiche es que admite cualquier alimento salado. Es un plato ideal cuando tienes algunas cosas en el frigorífico que ves que se te van a poner malas pero que no te pegan en ningún otro plato de los que tienes pensado para esa semana.


Yo las he hecho de espárragos trigueros, de jamón, de setas, de calabacín, de tomate…de cualquier cosa que se me ha ido ocurriendo. La mayoría de los ingredientes los he sofrito un poco antes de echarlos a la quiche (sin pasarse, tened en cuenta que se van a seguir haciendo todavía un rato mientras están en el horno).

4. Conservación.


La quiche aguanta tres días en el frigorífico tapada y se puede calentar sin problema en el microondas sin que pierda sabor.

jueves, 5 de agosto de 2010

A la rica rosquilla, para el niño y la niña



Bueno, después de dos semanas prometiendo esta receta y sin poder ponerla, aquí os la dejo por fin: las rosquillas a mi estilo.


1. Receta.

¿Qué ingredientes necesitamos?

- 2 huevos.

- 50 ml. de leche.

- 100 g. de azúcar.

- 1 dl. de aceite.

- 300 g. de harina.

- 1 sobre de levadura en polvo.

- Harina y azúcar para espolvorear.

- Aceite para freír.

- Zumo de limón.

Con estos ingredientes sale una fuente con rosquillas suficientes para que desayunen cuatro o cinco personas que no sean muy tragonas.

¿Y cómo se hacen?

En un cuenco, se mezclan los huevos con la leche, el azúcar, el aceite, la harina y la levadura. Se añade el zumo de limón y se amasa muy bien.

Hay que tener mucho cuidado al añadir el zumo de limón. Se añade poco a poco, removiendo cada vez, para que se mezcle bien.

La masa tiene que quedar un poco pegajosa, pero no excesivamente. Se os tiene que pegar a los dedos pero estar compacta, que si la cogéis con el tenedor con el que la estéis mezclando, no se caiga, no esté nada líquida.

Truco: si os habéis pasado con el zumo y os ha quedado muy clara, tan sólo hay que añadirle más harina. El único problema es que, cuanta más harina tengan, más secas quedarán, menos esponjosas, así que no hay que pasarse…

Una vez que ya tenemos la masa en su punto, nos enharinamos las manos y vamos cogiendo pequeños puñados de masa y los convertimos en palitos de masa que luego enrollamos dejando como un minidonut, con la forma tradicional de la rosquilla. Sobre como cerrarlo, cada uno a su estilo. Hay quien prefiere pegar los dos extremos, quien prefiere anudarlos, quien los monta uno sobre otro…las rosquillas tradicionales son pegando los dos extremos. Hay que pegarlos muy bien para evitar que luego se abran al freír las rosquillas (aunque es inevitable que alguna se abra, no hay que obsesionarse con eso…).

Una vez montadas todas las rosquillas, se echa aceite abundante en la sartén, se pone el fuego medio y se van friendo, dándoles la vuelta para que se hagan por todos lados y con mucho cuidado de que no se quemen. La vuelta hay que darla con dos cucharas o tenedores, para evitar que se rompa la masa y se nos destrocen las rosquillas.

De la sartén se pasan a un papel absorbente de cocina para retirar el aceite sobrante. Una vez escurridas, se pone azúcar en un plato y se rebozan bien las rosquillas por todos los lados de manera que el azúcar se quede bien impregnado.

Y, en cuanto se enfríen, ¡ya están listas para comer! (conozco a gente que se las come cuando aún están calientes porque no puede esperar, pero eso da bastante dolor de barriga, así que no lo recomiendo).


2. Historia.

Existen muchas historias sobre la invención de las rosquillas. Una de ellas sostiene que un capitán de mar danés llamado Hanson Gregory, durante una tormenta particularmente violenta, necesitó ambas manos para manejar el timón del barco y empaló una torta frita sobre el timón.

Las primeras recetas aparecen en la Edad Media, aunque parece que el origen de la formula de la masa de las rosquillas se remonta a tiempos del imperio romano, donde se encontraban más de cincuenta hornos de pan en la capital, que tenían la obligación de hacer una cantidad de pan diaria según ordenanzas de César; sin embargo, una vez terminada su labor fija, podían elaborar otros productos aprovechando el calor del horno, entre ellos empanadas y rosquillas.


3. Variaciones.

Las rosquillas más conocidas son las tontas y listas, junto con las francesas y las de santa Clara, todas ellas típicas de Madrid y que se acostumbra consumir en el periodo que oscila entre el primero de mayo y el final de las fiestas de san Isidro.

Aunque todas están hechas a partir de la misma receta, cada una de ellas difiere en su acabado final: las rosquillas tontas no llevan nada, no van bañadas, de ahí su nombre, tontas, indicando la simpleza de su masa; las listas van bañadas con un azúcar fondant (elaborado con un sirope de azúcar, zumo de limón y huevo batido) del color que se le quiera dar (es habitual el amarillo); las de Santa Clara van recubiertas con un merengue seco, originalmente blanco; y las francesas se acaban rebozándolas en granillo de almendra (azúcar glasé y almendras partidas).


4. Curiosidades.

En algunas épocas en las celebraciones de San Isidro existía una vendedora llamada Tía Javiera que procedía unos dicen que de Fuenlabrada, otros que de Villarejo de Salvanés, afamada por sus rosquillas. Tal era su fama que pronto los tenderetes vendían sus rosquillas afirmando ser familiares de la Tia Javiera. Esto hizo que se creara un sainete antiguo que rezaba:


“Pronto no habrá, ¡Cachipé!

en Madrid duque ni hortera

que con la tía Javiera

emparentado no esté”.


Tradicionalmente, en la zona de Reinosa (Cantabria, España), se conservaban las rosquillas en invierno en recipientes enterrados en la nieve de las montañas. Este postre también es típico de Santillana del Mar.

En Galicia las rosquillas se consumen en todas las romerías y fiestas populares, siendo las elaboradas en Puenteareas de las más conocidas.


5. Conservación.

Las rosquillas se ponen duras con facilidad si no se dejan en un recipiente tapadas. Aguantan unos cinco días. Si están sólo duras, pero no tienen manchas (es decir, no se han enmohecido), se pueden seguir consumiendo, simplemente mojándolas en leche, café o cacao, a gusto del consumidor.

martes, 20 de julio de 2010

¿Engordando este verano? Lenguado al horno



Como la semana pasada al final no pude poner ninguna recetilla y esta semana parece que se complica, aquí os dejo una mini receta fácil y sabrosa para alguna de estas noches: lenguado al horno. Mi hermana y yo la cenamos ayer y quedó riquísima.


¿Qué ingredientes necesitamos? Para cada comensal necesitamos


- 2 tomates.

- 1 lenguado (se puede sustituir por otros pescados, teniendo siempre en cuenta que el tiempo de permanencia en el horno variará en función del tipo de pescado).

- 1 cebolla pequeña.

- 2 puñados de champiñones laminados.

- zumo de limón.

- sal.

- pimienta.

- vino blanco.

- aceite.


¿Y cómo se hace?


Lo primero vamos a preparar un sofrito con la cebolla y los champiñones. Ya sabéis, para dorar la cebolla, aceite suficiente y el fuego bajito o medio, nunca alto que se quema. Una vez la cebolla empiece a estar tierna, se echan los champiñones que habremos lavado (para quitarles la tierra que siempre les queda) y picado previamente. Se sube a fuego medio o medio vivo y se echa sal y pimienta. Se deja que se cocinen moviéndolos de vez en cuando para que no se quemen.

Mientras el sofrito se acaba de hacer, se lavan los tomates y se cortan en rodajas, que se distribuyen por el fondo de la bandeja que se meterá al horno con los pescados. Un vez tenemos esta cama de tomate preparada, ponemos los pescados encima y los cubrimos con el sofrito de champiñones. Echamos el zumo de medio limón para cada dos comensales y un chorrito de aceite sobre cada montaña de pescado y champiñones y lo metemos todo al horno.

El horno se debe haber precalentado a 200º, pero se debe bajar a 150º cuando se mete el pescado, para evitar que se queme por fuera y no acabe de hacerse por dentro. Cuando ya lleva unos 10 minutos en el horno, se remueven un poco los champiñones y los tomates (que ya habrán empezado a hacerse) y se echa un chorrito de vino blanco por encima de los pescados. Se deja otros 5-10 minutos en el horno, se saca y…¡¡a comer!!

Truco: Se puede sustituir la cama de tomates por una de patatas cortadas en rodajitas. En ese caso, se debe meter esta cama de patatas al horno para que se hagan un poco antes de poner el resto de ingredientes, ya que las patatas tardan mucho en hacerse. Una vez que las patatas han estado unos 10 minutos en el horno, ya se puede seguir con la receta como si de tomates se tratase o, incluso, poner entonces tomates y hacer así una doble cama o cama mixta.

Si lo acompañáis de un buen vino blanco y de un sorbete de postre, tenéis una cena sana y nutritiva, a la par que agradable. Y si lo acompañáis de agua y una macedonia (lo que me recuerda que un día de éstos tengo que daros la receta de la macedonia a la menta), tendréis una cena no sólo agradable, sino también baja en calorías ;o)

lunes, 5 de julio de 2010

Deliciosos paquetes de pasta filo de verdura



Esta recetilla se la debemos a mi amiga Aída, que además de ser una crack como profesora de danza del vientre y bailarina, se dedica a menudo a los fogones con éxitos clamorosos.

Los ingredientes que necesitamos son:

• ½ calabacín

• 1/4 puerro

• 2 zanahorias pequeñas

• 4 láminas de pasta filo o brick (da lo mismo)

• aceite

• sal

• queso

• vinagre de módena con azúcar para hacer una reducción

¿Y cómo se hace?

Pela y pica las zanahorias. Limpia y pica los puerros. Pica el calabacín (con piel) y dora las verduras en una sartén con un chorrito de aceite. Salpimienta.

Se pueden hacer con la mitad de un círculo o con uno entero y habrá mucha pasta, a mí me gustan más con medio círculo. Se deja enfriar un pelín la verdura, se mezcla con trocitos de queso (a gusto de cada uno, pero es preferible que sea suave y fundente) y se pone un poco de relleno en el centro. Se dobla hacia dentro, luego los lados hacia dentro otra vez y después sobre sí mismo (no sé si me explico, os debería quedar con la misma forma que los rollitos primavera de los retaurantes chinos).

¡Mucho cuidado con este tipo de pasta! Hay que sacarla de la nevera justo cuando se va a usar (yo las voy sacando de una en una según las voy liando, aunque las deje dentro de la bolsa) o se ponen como una piedra.

Arguiñano pone mantequilla fundida en los bordes para cerrarlo, pero no hace falta. El último doblez lo pones boja abajo al freírlo para que no se abra y listo. El aceite tiene que estar caliente pero no muy fuerte.

Se puede rellenar con verdura y pescado, con carne, setas y jamón… los puedes hacer dulces con frutos secos, en fin… casi como una crêpe que acepta de todo, pero… tiene un pero: que no quede líquido, el relleno tiene que estar espesito o te quedas sin comer.

Bien, pues ahora la reducción de vinagre. No recuerdo muy bien cuanto azúcar echaba porque creo que lo hacía ojo, pero era algo así como una cucharada de azúcar moreno por cada 100cc. Se puede hacer también con miel o comprarlo hecho. Si la haces dura un montón en la nevera, es como el caramelo líquido.

Tiene que hervir, pero flojito hasta que reduzca a un tercio más o menos, ya la verás espesita (siempre espesa más al enfriar) y después sirve para darle un toque especial a ensaladas y otros fritos. He probado con otros vinagres y también están muy ricos.

No sirvas sólo los paquetes sin un chorrito de reducción (o también puedes probar con algo de mermelada rebajada, para darle un toque de contraste), porque si los sirves solos quedan sosos y además el chorrillo ya sabes que decora mucho. Pon un poquito más en una salsera porque la gente se reengancha.

¡Bon Appétit!

Trucos varios:

Se puede dejar hecha la reducción y el relleno y simplemente freirlo cuando se llegue a casa.

Cuidado con la reducción de vinagre porque ves el humillo de la evaporación, te confías y cuando te quieres dar cuenta la has liado parda.

Yo no sé vosotros, pero yo pienso probar esta recetilla de Aída esta misma semana ñamñamñam