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viernes, 4 de noviembre de 2011

Crepes dulces o saladas, para el desayuno o la merienda cocinadas



Esta semana mi intención era poneros la receta de los buñuelos, dulce típico español del Día de Todos los Santos, pero no conseguí que me salieran bien, así que tendré que seguir practicando para poderos dar la mejor receta posible. Mientras tanto, espero que sepáis perdonarme con esta receta, que igual puede hacerse dulce que salada: crepes.




1. Receta.

Los ingredientes que necesitamos para hacer entre cuatro y ocho crepes (depende de lo gorditas que las hagáis) son:

- 100 g. de harina.

- 2 huevos.

- medio litro de leche.

- 25 g. de mantequilla.

- un pellizco de sal.

- mantequilla para dorar los crepes.

- el relleno escogido para las crepes (tenéis algunas sugerencias más abajo).


¿Y cómo se hace?

Se ponen en un vaso de batidora la harina, los huevos, la leche, la mantequilla y la sal. Batimos hasta que tengamos una masa líquida sin grumos. A veces queda como espuma encima, pero no deben quedar trozos de mantequilla.

Se unta la sartén en la que vamos a hacer los crepes con una pizca de mantequilla para evitar que se pegue la masa. Se pone a fuego suave o, si tenéis prisa, a fuego medio. (Nota: no ponerlo nunca a fuego fuerte, porque se quemará por fuera y la masa se quedará cruda por dentro).

Se echa la masa poco a poco del centro a los lados hasta cubrir la sartén con una capa de masa del grosor elegido (Nota: si echáis mucha masa en los lados, se quedarán los crepes con un reborde exterior que os dificultará el poder darles la vuelta). Dependiendo de cuánta masa echéis, os quedarán unos crepes más finos o más gordos, depende de lo que os apetezca ese día. Para unos crepes normales, no muy gordos, hechos en una sartén mediana, debéis echar dos cucharones de sopa, aproximadamente (Nota: el tamaño y grosor de vuestros crepes dependerá no sólo de cuánta masa echéis, sino también del diámetro de vuestra sartén. Tened siempre en cuenta que cuando más grande sea la sartén, más grandes serán los crepes y, por lo tanto, más complicado será poder darles la vuelta).

Se van levantando los bordes de los crepes de vez en cuando para ir viendo si se van dorando o no. Una vez vemos que están realmente doraditos por la parte que está en la sartén, se les da la vuelta con una espátula, teniendo cuidado de que no se doblen (Nota: si sois muy habilosos, podéis darles también la vuelta lanzándolos al aire y volteando la sartén, pero el método de la espátula es ciertamente más seguro y va a evitar que acabéis con la cocina llena de masa para crepes).

Se dejan dorar también por el otro lado y se sacan de la sartén.

Y ya sólo queda que pongáis el acompañamiento. Lo bueno de esta receta es que combina igual con dulce que con salado.

Si os decidís por un acompañamiento dulce, mis sugerencias serían:

- con azúcar morena y zumo de limón.

- con sirope del sabor que más os guste.

- con mermelada de vuestro sabor favorito.

- con nata y chocolate.

- con chocolate y nueces.

- con dulce de leche.

- con yogur y frambuesas/fresas.

- con nutella y plátano en rodajas.

Si os apetece más algo salado, optaría por:

- jamón serrano.

- queso del tipo que más os guste.

- tiras de pollo con mostaza antigua y salsa alioli.

- cebollita caramelizada y queso de rulo de cabra.

- revuelto de gulas y gambas.

- salsa cremosa de champiñones/seta y bacon.

- ricotta, piñones tostados y miel (Nota: ésta es un poco más cara, porque los piñones andan a un precio en España…).

- salmón ahumado, eneldo y queso de untar.


2. Historia.

El origen de este plato se sitúa en la época del Imperio Romano. La palabra crepe viene del latin “cripus” que significa crespo u ondulado.

Posteriormente reaparecen en Francia en el siglo XIV, donde eran comida de pescadores y campesinos, que las usaban para acompañar sus platos habituales.


3. Curiosidades.

Durante el martes de Carnaval y la fiesta de la Candelaria, toda Francia se divierte comiendo crepes.

En Inglaterra se celebra el Día de los Panqueques (otro nombre con el que se conoce a los crepes) el último martes antes de empezar la cuaresma.

El chef Paul Dedroog, originario de la ciudad de Sint-Katelijne-Waver en Bélgica batió el récord formando una torre solamente con crepes que alcanzó los 77 cm. de altura con un total de 203 crepes. En ella se utilizaron un total de 24 kilogramos de masa y los crepes fueron unidos uno con otro con algunos aderezos como miel y mermelada.


4. Conservación.

Este plato aguanta un día en el frigorífico, pero está mucho mejor recién hecho y calentito. Lo que sí aguanta varios días en el frigorífico es la masa, por si hacéis de más.

No se puede congelar.


martes, 18 de octubre de 2011

¿No sabes que desayunar? Estas galletas de chocolate has de probar...



Hoy llegamos con una receta muy, muy dulce, sólo apta para los más golosos: galletas de chocolate.





Con los siguientes ingredientes salen unas 18 galletas grandecitas (tamaño Starbucks, para que os hagáis una idea):

- 225 g. de harina.

- 150 g. de chocolate.

- 100 g. de mantequilla.

- 1 huevo.

- 75 g. de azúcar blanca.

- 100 g. de azúcar morena.

- un pellizco de sal.

- 1 cucharadita de postre de azúcar vainillada.

- medio sobre de levadura.


¿Y cómo se hace?


Mezclamos la mantequilla con el azúcar blanca y la morena (Nota: la mantequilla tiene que estar blanda para que se pueda mezclar bien, así que conviene haberla sacado del frigorífico al menos quince minutos antes).

Agregamos a la mezcla anterior el huevo, el azúcar vainillada y la sal. Removemos y mezclamos muy bien.

Añadimos la levadura y el chocolate cortado en trocitos muy pequeños (Nota: hay marcas de chocolates que hacen gotas de chocolate, lo que es muy útil en esta receta, porque nos evita tener que cortar todo el chocolate en trozos tan pequeños). Sólo se añaden los trozos, no las virutas de chocolate que han ido quedando al cortarlo con el cuchillo (Nota: si incluís esas virutas, se mezclaran con la masa y os quedará como manchada. está buena, pero no hace buen efecto).

Vamos añadiendo la harina tamizada y vamos mezclando hasta tener una masa homogénea (Nota: para tamizar la harina, tan sólo hace falta echarla a través de un colador).

Colocamos la masa sobre un papel film transparente dándole forma de cilindro, la envolvemos y la metemos en la nevera durante al menos dos horas (Nota: puede estar más horas, lo importante es que la masa esté más bien dura cuando la saquéis del frigorífico).

Precalentamos el horno a 180º arriba y abajo sin aire y preparamos una bandeja de horno en la que ponemos en la base papel vegetal.

Con la ayuda de un cuchillo vamos cortando rodajas de la masa y les vamos dando la forma de galletas con las manos, haciendo bolitas y aplastándolas sobre el papel de horno hasta dejarlas planas. Vamos colocando las galletas separadas (Nota: si las colocáis muy juntas, como cogen un poco de volumen al hornearse, se pegarán y se romperán al separarlas).

Horneamos durante aproximadamente 10 minutos. Ésta es la parte complicada de esta receta. Las galletas se tienen que sacar del horno cuando todavía están blandas, porque se van endureciendo en la primera hora fuera del horno. Por eso, el momento para sacarlas es cuando el borde de la galleta empieza a coger color doradito. Sacarlas sin romperlas puede ser bastante difícil. Yo uso una espátula de metal bastante grande que meto por debajo de la galleta y otra espátula de madera más pequeña con la que me ayudo para acabar de sacarlas.


2. Historia.

la galleta es considerada uno de los primeros alimentos cocinados. Se han encontrado galletas de más de seis mil años cuidadosamente envueltas en yacimientos en Suiza.

Las galletas aparecen tal y como las conocemos en la Edad Antigua. En aquella época eran eran muy sencillas y apenas admitían variedad. Eran obleas planas y duras, cocidas dos veces. En Roma, durante el S.III el chef Apicius las llamó Bis Coctum (origen de la palabra biscuit). Prácticamente todas las grandes culturas de la antigüedad (Persa, Asiria, Egipcia, Judía, Griega, Romana y otras procedientes del Lejano Oriente) utilizaron estos cereales cocidos para afrontar largas caminatas y combates, siendo un alimento habitual de militares y marineros. Se amasaba el cereal con agua, mojándolo cada poco tiempo, y luego se preparaban las tortas redondas que, puestas sobre una piedra plana y cubiertas de ceniza para que se secaran, eran la base de la alimentación de los soldados y sus familias. Solían tomarse mojadas en vino o sopa.

En la Edad Media se generalizó el cultivo de cereales, aumentó la población y el consumo de galletas se extendió rápidamente, convirtiéndose así en un alimento popular, especialmente entre campesinos y cruzados. Se les añadía huevo y el jugo de la carne para hacerlas más nutritivas, por lo que también ocuparon un lugar preferente en las bodegas de los navíos. Llegaron a sustituir al pan en travesías largas, gracias a su mejor conservación y facilidad de transporte.

Durante el Renacimiento, los Médicis introdujeron por primera vez en la Corte las galletas, presentándolas como algo sabroso para acompañar a una bebida caliente (se acababa de descubrir el chocolate). Es en esta época cuando la galleta pasa de ser un alimento básico, habitual en largas travesías, a uno de placer.


3. Curiosidades.

las galletas eran el principal alimento a bordo de las tres carabelas que descubrieron América en 1492.

La palabra “galleta” se tomó prestada de un alimento habitual en Francia en el S.XIII, una especie de crêpe plana llamada galette.


En Europa, nada más acabar la II Guerra Mundial, se popularizaron las galletas recubiertas de chocolate, representando así la llegada de la paz.

Las galletas de la región Iga, lugar de origen de los ninja en Japón, llevan el espirítu de fortaleza ninja, porque en efecto, estas galletas Ninja Katayaki, son bastantes duras y lo son tanto, que necesitas un mazo de madera para partirlas.

En una encuesta y conteo de datos la mitad de los británicos han sufrido de alguna quemadura o lesión por sopear sus galletas en el café durante el descanso de media mañana. La galleta más “dañina” es la “Custard Cream Biscuit”.


4. Conservación.

Como mejor están es el día que se han hecho o al día siguiente, porque a partir del segundo día se ponen bastante duras. No obstante, aguantan bien cuatro o cinco días, aunque los últimos no se pueden comer si no se mojan en leche. La mejor manera de conservarlas es en una lata cerrada.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Con chocolate o con fresas, que ricas las magdalenas…



 
Después de un tiempo de ausencia por cuestiones logísticas (¡¡me he mudado por fin!!), hoy os traigo una receta que se hace en poco tiempo (apenas una hora-hora y cuarto) y que está súper rica. ¡¡Lo malo es que crea adicción!! Hoy cocinamos unas ricas magdalenas de fresa y/o de chocolate…


1. Receta.

Para disfrutar de 26 magdalenas de tamaño estándar, los ingredientes serían:

- 2 huevos.

- 200 g. de azúcar.

- 250 g. de harina.

- 1 vaso de leche (Nota: el tamaño estándar, ni muy grande ni muy pequeño. Lo más importante es que uséis el mismo vaso para la leche y el aceite).

- Medio vaso de aceite.

- 1 sobre de levadura en polvo.

- Mermelada de fresa (o de otro sabor a vuestra elección).

- Chocolate para fundir o pepitas de chocolate.

- Pepitas de chocolate al gusto para decorar.


¿Y cómo se hace?


Nota previa: Necesitáis moldes de papel para magdalenas y un molde o dos de metal para magdalenas. Los moldes de papel se venden en muchas tiendas y supermercados. Si vais a hacer magdalenas de distintos sabores, es mejor comprar moldes de distintos colores, porque una vez hechas es difícil distinguir de qué sabor era cada una. Los moldes de metal para colocar las magdalenas son necesarios porque si se colocan las magdalenas en los moldes de papel directamente sobre la bandeja del horno, se queman las magdalenas por abajo. Los míos los he comprado en el chino de debajo de mi casa, pero los hay ya en muchas tiendas también.

Se baten bien los huevos con el azúcar. Se añade la leche y el aceite y se vuelve a batir.

En un bol aparte se mezcla la harina con la levadura, que se agrega tamizada a la mezcla anterior. (Nota: para tamizar, lo único que hay que hacer es echar la mezcla a través de un colador).

Una vez mezclado todo, se rellenan los moldes. Tenéis que llenarlos hasta aproximadamente dos tercios del molde de papel.

Si vais a hacer las magdalenas simples, las podéis meter ya en el horno.

Si las vais a hacer de fresa, antes de meterlas en el horno se les echa una cucharadita de mermelada de fresa por encima. No os preocupéis, como la mermelada pesa más que la masa, cuando se vayan haciendo en el horno irá bajándose, de tal manera que se quede en el interior de la magdalena. (Nota: se pueden hacer de cualquier cosa que haya mermelada: naranja amarga, ciruela…Yo las he hecho de albaricoque y salen buenísimas).

Si las vais a hacer de chocolate, podéis hacerlas de dos maneras: con chocolate para fundir o con pepitas de chocolate. En ambos casos, se debe poner la masa hasta la mitad del molde, echar entonces una cucharada de chocolate para fundir que hayáis derretido previamente o las pepitas de chocolate y luego acabar de rellenar hasta los dos tercios del molde. Si las echáis por encima de la masa como hemos hecho con la mermelada, el chocolate quedará sobre la magdalena y no dentro. (Nota: personalmente prefiero hacerlo con chocolate fundido, porque las pepitas a veces no acaban de fundirse y se quedan trozos dentro de la magdalena. Al chocolate yo le añado una mezcla especial para que quede más jugoso: dos cucharadas de azúcar, una yema de huevo y una cucharada de mantequilla, todo bien mezclado previamente y fundido en el chocolate).

Se precalienta el horno arriba y abajo a 180º.

Se meten las magdalenas en el horno a 180º durante 25 minutos aproximadamente. Cuando se meten en el horno, se pone solamente por abajo para que suba la masa. Una vez haya subido, ya lo ponemos también por arriba para que se terminen de dorar. (Nota: normalmente es como 20 minutos por abajo y los cinco o diez últimos minutos arriba y abajo).

Se pueden decorar con pepitas de chocolate por encima cuando todavía estén calientes y dejar que se derritan.



2. Historia.


Aunque parezca mentira, apenas he podido encontrar referencias al origen de las magdalenas.

Dos teorías son las que má aparecen en distintos textos de cocina.

Según la primera de ellas, las magdalenas tendrían su origen en Francia, elaboradas por primera vez por una sirvienta de nombre Madeleine Paulmier, quien elaboró unos pastelitos para Stanislas Leszczynski, rey de Polonia, que quedó maravillado por el sabor de estos pequeños manjares.

La otra teoría dice que las magdalenas tienen su origen en la época de los peregrinajes a Santiago de Compostela. Una joven llamada Magdalena, solidaria con los peregrinos, les dio de comer unos deliciosos pastelitos con forma de concha. Desde entonces, la receta de esta joven samaritana se implantaría en toda España y resto de Europa.



3. Conservación.


Las magdalenas aguantan hasta cinco días blanditas, siempre que toméis la precaución de taparlas con papel albal.

No se pueden congelar.


martes, 18 de enero de 2011

Qué ricas las nueces, sobre todo si van dentro de un rico pan



Aquí os dejo otra de las recetas de otra de mis colaboradoras habituales: PAN DE NUECES.

Tiene una pinta estupenda, Ali, gracias por compartirla con nosotros.

Ingredientes:

- 2 huevos.

- 200 g. de azúcar.

- 200 g. de mantequilla.

- 1 taza de café grande de leche templada.

- 150 g. de pasas de Corinto (sin pepitas).

- 200 g. de nueces peladas.

- 2 cucharillas bien llenas de levadura Royal.

- Harina: la que se necesite (orientativo: unos 400g.)

Preparación:

Mezclar en la batidora los huevos, el azúcar, la mantequilla y la leche. Se pone esta crema en un bol grande.

Poner la harina en un plato bien grande y mezclarla bien con la levadura Royal. Echar un poco de harina mezclada sobre la crema del bol y encima un puñado de pasas y se vuelve a echar harina mezclada para cubrir las pasas y a continuación mover con una cuchara la crema hasta que absorba las pasas. Volver a repetir el proceso hasta acabar las pasas y la harina mezclada.

Finalmente, añadir las nueces y moverlo todo bien hasta que quede uniforme.

Preparar un molde de plumcake alargado, forrarlo en su interior con papel albal e impregnarlo con aceite para facilitar el desmolde. Echar el contenido del bol en el molde y taparlo con papel albal. Hay que dejarlo dos horas por lo menos en un lugar calentito, que puede ser el horno a 50ºC o algo menos, o encima de un radiador. Una vez que la masa haya subido se mete al horno moderado (180ºC) unos 45 minutos y se paga el horno y se deja enfriar.

Nota: Se pueden poner las pasas en remojo en ron unas horas antes de usarlas y no resulta mal.

No sé a vosotros, pero a mí se me está haciendo la boca agua sólo de pensarlo...

viernes, 26 de noviembre de 2010

Una tarta de chocolate para niños…y no tan niños jejeje




Esta tarta de chocolate la he puesto en muchos de mis cumpleaños (algunos os acordaréis de ella) y siempre ha sido muy celebrada, a pesar de lo simple que resulta. Y muchos habéis pedido insistentemente la receta, así que, aquí la tenéis…


1. Receta.

- 5 galletas María (de las de desayuno de toda la vida) por cada ración de tarta.

- 1 tableta de chocolate negro para postre.

- 2 huevos.

- una cucharada sopera de mantequilla.

- 2 cucharadas soperas de azúcar.

- 1 l. de leche (dependiendo del tamaño de la tarta, necesitaréis más o menos).

- una bolsa pequeña de plástico (ya veréis luego para qué vamos a usarla).

¿Y cómo se hace?

Ya veréis qué fácil.

Primero se hace el chocolate con parte de la leche. El chocolate siempre hay que hacerlo a fuego lento, porque tiene tendencia a quemarse en cuanto uno se descuida. Se puede hacer también al baño maría (poniendo el chocolate en un cazo que se mete en otro cazo en el que hemos puesto agua al fuego, de tal manera que el cazo con el chocolate queda “flotando” en el cazo grande que está en contacto con el fuego). Lo más importante es que el chocolate quede espeso, porque luego lo vamos a usar como relleno de la tarta.

Cuando ya está derretido, sin dejar de remover, se le añaden las dos yemas de huevo un poco movidas con un tenedor (no hace falta que estén batidas), la cucharada de mantequilla y las cucharadas de azúcar. Reservamos las claras de huevo en un vaso para después.

Se remueve todo bien hasta que la masa de chocolate quede de nuevo homogénea y sin grumos. Retiramos el chocolate del fuego y lo dejamos enfriar un poco.

Ponemos leche en un cuenco o plato. Cogemos las galletas que queramos poner en cada ración para hacer las alturas. Debéis poner cuatro o más, porque menos de cuatro quedan las raciones muy bajitas. Tampoco os paséis, porque no es cuestión de empacharse.

Preparamos una bandeja donde vamos a colocar la tarta. La bandeja debe tener bordes, porque si no el chocolate de la cobertura se puede salir. Yo os aconsejo medir primero poniendo la primera galleta de cada ración para ver si os caben todas. Tened en cuenta que luego van a estar un poco más hinchadas, así que no dejéis el sitio muy justo.

Cada galleta se moja en la leche y se pone en la bandeja. Yo suelo darles 4 vueltas. Se trata de que queden un poco más blandas, pero sin que sea demasiado, porque siguen chupando leche sobrante cuando las ponemos en la bandeja.

Encima de cada galleta ponemos un montoncito de chocolate. Repetimos la operación tantas veces como capas vaya a tener nuestra tarta. En la última vez, ponemos sólo la galleta mojada, sin montoncito de chocolate.

Cogemos el chocolate sobrante y el sobrante de la leche de mojar las galletas (colarla primero para que no queden trocitos de galleta) y lo volvemos a poner al fuego, añadiendo más leche y más chocolate si es necesario. Esta vez se trata de que quede el chocolate normal, ni muy espeso ni muy claro.

Una vez hecho este chocolate más claro, se echa por encima de las raciones de galleta, intentando que cubra completamente cada una de ellas.

Se mete a la nevera por lo menos una hora. Se saca quince minutos antes de servirla. Se baten las claras que hemos reservado a punto de nieve. Se meten en la bolsa de plástico, a la que se le corta un pico, de tal manera que la podamos usar como manga pastelera casera. Decoramos así la tarta. Esta decoración no es necesaria (yo casi nunca la pongo), pero es una buena manera de aprovechar las claras en vez de tirarlas, si no tenéis ningún otro plato en el que usarlas.

Y a comer, rico rico…

2. Conservación.

Si os sobra un poco (que no suele pasar), podéis guardarlo unos días (máximo cinco) en la nevera.




viernes, 12 de noviembre de 2010

Macedonia de menta, oiga, sana y fresca

Hoy vamos a hacer un plato muy fácil, que hace que los niños coman fruta sin problemas y en cuya elaboración pueden participar: macedonia de frutas a la menta.


1. Receta.

Notas previas:

1. Tened en cuenta que, aunque es un postre muy fácil de hacer, se tarda bastante tiempo en pelar y cortar todas las frutas, así que no es algo que se pueda hacer de manera improvisada en cinco minutos, como nuestro paté de aceitunas.

2. No siempre se ponen en esta receta las mismas frutas, depende de la temporada. Aunque algunas frutas las tenemos a mano todo el año, como la manzana, otras, como las sandías, no siempre son tan fáciles de encontrar. Innovad y probad con distintas combinaciones, desde la más sencilla con manzana, plátano y naranja, hasta las más exóticas con mango, rambutanes y fruta del dragón.


Para que os salga como para 5 personas, los ingredientes serían:

- 1 racimo de uvas.

- Media sandía.

- 1 plátano.

- 2 kiwis.

- 8 fresones.

- 2 melocotones.

- 2 manzanas.

- 2 naranjas.

- 100 g. de azúcar.

- 3 ramas de menta fresca.

- Zumo de medio limón.


¿Y cómo se hace?


Ponemos en un cazo las tres ramas de menta fresca enteras, junto con el zumo de limón colado y el azúcar. Lo calentamos a fuego lento durante 10 minutos aproximadamente, hasta que se haya convertido en un almíbar. Lo dejamos enfriar con las ramas de menta todavía dentro del cazo.

Pelamos y cortamos todas las frutas en trozos pequeños y las colocamos en una ensaladera. Quitamos las pepitas cuando sea necesario (por ejemplo, en el caso de las uvas). Si tenéis una cucharilla especial para hacer bolitas (vaciador de melón), se puede hacer eso con algunas frutas, como la sandía o el melón.

Sacamos las ramas de menta del almíbar y lo vertemos por encima. Si veis que se ha quedado muy espeso, podéis templarlo un poco en el fuego antes de echarlo por encima de la macedonia, pero sacando antes las ramas de menta (si las dejáis dentro, se queman y el almíbar acaba sabiendo a hierba requemada). No os preocupéis porque parezca poco almíbar para mucha fruta, porque en el tiempo de reposo se va a mezclar con el jugo que suelte la propia fruta y habrá suficiente a la hora de servirlo.

Dejamos reposar la mezcla en el frigorífico hasta 15 minutos antes de tomarla, momento en el que la sacaremos para que no esté tan fría. Dejadla reposar en el frigorífico al menos una hora, si no habrá muy poco líquido.

Para la presentación, se puede hacer directamente de la ensaladera o repartirla en cuencos más pequeños. Incluso se puede colocar en vasos o copas. Yo le pongo a cada cuenco o copa unas hojas de menta para adornar.

Sugerencia de cambio en la receta: hay gente que le echa también canela a la hora de hacer el almíbar, pero a mí me parece que queda demasiado dulzón, mientras que sólo con la menta el sabor es muy fresco. Pero, si queréis probar, necesitáis una rama de canela que pondréis en el fuego junto con las ramas de menta y el zumo de limón y azúcar.


2. Historia.

Este plato es conocido en muchos países como ensalada de frutas. Se la llama macedonia desde el siglo XVIII en referencia y homenaje al imperio macedonio, donde también existía una mezcla de gente de distintos pueblos, culturas y lenguas.

3. Variantes.

En Argentina y Chile la macedonia es una ensalada de fruta acompañada de helado.

En Francia la macedonia de vegetales o macédoine de légumes es un plato caliente que consiste en vegetales servidos con mantequilla o un plato frío de vegetales cortados en forma de dados muy parecido a la ensaladilla rusa. En su versión fría, a veces se sirve con mahonesa con una pizca de aspic.


4. Conservación.

La fruta se oxida muy rápidamente, aunque se conserve en el frigorífico, por lo que no es conveniente guardar las sobras de este plato más allá de la cena de ese mismo día o la siguiente comida y siempre bien tapado dentro de la nevera. No se puede congelar.

viernes, 29 de octubre de 2010

A falta de un chocolate...¡¡tarta de tres chocolates!!!

Esta receta que me ha pasado mi amiga Cristina, tengo que probar a hacerla, porque tiene una pinta...Ahí va...



Para una tarta de tres chocolates como para seis personas necesitamos los siguientes ingredientes:

- 150 g de chocolate negro.

- 150 g de chococolate con leche.

- 150 g de chocolate blanco.

- 450 g de azúcar (para los poco golosos, se puede reducir la cantidad de azúcar al gusto).

- 1 litro de nata.

- 1/2 litro de leche.

- 3 sobres de cuajada.



¿Y cómo se hace?

 Se mezcla la nata con la leche y se reparte en tres porciones de medio litro cada una.

Se cubre el fondo de un molde desmontable con una mezcla de galletas María pulverizadas y mantequilla fundida bien mezclada (Cris: como la base de la tarta de queso que ya hemos hecho en este blog). Se va extendiendo con los nudillos hasta que cubra todo el fondo.

Se pone medio litro de nata con el chocolate negro, 150 g. de azúcar y un sobre de cuajada, se deshace todo a fuego lento y cuando se ha desecho se vuelca en el molde. Se deja enfriar y cuajar.

Hacemos lo mismo con otro medio litro de nata, 150 g. de azúcar, el chocolate con leche y otro sobre de cuajada. Volcamos con cuidado sobre la capa de chocolate negro ya cuajada. Dejamos cuajar.

Lo mismo con el resto de nata, de azúcar, el otro sobre de cuajada y chocolate blanco y lo vertemos sobre la capa de chocolate con leche.

Se mete en la nevera y se desmolda cuando esté ya cuajada, dejando la base del molde desmontable o congelando la tarta y desmoldándola completamente.

Se adorna y ¡¡a comer!!

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Sana, sana, bizcocho de manzana...

Ya sé que estamos yendo contracorriente, que ahora que todo el mundo quiere ponerse a dieta para recuperarse de los excesos del verano, en este blog no hacemos más que poner bizcochos...

Ello se debe a que ando de cabeza liada con el trabajo y con algunas cuestiones personales y no he tenido tiempo de acercarme por los fogones todo lo que me gustaría.

Menos mal que tengo buenas amigas, como Cristina, que me ha prestado esta receta de bizcocho de manzana que tiene una pinta...

Para este bizcocho necesitamos los siguientes ingredientes:


• 3 huevos

• 250 g. azúcar (2 medidas de vaso de yogur)

• 3 o 4 manzanas Golden

• 250 g. harina (1 cucharada sopera son 20g.)

• 1 sobre de levadura

• 1 yogurt

• 100 g. aceite (1 medida de vaso de yogur)

• Coñac

• mermelada de albaricoque

• Azúcar

¿Y cómo se hace?

Pelamos y cortamos a gajos las manzanas y las ponemos en un recipiente con azúcar y coñac para que coja el sabor. Reservamos.


En el vaso batidor ponemos los huevos y el azúcar y mezclamos unos tres minutos, que es un truco para que quede bien esponjoso. Luego agregamos una manzana pequeña y trituramos.

Incorporamos el aceite y el yogurt y repetimos la operación. A continuación, añadimos la harina y la levadura y volvemos a mezclar.

Cuando la masa ya sea homogénea, la ponemos en un molde y clavamos los gajos de manzana de forma que se vean una vez suba el bizcocho. Reservamos el coñac donde hemos macerado la manzana y introducimos el molde en el horno 35-40 minutos a 180 grados.

Una vez cocinado, lo dejamos templar y pintamos el bizcocho con el coñac y con mermelada de albaricoque para darle más sabor.

Mmmmm....se me está haciendo la boca agua...

martes, 7 de septiembre de 2010

El bizcocho de plátano de mi Ali ñamñamñam

Hoy os dejo una receta de un bizcocho buenísimo que me ha mandado mi amiga Ali, que se la cogió prestada a una amiga estadounidense y desde entonces le sale para chuparse los dedos ñamñamñam


Necesitáis los siguientes ingredientes:

-300 ml. de azúcar.

-120 ml. de mantequilla.

- 2 huevos.

- 3-4 plátanos MUY maduros.

-120 ml. de leche con limón (poner unas gotas de limón en la leche unos minutos antes de usar).

- 5 ml. de aroma vainilla.

- 600 ml. de harina.

- 5 ml. de bicarbonato de soda.

- 5 ml. sal.

- dos puñados de nueces peladas.

(Cris: seguro que más de uno se estará haciendo la misma pregunta que me hice yo –y que le pregunté ipso facto a Ali- "¿no serán gr. en el caso de la harina y el azúcar?" La respuesta de Ali fue que la receta estaba en onzas y libras – a ver, se la dio una estadounidense…- y la tuvo que convertir con un conversor que encontró en Internet. Lo mejor es que lo hagáis con un vaso medidor, que así no hay problema. Ali lo hace así y todo el mundo repite con sus bizcochos jejejeje)

¿Y cómo se hace?

1- Precalentar el horno a 180º.

2- Mezclar en un bol el azúcar y la mantequilla.

3- Añadir los huevos.

4- Añadir plátanos y leche con limón.

5- BATIR todo.

6- Agregar la harina, el bicarbonato y la sal.

7- Mezclar bien.

8 -Añadir las nueces.

9 -Verter todo en el molde de horno.

10- Calentar una hora a 170º (más o menos, hasta que se pinche con un tenedor y salga limpio).


Bueno, pues ahí os la dejo, ya me diréis qué tal está.


¡¡Muchas gracias por la contribución, mi preciosa Ali!!

jueves, 2 de septiembre de 2010

Saladitos, napolitanas...¡¡no soy capaz de decidir cuáles me gustan más!!



¡¡Buenas a todos de nuevo!! Tras las vacaciones, aquí estamos de nuevo con más recetas que probar este otoño/invierno…¡¡y lo que queda de verano!!

Para empezar de nuevo, os dejamos una receta muy fácil de hacer y que lo mismo vale para salado que para dulce: saladitos o napolitanitas de chocolate.


SALADITOS

Para los saladitos necesitaremos los siguientes ingredientes:

- Una plancha grande de hojaldre cuadrado. Si sólo encontráis redonda, tendréis que hacerla cuadrada, bien cortando los bordes o bien amasándola de nuevo y haciendo la forma cuadrada con el rodillo.

- Una o dos yemas de huevo.

- Rellenos varios: yo suelo poner anchoas, queso, jamón york o pavo, jamón serrano en taquitos, paté, sobrasada, chistorra, salchichas, atún con tomate…como veis la selección es casi de lo que queráis. También se pueden hacer de verduras, tipo calabacines fritos, setas a la plancha, berenjena con tomate…


¿Y cómo se hacen?

Se extiende la masa de hojaldre sobre papel de horno.

(Truco: Quedan mejor cuando el hojaldre es refrigerado, con el hojaldre congelado a veces se rompe al cortarlos.)

Se empieza por el borde superior. Se deja aproximadamente un centímetro libre y luego se coloca una tira del relleno escogido yendo de izquierda a derecha. Se dobla la parte que hemos dejado libre sobre el relleno y se hace rodar para que se cierre. Nos tiene que quedar como un rulo relleno. Se corta y se vuelve a empezar. Se sigue así hasta que acabamos toda la plancha de hojaldre.

Precalentamos el horno a 180 º mientras seguimos con la receta.

(Importante: recordad lo que siempre os digo sobre los hornos: cada uno es un mundo. Hay que vigilar siempre la primera vez que se hacen las cosas para evitar que se nos quemen, las temperaturas y tiempos son meramente orientativos.)

Una vez tenemos hechos todos los rulos, hay que pintarlos con yema de huevo. Para ello, usamos la yema de huevo y un pincel de repostería (si no tenéis pincel, se puede hacer con el dedo, pero queda mejor distribuido con el pincel y se pueden comprar por menos de dos euros en los chinos, merece la pena la inversión).

Empezamos pintando la parte en la que se cierra el rulo y luego le damos la vuelta para pintar la parte cerrada. De esta manera, la parte de unión queda debajo y al hacerse es más difícil que se nos abran los saladitos en el horno.

Una vez pintados, se cortan los rulos en porciones pequeñas. Salen unas 6 por rulo, dependiendo del tamaño de la plancha de hojaldre que hayáis usado. No hace falta cortarlos del todo (además de que es difícil en algunos casos, como el de las anchoas o la chistorra), basta con que el corte sea suficiente para poderlos separar una vez hechos y fríos.

Se meten en el horno durante unos 10-15 minutos. Si veis al cabo de un rato que los saladitos se os están empezando a abrir, ponedles encima una bandeja de hormo o un molde vacío para que haga un poco de peso durante los siguientes minutos.

Cuando ya están doraditos por arriba, se sacan del horno. Se dejan enfriar y se separan.

Se colocan en una fuente y ¡¡a comer!!

(Advertencias y consejos varios sobre el relleno: la sobrasada suelta mucha grasa, así que conviene hacer estos saladitos separados de los demás, ya que si no acabarán todos impregnados de aceite y sabrán todos a sobrasada. Lo mismo pasa con el atún con tomate. Algo parecido ocurre con las anchoas, por lo que conviene quitarles muy bien el aceite con un papel de cocina antes de usarlas como relleno. El jamón o el pavo se puede usar en tacos o cortando tiras de lonchas. El paté queda bastante seco, así que conviene poner una buena cantidad. Si los hacéis de verduras, conviene escurrir también bastante bien el aceite. Si los hacéis de salchichas, intentad que no sean muy grandes o cortadlas por la mitad a lo largo para evitar que los saladitos queden demasiado inflados.)


NAPOLITANITAS DE CHOCOLATE

Para las napolitanitas de chocolate necesitaremos los siguientes ingredientes:

- Una plancha grande de hojaldre cuadrado. Si sólo encontráis redonda, tendréis que hacerla cuadrada, bien cortando los bordes o bien amasándola de nuevo y haciendo la forma cuadrada con el rodillo.

- Una o dos yemas de huevo.

- Chocolate especial para repostería (se puede hacer también con chocolate a la taza).

- Mermelada de melocotón.

- Chispitas de chocolate.


¿Y cómo se hacen?

Se hace el chocolate espeso y se deja enfriar (si lo echáis muy caliente se ablanda la masa de hojaldre y es muy difícil darle la vuelta sin que se rompa).

Se extiende la masa de hojaldre sobre papel de horno.

(Truco: Quedan mejor cuando el hojaldre es refrigerado, con el hojaldre congelado a veces se rompe al cortarlas.)

Se corta la masa en tres o cuatro partes, dependiendo de cómo sea de grande la plancha de hojaldre.

Se coloca una tira de chocolate en el centro de cada una de las partes. La cantidad de chocolate que pongáis, al igual que el sabor del mismo (blanco, negro, con leche), depende de cómo os gusten.

(Recordatorio: el chocolate, en particular el blanco, se quema con mirarlo, así que hay que tener mucho cuidado al hacerlo para que no se pegue ni se queme, que no es cuestión de que sepan todas las napolitanitas a quemado.)

Se doblan las partes sin chocolate hasta que cada parte nos quede como un rulo relleno.

Precalentamos el horno a 180 º mientras seguimos con la receta.

(Importante: recordad lo que siempre os digo sobre los hornos: cada uno es un mundo. Hay que vigilar siempre la primera vez que se hacen las cosas para evitar que se nos quemen, las temperaturas y tiempos son meramente orientativos.)

Una vez tenemos hechos los rulos, hay que pintarlos con yema de huevo. Para ello, usamos la yema de huevo y un pincel de repostería (si no tenéis pincel, se puede hacer con el dedo, pero queda mejor distribuido con el pincel y se pueden comprar por menos de dos euros en los chinos, merece la pena la inversión).

Empezamos pintando la parte en la que se cierra el rulo y luego le damos la vuelta para pintar la parte cerrada. De esta manera, la parte de unión queda debajo y al hacerse es más difícil que se nos abran las napolitanitas en el horno.

Una vez pintadas, se cortan los rulos en porciones pequeñas. Salen unas 6 por rulo, dependiendo del tamaño de la plancha de hojaldre que hayáis usado. No hace falta cortarlos del todo, basta con que el corte sea suficiente para poderlas separar una vez hechas y frías.

Se meten en el horno durante unos 10-15 minutos. Si veis al cabo de un rato que se os están empezando a abrir, ponedles encima una bandeja de hormo o un molde vacío para que haga un poco de peso durante los siguientes minutos.

Cuando ya están doraditas por arriba, se sacan del horno. Se dejan enfriar y se separan.

Se pintan de nuevo con la mermelada de melocotón, procurando que no queden pegotes. Se trata simplemente de que estén un poco pegajosas para que se peguen las chispitas de chocolate, no de que sepan a melocotón. Se rocían de chispitas de chocolate (o de virutas de colores).

Se colocan en una fuente y ¡¡ya tenemos postre o merienda!! Si las combináis con las palmeritas, podéis organizar una merendola estupenda.

jueves, 5 de agosto de 2010

A la rica rosquilla, para el niño y la niña



Bueno, después de dos semanas prometiendo esta receta y sin poder ponerla, aquí os la dejo por fin: las rosquillas a mi estilo.


1. Receta.

¿Qué ingredientes necesitamos?

- 2 huevos.

- 50 ml. de leche.

- 100 g. de azúcar.

- 1 dl. de aceite.

- 300 g. de harina.

- 1 sobre de levadura en polvo.

- Harina y azúcar para espolvorear.

- Aceite para freír.

- Zumo de limón.

Con estos ingredientes sale una fuente con rosquillas suficientes para que desayunen cuatro o cinco personas que no sean muy tragonas.

¿Y cómo se hacen?

En un cuenco, se mezclan los huevos con la leche, el azúcar, el aceite, la harina y la levadura. Se añade el zumo de limón y se amasa muy bien.

Hay que tener mucho cuidado al añadir el zumo de limón. Se añade poco a poco, removiendo cada vez, para que se mezcle bien.

La masa tiene que quedar un poco pegajosa, pero no excesivamente. Se os tiene que pegar a los dedos pero estar compacta, que si la cogéis con el tenedor con el que la estéis mezclando, no se caiga, no esté nada líquida.

Truco: si os habéis pasado con el zumo y os ha quedado muy clara, tan sólo hay que añadirle más harina. El único problema es que, cuanta más harina tengan, más secas quedarán, menos esponjosas, así que no hay que pasarse…

Una vez que ya tenemos la masa en su punto, nos enharinamos las manos y vamos cogiendo pequeños puñados de masa y los convertimos en palitos de masa que luego enrollamos dejando como un minidonut, con la forma tradicional de la rosquilla. Sobre como cerrarlo, cada uno a su estilo. Hay quien prefiere pegar los dos extremos, quien prefiere anudarlos, quien los monta uno sobre otro…las rosquillas tradicionales son pegando los dos extremos. Hay que pegarlos muy bien para evitar que luego se abran al freír las rosquillas (aunque es inevitable que alguna se abra, no hay que obsesionarse con eso…).

Una vez montadas todas las rosquillas, se echa aceite abundante en la sartén, se pone el fuego medio y se van friendo, dándoles la vuelta para que se hagan por todos lados y con mucho cuidado de que no se quemen. La vuelta hay que darla con dos cucharas o tenedores, para evitar que se rompa la masa y se nos destrocen las rosquillas.

De la sartén se pasan a un papel absorbente de cocina para retirar el aceite sobrante. Una vez escurridas, se pone azúcar en un plato y se rebozan bien las rosquillas por todos los lados de manera que el azúcar se quede bien impregnado.

Y, en cuanto se enfríen, ¡ya están listas para comer! (conozco a gente que se las come cuando aún están calientes porque no puede esperar, pero eso da bastante dolor de barriga, así que no lo recomiendo).


2. Historia.

Existen muchas historias sobre la invención de las rosquillas. Una de ellas sostiene que un capitán de mar danés llamado Hanson Gregory, durante una tormenta particularmente violenta, necesitó ambas manos para manejar el timón del barco y empaló una torta frita sobre el timón.

Las primeras recetas aparecen en la Edad Media, aunque parece que el origen de la formula de la masa de las rosquillas se remonta a tiempos del imperio romano, donde se encontraban más de cincuenta hornos de pan en la capital, que tenían la obligación de hacer una cantidad de pan diaria según ordenanzas de César; sin embargo, una vez terminada su labor fija, podían elaborar otros productos aprovechando el calor del horno, entre ellos empanadas y rosquillas.


3. Variaciones.

Las rosquillas más conocidas son las tontas y listas, junto con las francesas y las de santa Clara, todas ellas típicas de Madrid y que se acostumbra consumir en el periodo que oscila entre el primero de mayo y el final de las fiestas de san Isidro.

Aunque todas están hechas a partir de la misma receta, cada una de ellas difiere en su acabado final: las rosquillas tontas no llevan nada, no van bañadas, de ahí su nombre, tontas, indicando la simpleza de su masa; las listas van bañadas con un azúcar fondant (elaborado con un sirope de azúcar, zumo de limón y huevo batido) del color que se le quiera dar (es habitual el amarillo); las de Santa Clara van recubiertas con un merengue seco, originalmente blanco; y las francesas se acaban rebozándolas en granillo de almendra (azúcar glasé y almendras partidas).


4. Curiosidades.

En algunas épocas en las celebraciones de San Isidro existía una vendedora llamada Tía Javiera que procedía unos dicen que de Fuenlabrada, otros que de Villarejo de Salvanés, afamada por sus rosquillas. Tal era su fama que pronto los tenderetes vendían sus rosquillas afirmando ser familiares de la Tia Javiera. Esto hizo que se creara un sainete antiguo que rezaba:


“Pronto no habrá, ¡Cachipé!

en Madrid duque ni hortera

que con la tía Javiera

emparentado no esté”.


Tradicionalmente, en la zona de Reinosa (Cantabria, España), se conservaban las rosquillas en invierno en recipientes enterrados en la nieve de las montañas. Este postre también es típico de Santillana del Mar.

En Galicia las rosquillas se consumen en todas las romerías y fiestas populares, siendo las elaboradas en Puenteareas de las más conocidas.


5. Conservación.

Las rosquillas se ponen duras con facilidad si no se dejan en un recipiente tapadas. Aguantan unos cinco días. Si están sólo duras, pero no tienen manchas (es decir, no se han enmohecido), se pueden seguir consumiendo, simplemente mojándolas en leche, café o cacao, a gusto del consumidor.

jueves, 20 de mayo de 2010

Y hoy de postre, tarta de zanahorias con cobertura de queso mascarpone y lima

Hoy una receta monda y lironda, que esta semana ha sido muy liosa y liante y no he tenido tiempo para más. Ahora, eso sí, fácil, fácil y rica, rica. ¡¡Que la disfrutéis!!

INGREDIENTES:

a) Para la tarta:

• 225 gr. de harina.

• 1 sobre de levadura en polvo.

• 150 gr. de azúcar moreno.

• 50 gr. de nueces picadas.

• 100 gr. de zanahoria.

• Dos plátanos amarillos.

• Tres huevos.

• 150 ml. de aceite de girasol o 125 ml. de aceite de oliva.


b) Para la cobertura de mascarpone con lima:

• 250 gr. de queso mascarpone.

• Dos o tres cucharadas de postre de vainilla.

• Dos cucharadas soperas de azúcar glass.

• Zumo colado de dos limas.

• 25 gr. de nueces sin cáscara partidas en mitades.


PREPARACIÓN:

1. Precalentamos el horno a 180º.

2. Pelamos y rallamos la zanahoria, pelamos y partimos en trozos los plátanos y ponemos en un bol grande todos los ingredientes.

3. Lo mezclamos todo bien con la batidora.

4. Ponemos papel de horno en la base de un molde desmoldable para tartas y untamos los bordes de mantequilla para que no se pegue.

5. Vertemos la masa en el molde y horneamos durante 50-60 minutos, hasta que el bizcocho haya subido y tenga un color dorado (recordad que cada horno es un mundo, los tiempos son siempre estimativos).

6. Dejamos enfriar unos minutos y lo desmoldamos.

7. En un bol aparte echamos el queso mascarpone, la vainilla en polvo, el azúcar glass y el zumo colado de las limas y mezclamos bien con ayuda de una cuchara.

8. Cubrimos el bizcocho con la mezcla ayudándonos de una espátula o un cuchillo de hoja ancha, colocamos las nueces de decoración y guardamos en el frigorífico.

viernes, 7 de mayo de 2010

Palmeritas: de azúcar o chocolate, ¿cuál prefieres?



Bueno, bueno, esta semana hemos estado Montse y yo hasta arriba de trabajo y no hemos podido poner ninguna recetilla. Menos mal que mi amiga Sonsoles ha venido en nuestro rescate y nos ha mandado por correo la receta de las palmeritas...de azúcar o de chocolate, cada uno como prefiera.

Necesitamos los siguientes ingredientes:

- Azúcar: Glassé o normal (Sonsoles usó glassé)

- Masa de hojaldre: vale con masa de hojaldre fresca de la sección de refrigerados o puedes comprar la congelada (Cris: en ese caso recuerda que hay que sacarla del congelador al menos 30 minutos antes de empezar a manipularla y que hay que tratarla con más cuidado y enharinarla un poco, sobre todo por la parte que ha estado doblada durante la descongelación, que siempre se queda un poco más húmeda/pegajosa). También la puedes hacer tú, pero es bastante más trabajosa de hacer y para un postre de última hora o dulce rápido la comprada fresca siempre te saca del apuro. Eso sí, intentad comprar una que sea más bien cuadrada, porque Sonsoles compró una redonda y la tuvo que estar estirando con un rodillo para que quedara de forma rectangular.

¿Y cómo se hace?

Pones la masa con el papel que trae (papel de horno) encima de la encimera.

La espolvoreas con azucar toda la superficie. Pasas el rodillo (o botella, en su defecto) por encima para hacer que el azúcar quede bien impregnado con la masa.

Haces una pequeña marca a la mitad para guiarte y traes los dos laterales hacia el centro hasta la pequeña marca (te quedará como si fuera un tríptico cerrado)

Vuelves a repetir la operación: azúcar, pasar un poco el rodillo para que se pegue bien el azúcar y volver a traer los bordes hacia el centro.

Vuelves a espolvorear el azúcar y otra vez el rodillo y ya deberías llevar dos dobleces, por lo que tan solo te quedan dos partes de masa. Las juntas como cerrando un libro y vuelves a espolvorear de azucar por los dos lados y le frotas un poco ayudandote del papel. Para ver que pinta debe tener, pinchar en este enlace.

Haces cortes del grosor de un dedo y con la hoja del cuchillo aplastas un poco la pieza para que se quede más compacta.

Colócalas en la bandeja bien separadas para que no se te junten y las metes en el horno previamente precalentado. Se ponen a  200º de temperatura durante 10 minutos, las sacas, las das la vuelta y las metes otros 2-3 minutos.

¡¡Y listo!!
Si las quieres con chocolate, derrite algo más de media tableta previamente triturada en el microondas con una pizquita de leche o nata. Hay que vigilarlo bien porque se quema enseguida, a poco que esté lo sacas y remueves bien para que se mezcle todo. Vale igual chocolate blanco, que negro, que con leche, cada uno a su gusto.

Y ahora las hundes un poco en el chocolate y las sacas ayudándote con una cucharita. Las colocas en un plato por el lado que no tienen chocolate y las metes en la nevera para que se endurezcan.

¡¡Muchas gracias, Sonsoles, por la receta!! Por cierto, que lo próximo que tiene en mente Sonsoles es hacer donuts, así que esperamos con ansia la receta ñamñamñam


jueves, 22 de abril de 2010

Aunque ya no sea Semana Santa...¡¡qué ricas las torrijas!!

Para los que no seáis españoles, las torrijas son es un dulce típico de las celebraciones de Carnaval, Cuaresma y Semana Santa. En España se hacen sobre todo en Semana Santa.

1. Receta.

Esta receta se la debemos a mi amiga Inés (¡gracias, guapa!), que nos la ha enviado por correo. Este postre le sale fenomenal, así que seguro que con sus consejos conseguimos unas torrijas riquísimas.

INGREDIENTES

• 1 barra de pan de torrijas, que se puede encontrar en cualquier panadería y, en Semana Santa, al menos en España, en la mayoría de los supermercados. Truco de Cris: Si no tenéis pan de torrijas, se puede emplear pan normal de barra que se haya dejado dos días para que se ponga duro.

• 1 litro de leche.

• 1 rama de canela.

• 1 corteza de limón.

• 6 cucharadas soperas de azúcar.

• 2 ó 3 huevos.

• Aceite de oliva para freír (de 0,4 grados).

• Azúcar, leche condensada, miel… para endulzarlas después.

RECETA

1º. Se pone a hervir la leche en una olla bastante grande (si la olla es demasiado pequeña la leche de sale y se monta una en la cocina de morirse y entonces ya no se vuelve a cocinar más…jajaja). Además de leche, se pone en la olla una ramita de canela y una peladura de limón (si no se tiene, no pasa nada) y unas seis cucharadas soperas de azúcar (si os gusta mucho el dulce se puede poner una cucharada o dos más) y se espera a que hierva.

Consejo de Inés: hay que tener mucho cuidado con que la leche no se queme ni un poquito, porque entonces todas las torrijas tendrán un sabor malísimo a quemado.

2º. Se corta la barra de pan en rodajas de unos 3 o 4 cm. de grosor y se colocan en una fuente un poco honda (si se cortan muy finas, luego al freírlas se rompen).

3º. Se cubren las rodajas de pan con la leche hervida previamente. Esperar una hora aproximadamente para que se empapen bien (esto es muy importante, porque si no quedan secas). Quizá al principio parezca demasiada leche pero enseguida la absorbe el pan.

4º. Se reboza el pan con huevo (con ayuda de una cuchara y mucho cuidado) y se fríen en aceite bien caliente en una sartén honda. Hay que tener cuidado al darles la vuelta (con ayuda de una espumadera y una cuchara) para que no se rompan. Truco de Cris: un truco para que no se forme tanta espuma en la sartén es colocar dentro de la misma un clavo metálico (bien limpio, por supuesto, que no es cuestión de que las torrijas sepan a herrumbre).

5º. Se sacan cuando estén doradas y se colocan en una fuente. En la fuente hay que colocar previamente papel de cocina para que las torrijas escurran el aceite sobrante. Una vez bien escurridas, se pueden espolvorear con azúcar y canela o cubrir con almíbar o miel aclarada con agua.

2. Historia.

Como decíamos al principio de esta entrada, las torrijas son un postre típico de Semana Santa. Se comen, especialmente, durante el Viernes Santo. Su popularidad se debe a que estaban al alcance de las economías más modestas y se podían elaborar fácilmente en casa.

Su asociación a la Cuaresma se debe tal vez a la necesidad de aprovechamiento de pan, que, durante el tiempo en que no se podía comer carne, se consumía menos, a pesar de que las familias continuaban haciendo la misma cantidad. Además, al ser un plato que satura pronto, servía para evitar que se probase algún plato de carne, que estaba sujeto a abstinencia en la cuaresma. En España, hasta la prohibición de las fiestas de Carnaval por el régimen de Franco, eran típicas de las fiestas de carnaval.

Una explicación más poética de la estrecha vinculación entre las torrijas y la Semana Santa dice así:

"Las torrijas, al igual que la Semana Santa, representan la vida y muerte de Jesús. Según el rito católico, el pan es el cuerpo de Cristo, que muere en este tiempo, del mismo modo que la base de las torrijas es pan muerto. La leche, los huevos y la fritura -nos detalla- se entienden como los baños necesarios para que el cuerpo resucite y dicha fritura refleja el sufrimiento del Señor. Se produce la resurrección del pan muerto y de ahí la consideración de postre divino".

Sin embargo, a pesar de esta vinculación especial con la Semana Santa o Pascua católica, según algunos historiadores las torrijas se vienen haciendo desde los tiempos de la Antigua Roma. Todos los 12 de Abril (Pridie Idus Apriles) se celebraba la Cerealia, una fiesta que duraba varios días en honor a la Diosa Ceres (Deméter para los griegos) que conmemoraba la liberación de Proserpina (Perséfone) durante la temporada de primavera y verano.

El gastrónomo romano del siglo I d.C., Marcus Gavius Apicius, escribió sobre las torrijas en su libro "De re coquinaria": “(…) rompe siligenas (galletas de trigo), baña las en leche, tuesta las en aceite, riega las con miel y sirve las”.

En el "Libro de buenas menjares" ("Buch von guter spyse"), del siglo XIV, se menciona las torrijas (o "Arme Ritter") por primera vez por escrito, en la zona germanoparlante: "(…) snit denne aht snitten arme ritter und backe die in smalze nicht zu trüge" (el que sepa alemán que lo traduzca, que lo que es nosotras no tenemos ni idea).

La torrija o torreja aparece documentada en España ya en el siglo XV, citada por Juan del Encina: "(…) miel y muchos huevos para hazer torrejas". Al parecer se trataba de un plato indicado para la recuperación de parturientas que se empleaba con el propósito de bajarles la leche para amamantar. Las primeras recetas se remontan al "Libro de Cozina" de Domingo Hernández de Maceras (1607) y "Arte de cozina, pastelería, vizcochería y conservería" de Francisco Martínez Motiño (1611). La torrija era a comienzos de siglo XX muy habitual en las tabernas de Madrid y se servía con vasos de vino (chatos).

3. Variantes.

Se pueden bañar en almíbar, hecho con medio litro de agua, 125 g. de azúcar, una corteza de limón y dos vasos (de los de vino) de buen vino blanco. Se cuece el agua con el limón durante aproximadamente ocho minutos, se añade el vino y se cuece otros cinco minutos. Se aparta del fuego y, cuando está aún caliente, se baña con esto las torrijas.

Se pueden bañar también en un jarabe caliente hecho con medio litro de agua, 125 g de azúcar, una cucharada de miel y una cucharada de vino blanco dulce (tipo moscatel o Málaga). Este jarabe se prepara cociendo los ingredientes previamente. A medida que se sacan las torrijas de la sartén, se pasan al recipiente con el jarabe y después se pasan a otra bandeja.

Una variante que recibe en algunas regiones de España el nombre de "obispos" es aquella en la que se mojan las torrijas en vino en vez de en leche. Se pone en un cazo a reducir vino tinto con cáscara de limón, azúcar y canela y se mojan con ello las rebanadas de pan antes de freírlas.

Existe otra variante denominada "empanados de Queso". Se coloca una fina capa de queso fresco sobre unas rebanadas de pan blanco, que moja ligeramente en vino fino de Jerez y luego se reboza en huevo batido con leche, azúcar y corteza de limón rallado, friéndolas en aceite de oliva y apartándolas cuando están doradas. Por último, se rocían de azúcar molido.

En Jaén, según una receta de 1915, se elaboraba una variedad de torrijas que partiendo de pan bañado en leche se pasaban por una mezcla de yemas de huevo, azúcar, un poco de harina y zumo de naranja y luego se freían en aceite de oliva. Posteriormente se espolvoreaban con azúcar y canela. Mientras tanto se caramelizaban unos gajos de naranja con los que se adornaban las torrijas.

En Córdoba, según una receta de primeros del siglo XX, se mojaba el pan moreno en ron y se freían brevemente, se pasaban por huevo batido y se terminaban de freír para formar una costra, terminando con la inmersión de la torrija en hidromiel.

Una receta original de la sierra de Sevilla, en los alrededores de Cazalla de la Sierra, partiendo de pan sentado, se mojaba éste en leche y posteriormente en huevo batido para freírlo. Al sacar las rodajas se embadurnaban en abundante azúcar y se apartaban. Se apartaba el aceite del perol y los posos que habían quedado se mezclaban con leche, huevo batido y azúcar y se reducían a fuego lento. Una vez frío se le añadía aguardiente de guindas y con todo el conjunto se bañaban las torrijas.

Los donostiarras las hacen con crema pastelera.

Más recientemente se elaboran variedades vegetarianas que sustituyen la leche de vaca por jugo de soja y los huevos por harinas de garbanzo, soja u otras leguminosas.

4. Curiosidades.

Antiguamente, en casa de la gente más pudiente se servían en bandeja de plata y eran elaboradas con la mejor leche y el mejor azúcar, se pasaban por abundante huevo y se doraban en aceite. En los hogares más modestos, las torrijas se hacían sin huevo, se bañaban en almíbar y, en lugar de espolvorearlas con canela, se utilizaba azúcar. En las tabernas se solía sustituir por vino, se bañaban en huevo y se espolvoreaban con un polvillo de azúcar.

En otros países también se hacen postres parecidos a las torrijas españolas. Así, en Francia se prepara, con similares características, el "pain perdu" (pan perdido), si bien éste no se fríe en aceite sino a la plancha, conociéndose en Reino Unido y países de habla inglesa como "french toast".

En Colombia y Chile se llaman "tostadas francesas" y en México "pan francés", endulzados con jarabe de arce o con azúcar. En el norte de México se conoce como "torreja".

En Argentina y Uruguay existe un modo sencillo de elaborar torrijas humedeciendo con leche miga de pan común, dándole forma de bollo y pasando éste por yema de huevo batida. Posteriormente se fríen y se espolvorea cada bollo con azúcar.

En Alemania las torrijas se llaman "Arme Ritter" ("caballeros pobres") y no son más que una manera de aprovechar el pan sobrante. El origen del nombre es que en Alemania en el siglo XIV los caballeros empobrecieron tanto que el pan era el único alimento que podían pagar.

Los ingleses tienen un postre parecido al que llaman "Poor knights of Windsor". El origen del nombre es el mismo que el de los "caballeros pobres" alemanes.

Los Suizos las llaman "Fotzelschnitten" y los Austriacos y Bávaros "Pofesen" o "Pavesen".

En Portugal las torrijas tienen el nombre "Rabanadas" y son un típico dulce de Navidad que se come en la Noche Buena y durante las fiestas.