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sábado, 4 de octubre de 2014

Salmón en salsa de limón y naranja

Soy una enamorada del pescado en todas sus variantes, así que este otoño quiero volver al blog con una receta de pescado, igual que acabamos con otra de pescado en verano. En esta ocasión os traigo una receta muy rápida y sabrosa, sin ninguna complicación, pero con un sabor delicioso. ¿A que tiene buena pinta?






¿Qué necesitamos?   
  • 200 g. de salmón fresco (mejor que sea lomo o un trozo, no una rodaja, dado que lo vamos a cortar en dados. Además, conviene pedirle al pescadero que os quite la piel, que es muy pesada de quitar y en esta receta no la vamos a utilizar).
  • una naranja.
  • un limón.
  • una cucharada de azúcar(yo uso azúcar morena, porque no me gustan las cosas excesivamente dulces, pero cada uno debe ajustar esta cantidad para que la salsa le resulte agradable, ni muy ácida ni muy dulce).
  • una cucharadita de harina.
  • sal y pimienta al gusto.
  • una cucharadita de aceite de oliva virgen extra. 

(estos ingredientes son para una persona para un plato único)


¿Qué vamos a usar?

  • cuchillo.
  • tabla para cortar.
  • cazo.
  • sartén.
  • plancha de cocina.
  • cuchara de madera.
  • vitrocerámica.

¿Y cómo se hace? 

1. Primero lavamos muy bien el salmón, quitamos todas las posibles espinas y lo cortamos en dados del tamaño de un bocado.
2. Exprimimos la naranja y el limón.
3. En un cazo ponemos el zumo de ambas con el azúcar y lo calentamos a fuego lento removiendo hasta que el azúcar se disuelva y la salsa espese ligeramente. Retiramos del fuego y lo reservamos.
4. Salpimentamos los dados de salmón. Aquí cada uno que use la combinación de sal y pimienta que prefiera, depende de vuestros gustos.
5. En la plancha, untamos la cucharilla de aceite distribuyéndola uniformemente y hacemos los dados de salmón a fuego lento.
6. Mientras hacemos los dados de salmón, echamos la harina en una sartén a fuego lento y la tostamos ligeramente.  
7. Echamos el zumo del cazo en la sartén de la harina y dejamos que cueza durante uno o dos minutos, de manera que la salsa espese un poco más. 
8. Echamos los dados de salmón en la sartén en la que tenemos la salsa, con cuidado de que no se rompan, y les damos unas cuantas vueltas para que cojan un poco el sabor de la salsa.
9. Servimos bien caliente en el plato, acompañado de pan de pita o pan ácimo.


Cuando probéis este salmón ya no querréis comerlo de otra manera. ¡Está delicioso!

Si queréis darle otro toque, podéis añadirle azafrán o hierbabuena a la salsa. Cualquiera de los dos hará que el plato os sepa a nuevo. 

La salsa puede utilizarse también para pollo a la plancha o hecho al horno. En ese caso yo a lo mejor le quitaría la parte de la harina, para que no esté demasiado espesa.

Una variación de la salsa es utilizar lima en vez de limón. En ese caso, si no os gustan las cosas demasiado ácidas, debéis utilizar un poco más de azúcar.


¿Sabíais que... 

...el psiquiatra Joseph Hibbeln ha probado en sus estudios que aquellas sociedades que consumen más pescado rico en omega 3, como el salmón, son más pacíficas y tienen una menor tasa de depresión severa que aquellas en las que el consumo de este pescado es más escaso?
...estudios del MIT han demostrado que las docosahexaenoico (DHA) presentes en pescados grasos como el salmón favorecen las sinapsis neuronales y aumentan las capacidades cognitivas tras su consumo continuado durante tan sólo cuatro semanas?
...el diseñador americano Issac Mizrahi ha creado un vestido hecho con piel de salmón, lo que se ha denominado cuero de salmón?
...las naranjas son simbólicas en la película "El Padrino", ocurriendo una muerte importante cada vez que éstas aparecen en escena?
...los carnavales de Ivrea (Italia) se celebran con una batalla de naranjas entre nueve equipos en carros de caballos?
...para sacar todo el jugo a la naranja o el limón a la hora de exprimirlos hay que hacerlos rodar por una tabla de cocina apretando ligéramente con la mano?
...beber dos veces al día el zumo de medio limón exprimido en un vaso de agua templada ayuda a perder peso y a rejuvenecer la piel?
...dejar cinco minutos en remojo las uñas en zumo de limón recién exprimido elimina las manchas y las deja más blancas?

  
¡¡Que aproveche!!

domingo, 20 de abril de 2014

Variante de parmentier con setas

El parmentier normalmente va con puré de patata, pero en esta ocasión lo he hecho con la patata entera y especiada, lo que le da un toque diferente del tradicional a esta variante con setas. Mirad que buena pinta tiene, sobre todo si sois queseros como yo:
 

 
¿Qué necesitamos?   
 

  • 400 g. de setas (he usado de cardo, pero se pueden usar otras o incluso mezclas de varios tipos).
  • dos patatas medianas.
  • una cebolla morada.
  • medio vaso de vino blanco.
  • una buena cantidad de queso rallado (yo he usado una mezcla de cuatro quesos, pero podéis usar el que más os guste).
  • mezcla de especias al gusto (yo he puesto un pellizco de pimienta, media cucharadita de hierbas provenzales y un pellizco de sal). 
  • tres cucharadas de aceite(yo he usado aceite con sabor a ajo para darle aun más sabor).

(estos ingredientes dan para dos personas de plato único o para tres si lo acompañáis con una buena ensalada) 


¿Qué vamos a usar?
   

  • sartén.
  • cuchillo.
  • horno.
  • fuente para meter en el horno.


¿Y cómo se hace? 
 
 
1. Ponemos a precalentar el horno a 180º arriba y abajo sin aire.
2. Pelamos y cortamos las patatas en rodajas finas. Las lavamos bien y las colocamos en la fuente de horno lo más extendidas posible.
3. Sazonamos las patatas con la mezcla de especias y las regamos con dos cucharadas de aceite. Lo metemos al horno hasta que las patatas estén blandas (hay que irlas pinchando de vez en cuando para ver cuándo están listas, suelen tomar entre media hora y una hora, depende del horno).
4. Mientras las patatas están en el horno, cortamos finita la cebolla morada y en trozos pequeños las setas. 
5. Ponemos una cucharada de aceite en la sartén y freímos la cebolla morada hasta que esté blanda, a fuego medio-alto (en mi vitrocerámica, un número 7 de 12, para que os hagáis una idea). Cuando esté casi blanda, echamos las setas y subimos el fuego a vivo (yo lo pongo a 9 de 12). Removemos y dejamos que se vayan haciendo las setas hasta que se haya consumido el aguilla que sueltan.
6. Cuando las setas se quedan completamente secas (cuidado sobre todo al final, cuando les quede poco líquido, que si no se queman), echamos el vino blanco y bajamos el fuego a fuego suave (posición 4 de 12). Dejamos que se vaya cocinando removiendo de vez en cuando hasta que se vuelvan a quedar las setas secas.
7. Sacamos las patatas del horno y, con cuidado de que no se rompan, las pasamos a un plato y las reservamos.  
8. En la misma fuente de horno donde hemos hecho las patatas, colocamos las setas cuidando de que ocupen toda la superficie de la fuente. Encima vamos colocando las patatas de tal manera que tengamos dos capas, una de setas y otra de patata. Cubrimos todo con abundante queso rallado. 
9. Volvemos a meter la fuente en el horno durante diez minutos, hasta que el queso se haya derretido. Después ponemos a gratinar y lo dejamos otros cinco minutos. 
 
Y ya están listo nuestro parmentier para comer, ¡cuidado con la fuente de horno, que os podéis quemar los dedos!
 
Si no os gusta el queso, podéis hacer otras variantes, como echar bechamel con un poco de nuez moscada por encima o usar alguna salda como mayonesa o la tártara. En ese caso, se omiten los cinco minutos de gratinado. 


¿Sabíais que... 

 
...la palabra hongo deriva del latín "fungus", que a su vez viene de "funus" y "ago", que significan "portador de muerte"?
...las setas son el órgano reproductor del hongo?
...en España existen aproximadamente unos cinco mil tipos de setas, de las que sólo se consideran comestibles alrededor de un centenar?
...el queso era considerado un regalo de los dioses en la antigua Grecia y que se ha encontrado restos de queso en tumbas egipcias con más de cuatro mil años de antigüedad?
...el queso más caro del mundo se llama Pule, es un queso serbio que procede de la leche de una raza de burro de los Balcanes y que puede alcanzar en el mercado los los mil euros por kilo?
 
  
¡¡Que aproveche!!
 
 
 

jueves, 9 de agosto de 2012

Tortitas de calabacín con salsa de yogur para acompañar, para empezar a comer y no parar


 
Como he prometido por ahí por el Facebook, la receta de esta semana es bien ligera y apetitosa, ideal para estas noches de verano: tortitas de calabacín con salsa de yogur.



 


1. Receta.

Los ingredientes que necesitamos para dos personas con mucha hambre o tres de hambre normal son:

- 2 calabacines grandes.

- 1 huevo.

- 70 g. de harina.

- 30 g. de queso rallado (Nota: dependiendo del queso que uséis, el sabor será más o menos fuerte, cada uno que le añada el que más se ajuste a su gusto).

- 1 cucharadita de postre de levadura.

- Aceite de oliva virgen extra.

- Sal

Además, para la salsa necesitaremos:

- 2 yogures griegos.

- mostaza antigua al gusto (Nota: dependerá de cómo de suave o fuerte os guste la salsa. Yo suelo echarle el equivalente a dos cucharadas soperas).

- hierbas al gusto (Nota: yo suelo echarle tomillo, romero, orégano y albahaca, pero se pueden cambiar por otras que os agrade el sabor, es cuestión de probar distintas combinaciones hasta que deis con la ideal para vosotros).

Con estas cantidades sale bastante salsa, yo lo que suelo hacer es utilizar la que me sobra para al día siguiente hacer una ensalada de arroz con salsa de yogur, buenísima y muy fresquita para estas fechas de calor.


¿Y cómo se hace?

Lavamos bien los calabacines y los rallamos sobre un escurridor grande. Le echamos dos pellizcos de sal y los dejamos unos 20 minutos para que suelten el agua.

Mientras esperamos a que el calabacín rallado escurra el agua, podemos ir preparando la salsa de yogur. Tan sólo hay que mezclar bien todos los ingredientes en un bol con ayuda de una cuchara. Guardarla en la nevera hasta el momento de servirla.

En un bol grande batimos el huevo. Pasados los 20 minutos, aplastamos bien los calabacines rallados con las manos para que acaben de soltar toda el agua, los incorporamos al huevo y mezclamos .

En un bol aparte, mezclamos la levadura con la harina. Incorporamos la mezcla al bol con el calabacín y el huevo y mezclamos.

Incorporamos el queso rallado  y mezclamos.

Ponemos una sartén o plancha con un poco de aceite a fuego medio. Con una cuchara grande, cogemos la masa y vamos formando tortitas en la sartén ayudándonos de una espumadera para aplastarlas y de la propia cuchara para darles la forma redondita.. También se puede hacer con moldes de emplatar.

Dejamos que cojan consistencia y les damos la vuelta a las tortitas con una espumadera con cuidado de no romperlas.

Una vez doradas por ambos lados retiramos y dejamos sobre papel de cocina para que acabe de soltar el aceite que hayan podido coger.

Las servimos calientes con la salsa de yogur bien fría.


2. Historia.

No se sabe con seguridad si el calabacín proviene de Asia meridional o de América central. 

Existen pruebas de que ya era consumido por los egipcios y, más tarde, por griegos y romanos.

Los árabes extendieron su cultivo a las zonas mediterráneas, donde se convirtió en un alimento de consumo habitual en la Edad Media.

En las zonas del norte de Europa su consumo fue más tardío y no tuvo lugar hasta la II Guerra Mundial.

3. Curiosidades.

Además del fruto de la planta del calabacín, también se pueden consumir sus flores. Éstas pueden presentarse como acompañamiento de otros platos o constituir un plato por sí mismas. Se pueden preparar de formas muy diversas: cocidas, asadas, fritas o incluso rellenas.

A la hora de guardarlos en la nevera hay que procurar no colocarlos cerca de melocotones o melones, ya que podría propiciar la aparición de sabores amargos.

4. Propiedades.

El calabacín es un alimento de bajo aporte calórico, idóneo para incluir en la dieta de personas con exceso de peso.

En relación con su contenido vitamínico, destaca la presencia discreta de folatos, seguido de la vitamina C. También contiene vitaminas del grupo B como B1, B2 y B6, pero en menores cantidades. Los folatos intervienen en la producción de glóbulos rojos y blancos, en la síntesis del material genético y en la formación de anticuerpos del sistema inmunológico. La vitamina C tiene una acción antioxidante, interviene en la formación de colágeno, huesos, dientes y glóbulos rojos, además de favorecer la absorción del hierro de los alimentos y aumentar la resistencia frente a las infecciones.

En cuanto a su contenido en minerales, el calabacín es una buena fuente de potasio, además de presentar pequeñas cantidades de magnesio, fósforo y hierro. El potasio es un mineral necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y para la actividad muscular normal. Además, actúa en el equilibrio acuoso dentro y fuera de la célula. El magnesio juega un papel importante en la formación de huesos y dientes, se relaciona con el funcionamiento del intestino, nervios y músculos, mejora la inmunidad y posee un suave efecto laxante.

El calabacín es una hortaliza que posee propiedades emolientes (suavizantes) sobre el aparato digestivo gracias a su contenido en mucílagos, un tipo de fibra que suaviza y desinflama las mucosas del aparato digestivo. Esta propiedad, unida al hecho de que resulta fácil de digerir y con un suave efecto laxante, le convierte en un alimento cuyo consumo se aconseja especialmente a aquellas personas con estómago delicado o problemas digestivos como gastritis o estreñimiento.

Son beneficiosos en caso de hipertensión, hiperuricemia y gota, cálculos renales, en caso de retención de líquidos u oliguria (producción escasa de orina).

Su contenido de fibra le confiere propiedades laxantes. La fibra previene o mejora el estreñimiento, contribuye a reducir las tasas de colesterol en sangre y al buen control de la glucemia (niveles de azúcar en sangre) en las personas que tienen diabetes.

Por último, también, resulta muy recomendable en el caso de mujeres embarazadas. Dos calabacines de tamaño medio aportan una octava parte del ácido fólico que precisan al día a fin de prevenir importantes malformaciones en el feto.


5. Variedades.

Los calabacines pueden clasificarse en varios grupos en función de su color:

1. Calabacín tipo oscuro.
 
Su color es verde o negro y su forma cilíndrica. Incluye diferentes clases de calabacín:

a) Sofía: de color verde medio.

b) Samara: de color negro brillante.

2. Calabacín tipo claro.

Los frutos son de color gris o gris verdoso. Dentro de esta variedad también existen distintos tipos:
 
a) Grison: variedad de calabacín verde claro con puntos grises.

b) Clarita: variedad de color verde muy claro.


6. Conservación.

Estas tortitas aguantan tres días en el frigorífico, listas para simplemente calentarlas en el micro o el horno.

La salsa de yogur no recomiendo conservarla más allá del día siguiente al que la hagáis y siempre en la nevera.



viernes, 5 de noviembre de 2010

¿Cuántas albóndigas puedes comerte? ¡¡Seguro que muchas!!




Hoy vamos a hacer un plato fácil, fácil y rico, rico: albóndigas.

Para el acompañamiento, dos salsas posibles: con tomate y albahaca y con nata y champiñones.


1. Receta.

Notas previas:

1. La masa para las albóndigas debe prepararse un día antes de hacerlas, tenedlo en cuenta. Precisamente por eso, yo las hago en fin de semana y aprovecho para hacer ese mismo fin de semana las tradicionales croquetas, dado que son otro plato cuya masa hay que preparar el día antes.

2. Teniendo en cuenta que ambas recetas son un poco pesadas de preparar y que se congelan estupendamente, yo aprovecho y hago una buena cantidad para tener para varias veces.


Para que os salgan unas 40-50 albóndigas, los ingredientes serían:

- 1 kg. de carne picada (Truco de Cris: para que la carne picada esté más tierna, podéis pedir en la carnicería que os la pasen dos veces por la máquina. Yo suelo pedir además que le quiten la grasa antes de pasarla por la máquina. A veces te cobran un poco más por eso, pero merece la pena).

- 2 huevos.

- 2 dientes de ajo.

- Harina.

- Aceite de oliva abundante.


Para la salsa de tomate y albahaca, los ingredientes serían, obviamente, tomate y albahaca al gusto. Yo le añado también cebolla muy picadita.

Para la salsa de nata y champiñones, por cada 20 albóndigas, los ingredientes serían:

- 1 brick pequeño de nata. Yo suelo usarla desnatada, para que engorde menos.

- 200 g. de champiñones.

- 1 cebolla de tamaño medio.

- aceite de oliva.


¿Y cómo se hace?


Primero vamos a hacer las albóndigas.

Se pica muy finito el ajo y se mezcla con la carne picada. Luego se echan los huevos crudos y se mezcla todo muy bien con ayuda de las manos o de un tenedor.

Se mete en la nevera y se deja reposar hasta el día siguiente (Cris: Es cierto que se pueden hacer las albóndigas nada más mezclar la masa, pero eso tiene dos problemas fundamentales. El primero es que el huevo no se ha mezclado bien con la carne y se puede hacer cuando estéis friendo las albóndigas. El segundo es que la masa de carne no tiene tiempo de coger el sabor del ajo y la textura suave que le da el huevo,m así que luego no saben igual).

Al día siguiente sacamos la masa de carne del frigorífico y vamos haciendo bolitas más o menos pequeñas (Truco de Cris: para que me queden todas las bolitas más o menos del mismo tamaño, yo utilizo una de esas cucharas redondas que se usan normalmente para hacer té cuando lo tienes en hojas, una como ésta. Así quedan todas las albóndigas más o menos iguales y con la misma cantidad de carne).

Una vez que tenemos hechas las bolitas, las rebozamos en harina.

En una sartén u olla grande, ponemos bastante aceite a fuego medio y freímos las albóndigas, moviéndolas frecuente para evitar que se quemen por alguno de los lados.

Si las vais a congelar, hay dos momentos para hacerlo. Uno de ellos es éste: cuando las albóndigas están doraditas y hechas al menos por fuera, aunque no lleven mucho tiempo en el fuego. Se sacan, se dejan enfriar y se congelan en paquetes de las que vayáis a comer cada vez. Otro momento para congelarlas es una vez que ya se han acabado de hacer y se les ha añadido la salsa elegida. OJO: esto sólo se puede hacer con la salsa de tomate. La salsa de nata no se puede congelar. Igual que en el caso anterior, se retiran del fuego, se dejan enfriar y se congelan en paquetes de las raciones que vayáis a comer.

Una vez que están las albóndigas doraditas y hechas por fuera, se añade la salsa que hayamos preparado y se fríe todo junto durante unos cinco minutos más, ya a fuego lento, para que se vayan impregnando del sabor de la salsa.

Para hacer la salsa de tomate y albahaca, se pica muy finita la cebolla y se dora en una sartén o cazuela. Una vez dorada la cebolla, se añade el tomate frito y la albahaca al gusto.

Para hacer la salsa de nata y champiñones, primero limpiamos muy bien los champiñones para quitarles toda la tierra. Una vez limpios, se les quita el tronco y se pica en trozos de tamaño medio el capuchón (Cris: no hagáis los trozos muy pequeños, recordad que el champiñón, al igual que la seta, encoge al freirlo, porque suelta todo el agua). Los troncos no los usaremos en esta receta, porque se quedan mucho más duros que el resto del champiñón y saben menos (Truco de Cris: aunque no los vayamos a usar en esta receta, podemos aprovecharlos para otros platos. Una opción es utilizarlos para hacer patatas guisadas con champiñones y huevo escalfado, ya que al tener mucho tiempo de cocción, los troncos de champiñón quedan muy blanditos y le dan un sabor muy rico a las patatas guisadas).

Se pica la cebolla muy finita. Se pone un poco de aceite en una cazuela y se dora la cebolla (Cris: es mejor usar cazuela que sartén, ya que si no al remover se os va a salir la nata). Una vez dorada la cebolla, se añaden los champiñones bien picados y se fríen a fuego medio hasta que estén tiernos. En ese momento se añade la nata y se va removiendo hasta que quede la salsa con un color dorado y la nata haya espesado un poco (Cris: no la dejéis espesar demasiado, porque si no se convierte en un engrudo incomestible, vale con que se espese un poco).

Una vez bien mezcladas las albóndigas con la salsa elegida y sofritas un rato juntas, sólo hay que coger un buen trozo de pan y llevarlas a la mesa para poder disfrutar de ellas.


2. Historia.

La palabra albóndiga es término procedente del árabe al-bunduqa, que significaba “la bola”. Fueron también los árabes los que introdujeron en España este plato.

El historiador granadino Luis del Mármol documenta el término en su Descripción general de África (1573): "Venden fideos, almojábanas y albóndigas hechas de carne picada con especias y fritas en aceite".


3. Variantes.

En Brasil, las albóndigas se llaman almôndegas y se sirven generalmente con espagueti, al igual que en Estados Unidos. Son por regla general de muy gran tamaño.

En Chile son bolas de carne picada con pan rallado, huevo y perejil que se cuecen en un caldo de carne al que luego se le agrega arroz y se sirve caliente. También se sirve en una sopa llamada Cazuela de Albóndigas.

En México se preparan alternativamente con carne picada de vaca o cerdo, con relleno de huevo cocido y generalmente se cocinan con caldo de jitomate y varios tipos de pimientos picantes (chiles) y se acompañan de arroz cocido y frijoles. Se come con tortillas de masa de maíz nixtamalizado (curado con cal).

En Bolivia se comen con salsa de aji, fideos o arroz y dos patatas cocidas.

En Republica Dominicana se preparan con pan rallado, especias y vegetales.

En China las albóndigas se hacen de cerdo y generalmente se cuecen al vapor, se hierven, se comen crudas o con adición de salsa de soja. Pueden tener un tamaño que va desde 5 centímetros de diámetro hasta 10 centímetros. Las albóndigas cocidas al vapor planas se denominan cabeza del león. Las variedades más pequeñas se utilizan en sopas.

En Filipinas, las albóndigas frecuentemente se sirven en una sopa con bijon (una especie de noodles o fideos), ajo tostado, calabaza y chicharrones. Las albóndigas se llaman mga bola-bola en los idiomas locales.

En Indonesia, a las albóndigas se llama bakso y se sirven generalmente en un tazón junto con una sopa, con los tallarines, con queso de soja, huevos, siomay o carne frita.

En Japón se emplean como un filete de hamburguesa cuyos ingredientes son muy similares al hanbāgu.

En Albania existen albóndigas fritas (Qofte të fërguara) que incluyen queso feta.

En Alemania se llaman Hackbällchen. También son típicos los Frikadelle, cuyo nombre proviene de frittella en italiano, que significa frito. Consiste en carne picada de ternera o cerdo que se fríe en forma de bolas aplastadas.

En Rusia, la albóndiga vino de la cocina alemana, cambiándole el nombre solamente en su terminación, frikadelki para hacerlo sonar más nativo.

Las albóndigas de Finlandia (lihapullat) se hacen con una mezcla de la carne picada de cerdo con las migajas de pan empapadas en leche y cebollas cortadas en trozos pequeños. Se sazonan con pimienta blanca y sal. Las albóndigas se sirven tradicionalmente con salsa, patatas hervidas, mermelada de arándanos rojos y, a veces, pepinillos en vinagre.

En Grecia, las albóndigas fritas se llaman keftedes e incluyen generalmente en su interior una mezcla de cebollas y de hojas de menta. Las albóndigas guisadas se llaman yuvarlakia.

En Bulgaria, las albóndigas se llaman kyufte y se hacen generalmente con una mezcla de carne de vaca y de cerdo con migajas de pan y cebollas rebanadas. Existen muchas otras variantes que incluyen diversas clases de carne y otros ingredientes.

En Italia, las albóndigas se conocen como polpette y se comen generalmente como segundo plato o en una sopa.

En Noruega, las albóndigas se llaman kjøttkaker (literalmente, carne apelmazada) y se asemejan al frikadeller danés. Este plato se sirve tradicionalmente con patata hervida, salsa, mermelada de arándanos rojos o sopa de guisantes. A veces se añade una cebolla frita caramelizada de acompañamiento.

Los chiftele y los pârjoale de Rumania se fríen y se hacen generalmente con cerdo o con carne de aves de corral, pan humedecido y ajo. El chiftele es más pequeño y con más carne. Una variante cruda, con la albóndiga aplastada, se utiliza para la elaboración de la sopa amarga, llamada ciorbă de perişoare.

En Suecia existen las köttbullar (literalmente, bollos de carne). Se elaboran con carne picada o una mezcla de la carne picada mezclada con las migajas de pan empapadas en leche y cebollas cortadas en trozos pequeños. Se sazonan con pimienta blanca o pimienta inglesa y sal. Las albóndigas suecas se sirven tradicionalmente bañadas con salsa espesa de carne, patatas hervidas, dulce de arándanos rojos y, ocasionalmente, pepinillos en vinagre.

En Países Bajos, las albóndigas se denominan gehaktbal y se sirve a menudo con patatas y otros ingredientes hervidos.

En Turquía hay más de 80 tipos diferentes de albóndigas (köfte), tienen muchas variantes regionales.

En el Reino Unido, se llaman meatball. Las faggots son un tipo de albóndiga hecha de trocitos de hígado y corazón de cerdo, embutidos en una membrana de tripa.


4. Curiosidades.

Las albóndigas suecas se sirven en las cafeterías de IKEA alrededor del mundo, como plato típico sueco, aunque en realidad se trata de un plato de origen árabe, como hemos dicho antes.


5. Conservación.

Si os sobra un poco, podéis guardarlas máximo dos días en la nevera y calentarlas en el microondas o en un cazo antes de tomarlas.

Es un plato que se puede congelar muy fácilmente, ya sea acabado o simplemente fritas las albóndigas y sin añadirles ninguna salsa, por lo que es ideal para hacer una buena tanda y tener siempre congeladas y dispuestas para un día que no os apetece cocinar o que os viene gente de repente a casa sin avisar.

jueves, 5 de agosto de 2010

A la rica rosquilla, para el niño y la niña



Bueno, después de dos semanas prometiendo esta receta y sin poder ponerla, aquí os la dejo por fin: las rosquillas a mi estilo.


1. Receta.

¿Qué ingredientes necesitamos?

- 2 huevos.

- 50 ml. de leche.

- 100 g. de azúcar.

- 1 dl. de aceite.

- 300 g. de harina.

- 1 sobre de levadura en polvo.

- Harina y azúcar para espolvorear.

- Aceite para freír.

- Zumo de limón.

Con estos ingredientes sale una fuente con rosquillas suficientes para que desayunen cuatro o cinco personas que no sean muy tragonas.

¿Y cómo se hacen?

En un cuenco, se mezclan los huevos con la leche, el azúcar, el aceite, la harina y la levadura. Se añade el zumo de limón y se amasa muy bien.

Hay que tener mucho cuidado al añadir el zumo de limón. Se añade poco a poco, removiendo cada vez, para que se mezcle bien.

La masa tiene que quedar un poco pegajosa, pero no excesivamente. Se os tiene que pegar a los dedos pero estar compacta, que si la cogéis con el tenedor con el que la estéis mezclando, no se caiga, no esté nada líquida.

Truco: si os habéis pasado con el zumo y os ha quedado muy clara, tan sólo hay que añadirle más harina. El único problema es que, cuanta más harina tengan, más secas quedarán, menos esponjosas, así que no hay que pasarse…

Una vez que ya tenemos la masa en su punto, nos enharinamos las manos y vamos cogiendo pequeños puñados de masa y los convertimos en palitos de masa que luego enrollamos dejando como un minidonut, con la forma tradicional de la rosquilla. Sobre como cerrarlo, cada uno a su estilo. Hay quien prefiere pegar los dos extremos, quien prefiere anudarlos, quien los monta uno sobre otro…las rosquillas tradicionales son pegando los dos extremos. Hay que pegarlos muy bien para evitar que luego se abran al freír las rosquillas (aunque es inevitable que alguna se abra, no hay que obsesionarse con eso…).

Una vez montadas todas las rosquillas, se echa aceite abundante en la sartén, se pone el fuego medio y se van friendo, dándoles la vuelta para que se hagan por todos lados y con mucho cuidado de que no se quemen. La vuelta hay que darla con dos cucharas o tenedores, para evitar que se rompa la masa y se nos destrocen las rosquillas.

De la sartén se pasan a un papel absorbente de cocina para retirar el aceite sobrante. Una vez escurridas, se pone azúcar en un plato y se rebozan bien las rosquillas por todos los lados de manera que el azúcar se quede bien impregnado.

Y, en cuanto se enfríen, ¡ya están listas para comer! (conozco a gente que se las come cuando aún están calientes porque no puede esperar, pero eso da bastante dolor de barriga, así que no lo recomiendo).


2. Historia.

Existen muchas historias sobre la invención de las rosquillas. Una de ellas sostiene que un capitán de mar danés llamado Hanson Gregory, durante una tormenta particularmente violenta, necesitó ambas manos para manejar el timón del barco y empaló una torta frita sobre el timón.

Las primeras recetas aparecen en la Edad Media, aunque parece que el origen de la formula de la masa de las rosquillas se remonta a tiempos del imperio romano, donde se encontraban más de cincuenta hornos de pan en la capital, que tenían la obligación de hacer una cantidad de pan diaria según ordenanzas de César; sin embargo, una vez terminada su labor fija, podían elaborar otros productos aprovechando el calor del horno, entre ellos empanadas y rosquillas.


3. Variaciones.

Las rosquillas más conocidas son las tontas y listas, junto con las francesas y las de santa Clara, todas ellas típicas de Madrid y que se acostumbra consumir en el periodo que oscila entre el primero de mayo y el final de las fiestas de san Isidro.

Aunque todas están hechas a partir de la misma receta, cada una de ellas difiere en su acabado final: las rosquillas tontas no llevan nada, no van bañadas, de ahí su nombre, tontas, indicando la simpleza de su masa; las listas van bañadas con un azúcar fondant (elaborado con un sirope de azúcar, zumo de limón y huevo batido) del color que se le quiera dar (es habitual el amarillo); las de Santa Clara van recubiertas con un merengue seco, originalmente blanco; y las francesas se acaban rebozándolas en granillo de almendra (azúcar glasé y almendras partidas).


4. Curiosidades.

En algunas épocas en las celebraciones de San Isidro existía una vendedora llamada Tía Javiera que procedía unos dicen que de Fuenlabrada, otros que de Villarejo de Salvanés, afamada por sus rosquillas. Tal era su fama que pronto los tenderetes vendían sus rosquillas afirmando ser familiares de la Tia Javiera. Esto hizo que se creara un sainete antiguo que rezaba:


“Pronto no habrá, ¡Cachipé!

en Madrid duque ni hortera

que con la tía Javiera

emparentado no esté”.


Tradicionalmente, en la zona de Reinosa (Cantabria, España), se conservaban las rosquillas en invierno en recipientes enterrados en la nieve de las montañas. Este postre también es típico de Santillana del Mar.

En Galicia las rosquillas se consumen en todas las romerías y fiestas populares, siendo las elaboradas en Puenteareas de las más conocidas.


5. Conservación.

Las rosquillas se ponen duras con facilidad si no se dejan en un recipiente tapadas. Aguantan unos cinco días. Si están sólo duras, pero no tienen manchas (es decir, no se han enmohecido), se pueden seguir consumiendo, simplemente mojándolas en leche, café o cacao, a gusto del consumidor.